Certaines actions sont de l'ordre de la justice. Elles ont la réciprocité pour règle et prennent appui sur des principes d'équivalence permettant de fonder l'équilibre des relations et des échanges ou de dénoncer ce qui est contraire. Mais le sens de la justice n'est pas sans cesse en alerte et les gens ne passent pas leur temps à se demander ce qu'ils se doivent les uns aux autres. Il existe des actions d'un autre genre dont on dit qu'elles relèvent de l'amour. Elles se manifestent par la gratuité, le renoncement au calcul et, par conséquent, la mise à l'écart de l'équivalence devenue inutile. De ces différents modes d'action, mais aussi de la violence qui réduit la relation à un affrontement entre des forces, les gens sont tous capables. Mais comment en sont-ils capables ?Et comment font-ils pour passer, parfois soudainement, d'un mode à un autre ?Luc Boltanski examine la possibilité de traiter la justice et l'amour en tant que compétences et esquisse des modèles destinés à clarifier les capacités que les personnes mettent en œuvre lorsqu'elles réclament justice, donnent gratuitement, recourent à la force ou encore lorsqu'elles basculent d'un mode à un autre. Ces modèles, appliqués à l'analyse de litiges permettent de mieux comprendre le sentiment d'injustice et les manœuvres que les personnes entreprennent pour obtenir réparation.En effet les opérations que les acteurs d'un litige peuvent mettre en œuvre pour faire valoir leur cause doivent, pour être acceptables, tenir compte de contraintes, dont l'analyse permet de dégager des règles, que l'on peut décrire comme on décrit les règles d'une grammaire.Luc BoltanskiL'Amour et la Justice comme compétences.Trois essais de sociologie de l'actionParis, Métailié, 1990.Fonte(por sugestão de CR)
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L'Amour et la Justice comme compétences
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February 5 2011, 4:32am | Comments »
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El escalofrio
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2011/01/15/el-escalofrio/
Al terminar una conferencia en la ciudad argentina de Rosario del Tala (Entre Ríos) se me acercó una docente y me entregó un escrito redactado por un alumno de 12 años. Me contó que una profesora les había pedido a sus alumnos y alumnas que escribieran lo que sucedía en el trayecto que recorrían desde la casa a la escuela. Uno de los niños había presentado el ejercicio que, en ese momento, ella ponía en mis manos. Lo transcribo íntegramente eliminando cualquier referencia que permita identificar al alumno, al colegio y a la profesora: “Cuando salgo de mi casa voy muy bien hasta que llego a la calle (…). Cuando entro al Colegio y miro para fuera veo a la señora (…) venir en su moto 110. Me da un escalofrío y cuando termina la hora de ella es para todos un alivio”. El texto no puede ser más corto ni más elocuente. Todo hace pensar que el escalofrío del que habla el niño tiene que ver con el miedo y no con el entusiasmo. Las cosas van bien hasta que llega la hora de clase de esa docente. Y luego todo va mal hasta que termina. Por lo que escribe el alumno, eso sucede con todo el grupo al que pertenece. No es, por consiguiente, un mal rollo del autor del escrito. Es un problema que genera la actitud de la profesora. Me gustaría saber con qué ánimo acude la docente a sus clases. Si disfruta o padece su trabajo, si quiere a los niños y a las niñas o los aborrece. O quizás, si le son indiferentes. Me gustaría saber cómo termina ella su hora de clase. Es decir, si ese sentimiento de alivio que tienen sus alumnos es también para ella un sentimiento de liberación. Porque creo que las relaciones del aula se establecen en espejo. Los niños ven reflejada su imagen en el espejo del profesor y viceversa. Ambos devuelven la imagen proyectando lo que sienten, reflejando lo que viven. Ambos se retroalimentan. En esta historia me preocupan los alumnos y las alumnas. Y también la profesora. No creo que se sienta muy feliz. Y no hay nada más importante que serlo. ¿No sería mejor que pudiese disfrutar de su tarea? Pero hoy me quiero centrar en la actitud de esta docente que convierte sus clases en un calvario para los escolares. Lo que podía ser un fiesta se convierte por arte de su mala magia en una tortura. Lo que podría ser hermoso se convierte en horrible. Decía Winston Churchill: “Me encanta aprender, pero me horroriza que me enseñen”. Es probable que, preguntada por las reacciones de sus pupilos, ella argumente que son indeseables, que son malos estudiantes, personas de escasa capacidad y de nulo interés. Sin caer en la cuenta de que, quizás, ese mismo grupo sea un grupo aceptable o excelente para otros docentes que trabajan con ella en la misma escuela. Sé que hay alumnos y alumnas que hacen la vida imposible a sus compañeros y a sus profesores. Es muy fácil reventar una clase. Sé que hay alumnos y alumnas que acuden a la escuela forzados por la familia y por la ley. Lo oigo cada día. Y sé que no es fácil, para aquellos docentes esforzados que quieren enseñar, reducir esos aires desafiantes y provocadores. Sobre todo si los padres han arrojado la toalla o han dimitido de cualquier responsabilidad. El verbo aprender como el verbo amar no se pueden conjugar en imperativo. Sólo aprende el que quiere. Pero no es menos cierto que nosotros podemos hacer más cosas y, sobre todo, hacerlas mejor. La docente de nuestra historia está enfrentada a la enseñanza. Está enemistada con ella. Su presencia hace ingrata una tarea que, en sí misma, es placentera e, incluso, apasionante. El ser humano está diseñado para el aprendizaje. Los niños y las niñas gatean, exploran, preguntan, tienen una curiosidad innata. ¿Cómo es posible que cuando llega la hora de realizar aprendizajes sientan el escalofrío del miedo? ¿Cómo es posible que cuando termina una experiencia de aprendizaje sientan alivio? Algo falla cuando esto sucede. Y si sucediese en todas las clases no es aventurado deducir que los alumnos carecen de aquella disposición emocional para el aprendizaje que hace viables las adquisiciones relevantes y significativas. Pero si sólo sucede en una asignatura, si sólo sucede con una profesora, es obvio que ella arrastra un problema a sus clases, que su actitud está provocando un rechazo peligroso. No todas las clases pueden ser divertidas, chispeantes, motivadoras. Los niños y las niñas tienen que aprender que algunas serán más aburridas, más pesadas, menos emocionantes. Es entonces cuando tienen que echar mano de la voluntad, del esfuerzo complementario, del interés añadido. Pero es obligación del docente procurar que sus alumnos tengan interés por el aprendizaje, provocar con su actitud, con sus métodos, con su ejemplo y con sus palabras el deseo de aprender y de ayudar a que los demás aprendan. Cuando saco a colación un caso como este no es que quiera desprestigiar a los docentes, sacarles los colores o decir cuán inútiles son. No. Sé que la inmensa mayoría de los docentes son trabajadores esforzados y entusiastas. Lo que me interesa es instar a la pregunta, a la interrogación, a la preocupación por la mejora. Porque si no nos hacemos preguntas es imposible que busquemos y que encontremos respuestas. Dice Manuel Cruz en un excelente artículo titulado “Amar la duda”: “Al ignorante, por su condición de tal, todo debería sorprenderle y, sin embargo, nada parece venirle de nuevas”. Eso es. Cuando la rutina, la pereza, el desamor, el pesimismo, la comodidad o el desaliento matan la perplejidad, estamos condenados a repetir aquello que hacemos, aunque esté impregnado de evidentes y lamentables errores.
January 14 2011, 10:00pm | Comments »
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Si te comes un limón sin hacer muecas
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2011/01/08/si-te-comes-un-limon-sin-hacer-muecas/
Cada día me sorprendo más de la facilidad con la que los seres humanos nos dejamos guiar por supersticiones de todo tipo. Basta ver la televisión por la noche para comprobar la cantidad de adivinos, de echadores de cartas, de tarotistas, de magos y de videntes que pueblan la televisión a esas horas proclives a la seducción.. Lo que más me preocupa no es que haya todo este tipo de programas sino que haya espectadores que los siguen. Porque el círculo se cierra de una manera consistente: hay programas de ese tipo porque tienen audiencia y hay audiencis porque se proyectan este tipo de programas. La mejor manera de acabar con ellos es apagar la televisión. Solo hay una forma de romper ese círculo vicioso: tener personas mejor educadas. Las cartomantes (hay más mujeres que hombres, no sé por qué) viven de sus intuiciones gracias a la credulidad de las personas. Ganan dinero, esa el la clave. No se dedican a lo que se dedican por amor al conocimiento o por acendrado altruismo. Lo hacen porque viven de sus mentiras. No tienen toda la culpa ellas. La mayor parte de la responsabilidad está en quienes acuden, a veces a la desesperada, a pagar esas fraudulentas informaciones. No sé si habrá algún vidente honesto. Puede ser. Puede haber personas que se crean sus propias mentiras. También puede haber ingenuidad en el otro lado. Pero, en la mayoría de los casos, vender esos informes como si fueran ciencia, es de un cinismo descarado. De vez en cuando recibo en el móvil un mensaje de alguna vidente que me invita a utilizar sus servicios “profesionales”. En estos momentos de crisis se está incrementando este tipo de indignantes intromisiones. He aquí el último: “Estamos en año nuevo, mi videncia me habla de cambios importantes que deves (sic) saber para tomar la decisión. Llama y te ayudaré. Serás feliz”. ¿Cómo me puede hacer creer esta mujer que su “videncia” le ha ofrecido información sobre mi vida sin conocerme de nada? ¡Qué cara más dura! ¿Cómo se ha hecho con mi número de teléfono? ¿Por qué se toma la libertad de escribirme? La verdad es que siempre me dan ganar de contestar y decir cuatro cosas a la entrometida. Pero pienso que es entrar en su juego. Ellas mandarán miles de mensajes y algunos cientos de incautos se pondrán en contacto con estas embaucadoras. Este hecho me hace formular una pregunta que nunca he sabido responder: ¿cómo puede alguien fiarse de estos personajes y responder a la invitación?
¿Cuántos nexos causales se establecen sin rigor, sin exigencia intelectual alguna? Comemos las doce uvas en el filo de la Nochevieja con la esperanza de que esa costumbre, asegure la prosperidad y la felicidad. Pocas personas saben que esa costumbre tiene un origen puramente económica. En 1909 hubo una cosecha que produjo excedente de uvas. Y los cosecheros idearon la forma de solucionar el problema… ¿Hay alguna constancia de que se produzca la conexión doce uvas en las doce campanadas-felicidad en el nuevo año? Algunos futbolistas entran en el campo tocando el césped y haciendo dos o tres veces la señal de la cruz. ¿Han podido comprobar alguna vez que ese gesto les ayuda a marcar un gol o a ganar el partido? Algunos pasan el décimo de la lotería por no sé cuántas partes del cuerpo. ¿Tienen alguna constancia sobre el proceso atributivo que le asegura la suerte? Ya sé que no todo es lógica en la vida. Ya sé que hay sentimientos, emociones, intuiciones y creencias. Pero también hay ingenuidad, estupidez y manipulación. Hay personas que se benefician de la credulidad de otras. ¿Cuántas personas utilizan los servicios de videntes y echadores de cartas? Más complicado es engañarse uno a sí mismo. Y dar por buenas supersticiones a todas luces irracionales. La explicación a tanta credulidad la podemos encontrar en esa ilógica sospecha que se esconde en nuestros corazones. ¿Y si fuera verdad? He leído un estupendo libro de Sergi Pamiés que tiene por título el que figura en estas líneas. Tienes que esperar al último párrafo del libro para ver de dónde procede la idea. “He oído en la radio que si te comes un limón sin hacer muecas, todo lo que desees se cumplirá, pero me da miedo probarlo, hacer muecas y que ningún deseo se haga realidad”. Es el trasfondo de esta anécdota que no sé dónde leí hace tiempo. Niels Borg, premio Nobel de Física, fue visitado en su cada por dos periodistas. En un momento de la entrevista, uno de ellos preguntó: - ¿Usted cree que las herraduras colocadas en las puertas de las casas, ¿traen suertes a quienes habitan en ellas? -No, contestó el científico. No puedo creer en esas supersticiones desde mi condición de investigador. - Sin embargo, ¿usted tiene una herradura en la puerta de su casa?, inquirió uno de los periodistas. - Eso es otra cosa. Porque me han dicho que las herraduras en las puertas de las casas traen suerte incluso a quienes no creen en ello. De cualquier manera, como en tantos otros asuntos problemáticos, la solución a estas manipulaciones está en la educación. Creo que una de las finalidades de la educación es ayudar a que las personas dependan menos de supercherías y más de la lógica. Es lo que Paulo Freire definía como pasar de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. Las personas con mayor formación son menos dependientes de supersticiones.. Está claro: contra superchería, educación. A medida que la ciencia ha ido avanzando, han ido retrocediendo las supersticiones. Por eso considero tan importante la educación. Sin educación las personas son más fácilmente manipulables. Cuántas veces los hechiceros han engañado a los miembros de la tribu con explicaciones falsas e interesadas. Si esos ciudadanos y ciudadanas hubieran estado bien formados, les habrían mostrado con fuerza el dedo corazón.January 7 2011, 10:00pm | Comments »
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Todo es para bien
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/31/todo-es-para-bien/
Al despedir el año se acumulan los recuerdos, unos buenos y otros malos. Al saludar el año nuevo, se esperan experiencias gratificantes y se temen acontecimientos ingratos. Cuando miramos hacia atrás hacemos balance y cuando miramos hacia adelante forjamos proyectos. La Nochevieja es una frontera artificial con la que los humanos dividimos el tiempo, que es un continuum no fragmentable. La Nochevieja es una noche más en el incesante ritmo nictameral o circadiano, pero nosotros la hacemos especial porque en ella despedimos al año viejo y saludamos con alborozo al nuevo año. Es la Nochevieja una fiesta de sabor agridulce. Se va un año (adiós, 2010) y le damos la bienvenida al 2011, aturdidos por el vértigo del paso del tiempo y esperanzados por los sueños que volcamos en el porvenir. Hay que beber, cantar y gritar con júbilo porque estamos vivos. Hay que beber, cantar y gritar para no pensar que tenemos un año menos y que la vida se nos va. Ante lo bueno y malo que nos pasó y ante lo malo y lo bueno que vendrá se puede mantener una actitud positiva o una actitud negativa. ¿De qué depende? No tanto de la proporción de cosas buenas o malas, cuanto de la actitud que tenemos ante ellas. Porque experiencia no es lo que pasa sino lo que nos pasa. Y lo que nos pasa depende más de nosotros que de los acontecimientos externos. Permitidme despedir al 2010 y recibir al 2011 con una historia aleccionadora, como todas las historias. Tiene que ver con esto que estoy diciendo de la actitud. Un rey tiene noticias de que en un lugar apartado del reino vive un sabio que siempre interpreta la realidad desde una perspectiva optimista. Todos los acontecimientos pasan para él por un filtro de análisis que se resume en una sentencia: Todo es para bien. Desea conocer al sabio y lo cita en el palacio. El sabio acude a la cita del monarca. Después de una larga entrevista, el rey, entusiasmado con su filosofía, decide contratar sus servicios. El nuevo asesor se convierte casi de inmediato en el predilecto, concitando las envidias de sus compañeros. Un buen día sufre el rey una terrible caída por las escaleras imperiales. Se fractura un brazo que, inmediatamente, los doctores colocan en cabestrillo. Los asesores del rey piensan que, cuando el rey se encuentre con su sabio favorito y le cuente lo sucedido, el rey montará en cólera, indignado por el inevitable diagnóstico de que todo es para bien. Así sucede. Cuando el sabio se encuentra con el rey y ve el llamativo vendaje, le pregunta: - ¿Qué ha pasado, Majestad? - Me he caído, me he fracturado el brazo y tengo unos dolores insoportables. - Majestad, esté tranquilo, todo es para bien. El rey, irritado por los dolores y por una contestación que le parece estúpida y sádica, enfurece y ordena que inmediatamente el sabio sea encerrado en las mazmorras del palacio. Desesperado por el dolor, incapaz de ocuparse en nada, sale de palacio a caballo sin rumbo fijo. Cabalga durante mucho tiempo y, de pronto, se da cuenta de que se ha perdido. No encuentra a nadie a su paso para pedir información. Sigue cabalgando acuciado por los dolores y tratando de buscar el camino de palacio. En vano. Está completamente perdido. De pronto, es capturado por una tribu de antropófagos que decide matarlo y comerlo. Se dispone la ceremonia. En pleno ritual, el hechicero de la tribu llama la atención del jefe y de todos los asistentes. - Alto. No podemos seguir. El rehén tiene un brazo malo. Mirad esos vendajes. Si lo comemos podemos enfermar y morir. Hay que liberarlo inmediatamente y rogarle que se aleje de forma rápida. El rey pregunta por el emplazamiento del palacio. Y de inmediato parte buscando el camino. Mientras cabalga piensa que su asesor tenía razón. Gracias a que tenía el brazo roto, ha podido salvar la vida. Cuando llega a palacio, lo primero que hace es acudir a las mazmorras y ordenar la liberación del sabio. Cuando lo tiene en su presencia, le cuanta lo sucedido. Y concluye. - Tenías razón, una vez más. Ha sido para bien. Si no hubiera tenido el brazo roto me habrían matado y comido. Pero tienes que perdonarme, porque tú has estado encarcelado. Para ti no ha sido para bien. - No Majestad, contesta el sabio. También para mí ha sido para bien. Porque si no hubiera estado en la cárcel, hubiera salido de paseo, como de costumbre, con su Majestad, Nos hubiéramos perdido, nos habrían capturado los antropófagos y, como yo estoy sano, me hubieran comido, aunque su Majestad se hubiera librado. Ya sé que es casi insultante decir que algunas cosas que nos han pasado o que nos pasan se han producido para nuestro bien. La muerte de un familiar, la pérdida del empleo en plena crisis, una ruptura amorosa, la ruina económica, un diagnóstico fatal… ¿Cómo decir que todo ello tiene que ver con nuestro bien? No, no soy estúpido, Esas son desgracias. Pero, ante las desgracias, se puede reaccionar de forma diferente. Se puede uno hundir o puede fortalecerse. Ante el dolor puede alguien aniquilarse y otra persona puede crecer. Nunca desearé que haya corrupción, asesinatos, violaciones, pobreza, opresión… Nunca pediré que ocurran o que me ocurran desgracias. Pero cuando llegan no quiero resignarme, no quiero bajar los brazos, no quiero hundirme. Quiero reaccionar positivamente. Quiero luchar y recuperarme. Quiero buscar esa parte de estímulo que tiene la lucha y la fe en el ser humano. Quiero apoyarme en ese dolor para pensar que debo salir del atolladero. Para hacer lo posible por ser feliz, que es el mandato de la inteligencia. Será inevitable padecer desgracias, fracasos, errores y calamidades en el nuevo año. Pero ante ellas, podemos venirnos abajo o tratar de reaccionar con valentía. Hay un arte en la vida que permite convertir dos signos menos en un signo más. Feliz Nochevieja. Feliz Año Nuevo.
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December 30 2010, 10:00pm | Comments »
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Letanía de la Navidad
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/24/letania-de-la-navidad/
Las Navidades son fechas cargadas de significados religiosos para los creyentes. Y encierran también un poderoso caudal de referentes culturales para quienes no lo son.. Los recuerdos de la infancia que se avivan en los corazones, los villancicos que resuenan en los centros comerciales, en las calles y en las casas, las luces que adornan el centro de las ciudades, la añoranza de los seres queridos que ya no están, el cruce de felicitaciones, el intercambio de regalos…Si hay un adjetivo que se repite una y otra vez al lado de la fiesta de Navidad es “entrañable”. Pero esta impronta cultural funciona, a veces, como un cuchillo que hiere y hace sufrir. Hoy me quiero ocupar de quienes sufren en Navidad. Por paradójico que parezca, hay mucho sufrimiento en Navidad. Un sufrimiento que se esconde detrás de las luces, que se calla detrás de las canciones y que no se muestra en los escaparates. Voy a traer a estas a líneas una dolorosa letanía de personas afligidas, de personas que sufren no digo en Navidad sino por ser Navidad. Pienso en las personas que en el último año han perdido a un ser querido. Cuántas veces oímos expresiones como estas en estas fechas: “son las primeras Navidades sin…”, “es el primer año que falta…”, “hace sólo unas semanas que murió…”. Es el síndrome de la silla vacía en las cenas de Nochebuena y Nochevieja. Es el dolor de la ausencia. Pienso también en las personas que, en ese festín comercial, en ese derroche de cosas, en este frenesí de compras y ventas, no tienen para comprar a los hijos e hijas ni un abrigo, ni un juguete, ni un adorno, ni una figurita del Belén. Miran con ojos no sé si deslumbrados o entristecidos o rabiosos ese desfile de anuncios, de paquetes, de llamativos escaparates. Y, delante de ese desfile, ven un cartel con un texto contundente: “Nada es para ti”. O lo que es más doloroso: “Nada es para tus hijos”. Es probable que esta cruel realidad le haya sobrevenido a familias que han sido víctimas de esta crisis persistente. Antes podían tener cosas, pero ahora no. Y se preguntan por qué. Pienso en quienes se sienten agredidos por esa invasión de creencia a la que no pueden escapar. Cuando se coloca una frase en un autobús con el pensamiento “Probablemente Dios no existe”, algunos creyentes protestan irritados por la falta de respeto, por la agresión, por la persecución de sus ideas y valores. Pero los ateos no pueden abrir la boca para protestar por la invasión de villancicos, de campanas, de panderetas, de belenes, de figuritas y de mensajes papales… Pienso en todos y en todas las personas solitarias que no tienen con quien compartir una comida, un café, una conversación. En estas fechas se agudiza el sentido de la relación con los demás, se estrechan los lazos familiares, se multiplican las reuniones, se organizan comidas navideñas. Pero hay quien no tiene a nadie para mantener una conversación. Andan por las calles como perros vagabundos en medio de toda esta orgía de cosas y sentimientos. Pienso en todos aquellos y aquellas a quienes estas fiestas les hacen sentir incómodos, tristes, irritados, ya que desatienden ese mandato universal de felicidad que no pueden cumplir. Sienten que en las Navidades hay que ser felices por obligación y ellos o ellas no pueden obedecer ese invisible pero poderoso mandato.. Pienso en quienes están en situación de privación. Privación de libertad (presos en las cárceles), de salud (enfermos en los hospitales), de vivienda (mendigos que duermen en las calles), de dinero (personas que no tienen para comer o para cobijarse o calentarse…), de paz (personas en conflictos bélicos…), de amor (personas que acaban de ser engañadas, abandonadas, maltratadas por sus parejas…). Pienso en quienes tienen que trabajar en las noches tradicionalmente consideradas familiares o en quienes, por diversos motivos, se encuentra a kilómetros de los seres queridos. Y en aquellos que en las inevitables reuniones familiares sienten el rechazo, el desprecio, la humillación, la agresión emocional de alguno de los asistentes: la nuera que no soporta a la suegra (o viciversa), el hermano que desde hace años no se habla con un cuñado, el padre que no ha sido capaz de recuperar el afecto de un hijo, el nuevo esposo que es rechazado por los hijos de su exmujer… Pienso en quien acaban de recibir un diagnóstico fatal que le asegura que ya no estará en las próximas Navidades con aquellas personas a las que ahora tanto quiere, en quien tiene que asimilar la brutal noticia de la desaparición de un hijo o de una hija en un accidente de coche en plenas fiestas… Pienso en los ancianos y ancianas que han sido recluidos en Residencias contra su voluntad por aquellos a quienes generosamente han dado todo durante muchos años, incluida la vida. Hoy se sienten un engorro, un estorbo, una carga insoportable. La compasión es la simpatía con el dolor ajeno. Dicen José Antonio Marina y Marisa López Penas en su libro “Diccionario de los sentimientos”: “El amor a los pobres, a los desvalidos, a los que sufren, a los enfermos no supone complacencia en su existencia, ni deslumbramiento ante su aparecer, sino un afán de aliviar su desdicha”. No digo con esta letanía que haya que suprimir las Navidades. No digo que estas sean unas fiestas que castigan a los dolientes. Sólo quiero recordar a quienes no van a tener la fortuna de sentirse felices en estas fiestas. E invitar a pensar en las causas de tanta desigualdad. Sé que estas líneas no llevarán felicidad a quien no la tiene, pero podrán activar la compasión de aquellas personas con sensibilidad y buen corazón. Si, además, instan a compartir la felicidad que alguien disfruta con alguien que no la tiene, bienvenidas sean. Ojalá sirvan para mover a la acción y no sólo al pensamiento y a la emoción. Ojalá sirvan, al menos, para que un abrazo a alguien que sufre sea más sentido y más firme. A pesar de todo, felices fiestas.
December 23 2010, 10:00pm | Comments »
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Pastillas contra el dolor ajeno
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/18/pastillas-contra-el-dolor-ajeno/
Basta leer cada día los titulares de los periódicos para comprobar que las malas noticias son indefectiblemente la noticia. “Dale la vuelta al periódico, que viene el niño”, le decía el marido a la esposa para evitar el escándalo. Un hecho luctuoso, un terremoto, una catástrofe, una huelga, una violación, un atentado, un asesinato… serán las noticias que ocupen la primera plana. Con longitud y cuerpo de letra proporcional a la magnitud del desastre. Si un hecho tiene una vertiente negativa, esa será la que ocupe el titular. Se han publicado los resultado del Informe PISA 2009. ¿Alguien ha visto como titular el dato de que España sea el segundo país con el sistema equitativo más equitativo de los 65 países evaluados? Los titulares son otros: “seguimos instalados en el suspenso”, “nuevo fracaso del sistema educativo español”… Se magnifica la maldad. ¿Dónde están los hechos maravillosos y silenciosos que produce constantemente la solidaridad humana? ¿Dónde están los gestos compasivos de muchas personas que, en plena crisis, están ayudando a otros más necesitados? No suelen hacerse presentes. La bondad no vende. La verdad no está en el escaparate. Por eso quiero destacar en estas líneas la hermosa iniciativa que Médicos Sin Fronteras ha puesto en marcha recientemente. “Pastillas contra el dolor ajeno” para ayudar a enfermos olvidados. Se trata de unas cajitas (la que tengo delante de mí es de color rojo) con seis caramelos mentol-eucalipto sin azúcar que se venden en farmacias, que valen un euro y cuyo beneficio será destinado íntegramente al tratamiento de enfermos olvidados. Las enfermedades que pretende atajar el dinero proveniente de la venta de las “Pastillas contra el dolor ajeno”, son: malaria, Chagas, kala azar, enfermedad del sueño, sida infantil y tuberculosis. Seis enfermedades, seis pastillas. Una pastilla para cada enfermedad a la que destina el dinero Médicos Sin Fronteras. El logotipo que lleva la caja es original y significativo. El signo x multiplica una pastilla por un corazón. En el prospecto que, como todo producto vendido en farmacia, acompaña a las pastillas se puede leer: “En el primer mundo, si te duele algo, hay pastillas para mitigar cualquier dolor. Pero…, ¿qué pasa si lo que te duele es el dolor ajeno, el dolor de los que no tienen pastillas para curar su sufrimiento? ¿No es genial que, nosotros que tenemos pastillas para casi todo, podamos tomarnos una para calmar el dolor de los que no tienen?”. Y termina haciendo una incisiva pregunta: ¿Cuánto dolor ajeno sufres? No sé a quién se le habrá ocurrido esta hermosa idea. Pero, sea quien sea, merece nuestras felicitaciones. Es una pena que su nombre no sustituya al de tantas personas que se hacen famosas por no tener ideas o por tener ideas que se convierten en insultos, en agresiones, en calumnias y en mentiras. Me alegra mucho saber por mi farmacia de La Cala del Moral que la iniciativa está funcionando a las mil maravillas y que se han agotado todas las cajas que tenían. Esto me lleva a subrayar no sólo la excelente idea de Médicos Sin Fronteras sino el eco que ha tenido entre las muchísimas personas que hay sensibles al dolor ajeno. No puede dejarnos indiferentes tanto sufrimiento, tantas muertes fácilmente evitables. Cada día mueren en el mundo 8.000 personas a causa de enfermedades que pueden curarse. Somos ciudadanos y ciudadanas del mundo. Todos los seres humanos pertenecemos a una misma familia. Cada uno es depositario de una dignidad infinita por el hecho de ser persona. ¿Cómo volver el rostro con indiferencia ante su dolor? ¿Cómo no contribuir de esta manera tan sencilla a aliviar ese sufrimiento? El prospecto contiene también otras interesantes reflexiones. Por ejemplo: Indicaciones: “Las pastillas contra el dolor ajeno son indicadas para el tratamiento sintomático del dolor ajeno de intensidad alta, leve o moderada. El principio activo de las pastillas contra el dolor ajeno es el amor… Este principio es parte de un gesto humanitario que actúa directamente en las zonas más necesitadas y su gen es ayudar a aquellos que lo necesitan”. Dosificación: “Ya seas anciano, adulto o niño, cuantas más pastillas consumas más ayudarás a los enfermos olvidados. Comparte ese dolor ajeno con la gente que te rodea”. Caducidad: “Nunca es tarde para ayudar. Médicos Sin Fronteras cuenta con el apoyo de 3.8 millones de socios y colaboradores en todo el mundo y más de 487.000 en España Gracias a gente como tú, podemos decidir libremente dónde y cuándo intervenir, en función de las necesidades, y no de intereses políticos, económicos o militares”. Ya sé que estas formas de ayuda no resuelven los problemas estructurales que genera la desigualdad y la injusticia en el mundo. Pero argumentar que estos son paños calientes que no remedian el problema de fondo no es más que una triste y pobre excusa. El que no podamos resolver todo el problema no significa que no debamos hacer algo por aliviarlo. Sentir el dolor de los demás, sentir compasión por los que sufren, ser conscientes de que otras personas no disponen de lo que a nosotros nos sobra es el primer paso para ejercitar la solidaridad. Recuerdo la hermosa y minúscula anécdota de un amigo que llama por la noche a su amigo del alma. - Perdona que te llame a estas horas, pero necesito saber cuál es la pierna que te has roto. - La izquierda. ¿Por qué me lo preguntas? - Pues porque, como no sabía cuál era, y a mí me duele lo que a ti te pasa, me estaban doliendo las dos. El dolor de los demás no nos puede dejar indiferentes. A fin de cuentas todos y cado uno pertenecen a esta gran familia que es la especie humana. Tener compasión hacia quienes sufren es el primer paso para contribuir al alivio de su dolor. No hay dolor ajeno. Porque a nosotros nos afecta.
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December 17 2010, 10:00pm | Comments »
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Los siempres de los jamases
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/06/los-siempres-de-los-jamases/
Resulta apasionante reflexionar sobre las vivencias del tiempo y de la memoria que tenemos las personas. Bergson hablaba del tiempo subjetivo y decía que no se derrite a la misma velocidad un azucarillo en un vaso de agua para quien tiene sed que para quien está saciado. No tienen la misma duración subjetiva los cinco minutos últimos de un partido para los seguidores del equipo que va ganando por la mínima que para los del equipo que va perdiendo. Para los primeros las manecillas parecen de plomo y para los segundos se diría que vuelan. El tiempo de reloj es exactamente el mismo para ambos, pero no lo es la vivencia que tienen del mismo. ¿Cuánto duran las vacaciones en comparación con el mismo tiempo de un trabajo monótono y aburrido? ¿Qué tiempo abarcamos psicológicamente cuando utilizamos la palabra jamás? En principio hablamos de toda la vida. Pero, en la realidad, no suele ser así. Cuando decimos jamás nos referimos habitualmente a “ahora mismo”. El tiempo es un metro de goma con el que medimos los estados de ánimo y la forma de pensar. El estupendo libro “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, termina con estas palabras: “No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada. Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres de los jamases. La belleza de este mundo”. Renée y Paloma (la pequeña que tenía como plan suicidarse y quemar la casa) tejen una historia hermosa que les permite descubrir la belleza de las pequeñas cosas y la magia de los placeres efímeros, de manera que inventarán un mundo mejor. Encuentran el camino de la felicidad gracias a la amistad, al amor y al arte. Paloma, la niña de doce años, que goza de una inteligencia extraordinaria, trata de vencer la desesperanza y lo consigue a través de la amistad con la portera Renée. ¿Cómo se buscan los siempres de los jamases? Reflexionando, observando cómo la rotundidad del jamás se quiebra fácilmente en las volubles decisiones de la voluntad. “Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores” es el título de un interesante libro de Douwe Draaisma en el que el autor nos habla sobre el paso del tiempo y las características de la memoria que lo almacena. La memoria, dice, es como perro que se acuesta cuando quiere y donde quiere. “En los relojes de arena, dice Draaisma, los granos se rozan tornándose cada vez más lisos. Hasta que finalmente pasan de un recipiente a otro casi sin fricción, puliendo cada vez más la apertura. Cuanto más viejo sea un reloj de arena., más rápidamente pasará la arena”. Desapercibidamente, el reloj de arena mide horas cada vez más cortas. En esa imperfección cronométrica se esconde una metáfora: “Pues también al ser humano los años, al repetirse, se le pasan cada ves más raudos, volando, hasta que finalmente se rompe la medida; también el ser humano se vuelve cada vez más permeable a las imperfecciones”. Estamos amasados por el tiempo que vivimos. Estamos hechos de fragmentos de tiempo. Y en el lenguaje, de manera constante, hacemos referencia al mismo: mañana, dentro de un momento, antesdeayer, hace un año, en las próximas vacaciones, cuando llegue el fin de semana… Cuando decimos jamás queremos expresar que nunca vamos a pensar, a decir o a hacer algo pero, muchas veces, no acaba siendo así. Y volvemos a pensar, a decir y a hacer aquello que en aquel momento tanto nos ofendía. - Jamás volveré a dirigirte la palabra, decimos con énfasis; pero, a las pocas horas, volvemos a hacerlo. - Jamás volveré a pensar en esa triste historia, afirmamos, pero pronto non invadirá de nuevo el recuerdo. - Jamás me volveré a enamorar, le decimos a un amigo después de un doloroso desengaño pero, al cabo de un tiempo, nos olvidamos de aquella promesa que pretendía ser eterna. - Jamás volveré a decir una mentira, le dice el hijo a su padre con plena convicción, sin caer en la cuenta de que pronto volverá a repetir el engaño. - Jamás te abandonaré, dice el marido a la mujer el día de la boda, sin tener en cuenta que el divorcio está ya asomando su cabeza en la relación. - Jamás volveré a fumar, dice el empedernido fumador, sin caer en la cuenta de la dificultad de hacer efectivo su aserto. - Padre, jamás volveré a pecar, dice el penitente que se confiesa cada semana. Hay “jamases” prospectivos como los que he puesto de ejemplo. Y otros que tienen carácter retrospectivo: - Jamás he dicho tal cosa ni nada parecido, dice quien reveló un secreto hace pocas horas. - Jamás pensé así, afirma quien se ha pasado media vida defendiendo esa tesis. - Jamás se me ha ocurrido una idea semejante, dice enfáticamente quien desea mostrarse alejado de una determinada idea. - Jamás se me ha ocurrido una tontería de ese calibre, dice quien de vez en cuando tiene la tentación de llevarla a cabo. - Jamás he visto a un personaje tan pintoresco como éste, dice quien está habituado a ver individuos raros. Por si el jamás no fuese suficientemente contundente añadimos para reforzar nuestra posición: jamás de los jamases. De ahí el aforismo español que dice: Nunca digas de este agua no beberé o este cura no es mi padre, que viene a decir que el concepto de jamás es quebradizo.
La rotundidad de la palabra jamás, se quiebra en los enrevesados vericuetos de la vida. El niño le desmonta la lección al papá con una endiablada pregunta: - A tu edad, yo no decía mentiras, le dice el padre al hijo proponiéndose como un perfecto y perpetuo ejemplo de vida. Y el hijo replica: - ¿A qué edad empezaste entonces, papá? Es probable que el papá le asegurase al niño que jamás había dicho una mentira. ¿Jamás? En los jamases y, sobre todo, en los jamases de los jamases, suele esconderse un siempre o un casi siempre.November 5 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
El maestro del biblioburro
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/10/23/el-maestro-del-biblioburro/
Dice la profesora inglesa Joan Dean que, si los profesores compartiésemos las experiencias positivas que vivimos, encontraríamos una fuente inagotable de energía y de optimismo. No lo hacemos por un falso pudor, por pereza o por creer que lo que hacemos no tiene la misma importancia que las iniciativas que otros llevan a cabo. ¿Cuántas experiencias creativas, hermosas y emocionantes llevan a cabo los docentes en los diversos ámbitos de intervención del sistema educativo? ¿E, incluso, fuera del mismo? ¿Por qué no difundirlas y combatir así ese fondo de pesimismo que es tan nocivo y, por otra parte, tan antagónico con la esencia de la educación? Me han enviado un maravilloso documento pedagógico que quiero compartir con mis lectores y lectoras. Se trata de la iniciativa que hace varios años, diez aproximadamente, está llevando a la práctica un maestro colombiano llamado Humberto Luis Soriano Borges en La Gloria, Departamento de Magdalena (República de Colombia). Se trata de una biblioteca ambulante que se mueve a lomos de un burro y de una burra. La burra se llama Alfa y el burro se llama Beto. “Biblioburro” llama a su biblioteca andante este joven maestro. Él dice que hay niños y niñas que viven apartados de cualquier tipo de libros, ya que sus familias se encuentran diseminadas por los valles y perdidas en pequeñas aldeas de montaña. No llega allí ningún tipo de vehículo y ellos no tienen posibilidades de acudir a los centros de población en los que hay bibliotecas. Los fines de semana, el maestro Soriano, carga de libros las alforjas de Alfa y Beto y va con esos humildes tesoros al encuentro de los niños y de las niñas que los reciben con entusiasmo. El dice que pretende cultivar su imaginación, que pretende poner un poco de color en sus vidas grises. Él dice, que esos niños y niñas “atravesados por la violencia”, necesitan asomarse a las maravillas que encierran los libros. Es emocionante ver las caras de los niños y de las niñas leyendo los libros y haciendo ejercicios diversos después de la lectura. Es emocionante escuchar las opiniones que los padres y las madres de esos niños manifiestan respecto a la iniciativa del maestro.. - Espectacular, dice una niña entusiasmada refiriéndose al encuentro con Alfa y Beto. - Como los niños no pueden acudir a las bibliotecas, el maestro les trae la biblioteca a los niños, señala una mamá agradecida. Mi admiración por este maestro que no se somete a su horario ni está pendiente del reloj para medir su jornada. Él acude a visitar a los niños y a las niñas que, alborozados, celebran la llegada de la biblioteca. Me admira también que no se trate de una experiencia de un día o de dos, ocasional, pasajera, sino de un proyecto prolongado en el tiempo, que se ha hecho parte de la vida de esas personas a las que Paulo Freire calificaba de “los desheredados de la tierra”. Me pregunto por qué no hace el gobierno la tarea que este humilde maestro realiza en sus horas de descanso. ¿Por qué abandona el gobierno a esas criaturas que necesitan acceder a los bienes de la cultura en mayor medida que otras que tienen a mano muchos medios y recursos? ¿Por qué las ignora y las deja abandonadas a su suerte? Tiene que ser este soñador y sacrificado maestro el que realiza estas labores de rescate. Él tiene que brindar su preocupación, su sensibilidad, su tiempo y su dinero para suplir las carencias del Ministerio de Educación del país. Uno llega a pensar si no es verdad aquella antigua sospecha que muchos albergaban respecto al poder: ¿no le interesará que los ciudadanos y ciudadanos sean ignorantes? De esa manera no pondrán en solfa su actitud y sus políticas. De esa manera no pretenderán desalojarles del poder. Cuando contemplaba, emocionado, las imágenes a las que remito al lector o lectora (escriban en cualquier buscador la palabra biblioburro), pensaba en la desafección que muchos de nuestros escolares muestrean hacia los libros y hacia la lectura. ¿Qué nos pasa? Creo que la sobreabundancia nos ha saciado y ya no mostramos aprecio a bienes de los que otros carecen y que valoran en muy alto grado. Es muy significativo ver cómo reciben los niños y las niñas de estas aldeas al maestro y a sus burros y comparar esa actitud con el rechazo que algunos de nuestros escolares tienen hacia la lectura. He contado en alguna ocasión la anécdota que el fallecido y querido Eduardo Haro Tecglen transcribió en su entonces habitual columna de El País. Contaba que, estando haciendo una mudanza, un joven levantaba sudoroso en su casa una pesada caja de libros. Eduardo le dice: - Siento que tengas que hacer un esfuerzo tan grande. Los libros pesan y, además, la caja es excesivamente grande. Y el chico le dice: - No se preocupe por mí, Don Eduardo. Lo mío no es nada. Lo malo es lo suyo que tiene que leerlos. ¿Por qué este rechazo, por qué esta aversión, por qué esta actitud negativa hacia la lectura. Es preciso pensar qué estrategias didácticas utilizamos en las casas y en las escuelas. Y pensar si otros estímulos están conquistando las parcelas de curiosidad innata que tiene el ser humano. Es preciso pensar también si nuestra actitud hacia la lectura arrastra hacia los libros o aleja de ellos a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Porque no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Los niños y las niñas actúan como nosotros somos, no tanto como nosotros les decimos que tienen que actuar. Una persona que no ama los libros no puede contagiar el deseo de leer. El maestro colombiano de nuestra historia es una apasionado de la lectura, es un verdadero ejemplo de amor a los libros. Por eso contagia su actitud, por eso transmite tan eficazmente su emoción.
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October 22 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
Qué sinvergüenzas
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/10/16/que-sinverguenzas/
Hace unos días, llegué a casa ya entrada la noche. Tenía que preparar un largo viaje profesional. Preparé la maleta, los papeles y el power point de la conferencia, localicé el pasaporte, algo de dinero, cené algo y me acosté ya muy tarde. Encendí la televisión y, repasando las diferentes cadenas (por cierto, me alarmó la cantidad de adivinos, de brujas, de tarotistas, de videntes y otros seres de extraño y diverso pelaje que pueblan la noche televisiva), me detuve en Intereconomía porque una bonita presentadora estaba dirigiendo un juego en el que ofrecía 18.000 euros por contestar una simple y aparentemente fácil pregunta. - ¿Quién sabe el nombre de un ciudad española de nueve letras que coincide con el de una famosa orquesta? En la pantalla se ofrecía una pista interesante. El nombre de la ciudad española empezaba por M y acababa en N. Y, entre ellas, las rayitas de las otras siete letras en blanco. - ¡Por siete letras, tres millones de las antiguas pesetas!, decía la presentadora usando una deleznable expresión monetaria. - ¿Nadie lo sabe? ¿Alguien que no esté durmiendo quiere llamar?, añadía, sorprendida de que el teléfono permaneciera en silencio. En la pantalla se veía un cuadro de doble entrada con dieciséis letras entre las que se encontraban las que formaban el nombre de la ciudad y un teléfono negro. La mano de la presentadora sostenía el auricular haciendo el amago de que de un momento a otro iba a sonar y ella lo podría atender para entregar el generoso premio. Pensé inmediatamente en la ciudad de Mondragón. Y, quise comprobar el engaño. El número, que resplandecía con una iluminación intermitente y que la presentadora repetía sin cesar era el 905505050, como se verá, fácilmente memorizable. Me dije, sabedor de que contenía una trampa: voy a llamar, voy a tocar con mis propias manos al gato encerrado. Supuestamente, al marcar, la presentadora tendría que levantar el auricular diciendo: - Por fin, alguien ha llamado. ¿Conocerá el espectador la respuesta? Si es correcta, suyo es el premio. Pero no, no sonaba el teléfono de la pantalla sino que respondía una voz que, a toda velocidad, decía el coste de llamada desde fijos y móviles (un euro con cincuenta, si mal no recuerdo, desde mi fijo) y te decía que volvieras a intentarlo, que estabas a punto de ganar, que era tu noche de suerte. La presentadora insistía en la cuantía del premio y en la sencillez de la respuesta. Puso un reloj en pantalla que marcaba tres minutos mientras la presentadora invitaba a llamar. Pasaron esos tres minutos y no se acabó el juego. El relojito de marras apareció diez o doce veces. Mientras tanto, imagino, llamadas y más llamadas de los ilusos y codiciosos jugadores y jugadoras. ¿Cómo es posible que se mantengan esas trampas tan clamorosas, noche tras noche? Dio como tope las tres y media. Pasó esa hora con creces. Y el juego seguía. Aumentó la cuantía a 20.000 euros y luego a 22.000. Y luego añadió un extra de 500 euros, enseñando un billete de esa cantidad en las manos. La presentadora fingía un diálogo con la producción del programa que acababa siendo ridículo. Un engañabobos absolutamente elemental.. Dio más pistas: otra letra era la G. Y la colocaba en su correspondiente lugar. Las tres primeras eran MON. Por si quedaba alguna duda dio el nombre del artista y cantante Javier Gurruchaga, ligado a la orquesta Mondragón. Después la presentadora dibujó un dragón en una pantalla, para dar pistas. “La última parte de la palabra es un animal que echa fuego por la boca”, decía. Ya sólo quedaban tres letras. En definitiva, que era imposible fallar. Estaban preguntando por el color del caballo blanco de Santiago. Volví a llamar, y volvió a salir la voz acelerada que te invitaba a seguir llamando. “Es tu noche de suerte”. “Estás a punto de ganar”. “Llama de nuevo”. Luego dijo la presentadora que había cinco líneas abiertas. Y poco después diez líneas abiertas. Como si el problema fuese de líneas. Al cabo de una hora de dilaciones llamó alguien desde Bilbao. Una tal Edurne. Dio la respuesta correcta. Sin dirección, sin comprobación, sin garantía alguna de que la llamada no fuera falsa.¿Quién garantiza que esos organizadores no preparan la llamada de un tío, de un sobrino, de un amigo o de alguien que está en el estudio? ¡Como para fiarse! Qué robo, Qué mentira. Qué engaño. Qué timo. Qué sinvergüenzas. ¿Cómo no se denuncia este tinglado? Yo voy a dirigirme a la OCU para ver qué se puede hacer. Lo que se pretende (y se consigue, me imagino) es que se produzcan cientos y miles de llamadas inútiles para el que llama y muy rentables para el programa. Claro que nadie te obliga a llamar. Pero no hay duda de que se trata de un negocio fraudulento. No hay duda de que el juego está sustentando en una cadena de trampas. - No es verdad que nadie llame (y dicen que nadie llama) - No es verdad que sea el último minuto (y dicen que lo es) - No es verdad que si llamas te van a escuchar la respuesta (y lo dicen) - No es verdad que suban el valor del premio porque nadie llame (y lo dicen) - No es verdad que haya cinco o diez líneas abiertas (y lo dicen) - No es verdad que la presentadora tenga la mano en el auricular para recibir la llamada (y lo hace) - No es verdad el tiempo que dicen que va a durar el juego (y que reiteran y cambian a su antojo) ¿Cuántas llamadas se habrán producido durante el juego? Miles y miles. Hagan números. Es muy fácil. Me pregunto cómo hay gente que sigue y sigue llamando. Estar educado es tener un buen detector de trampas instalado en la cabeza. Pero no sólo es eso. Estar educado es sentir un compromiso con la sociedad y hacer lo posible para que esas trampas disminuyan o desaparezcan. Si uno es capaz de descubrirlas conseguirá no caer en ellas, pero es preciso que nos duela que caigan en ellas los demás. La educación tiene un componente ético esencial. La educación no pretende solamente que cada uno viva mejor sino que podamos vivir juntos en un mundo justo, hermoso y habitable.
October 15 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
¿Educación a la carta?
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/10/02/%C2%BFeducacion-a-la-carta/
Atraído por el título, he leído el desconcertante libro de Nikolái Lilin, ”Educación siberiana”. El adjetivo que acompaña a la palabra educación me lleva a plantear una cuestión de fondo: ¿hay tantos tipos de educación como adjetivos se deseen utilizar? Así habría, según los gustos, educación francesa, educación tibetana, educación judía, educación colombiana, educación militar, educación opusdeista, educación catalana, educación católica, educación criminal, educación budista, educación hitleriana, educación etarra…. ¿Hasta dónde? ¿Quién o quiénes eligen el adjetivo y su correspondiente contenido intelectual, cultural, ético, político…? ¿Los educandos? ¿Los educadores? ¿Las instituciones? ¿El gobierno de turno? ¿La familia? De esta forma cada colectivo tendría las claves de esa educación que consistiría en transmitir las bases de la cultura, sin ponerse a pensar si son buenas o malas, saludables o insanas, justas o injustas… Se definiría la educación de forma interna, sin tener en cuenta los patrones de una ética universal. El individuo tendría que asimilar los contenidos de esa educación sin rechistar e, incluso, sentirse orgulloso de hacer suyas esas normas. ¿No sería esto adiestramiento? ¿No sería indoctrinación? Es decir que el educando no tendría la facultad de poner en tela de juicio esas reglas, de rechazarlas o de quebrantarlas a su albedrío. No tendría libertad. El libro al que hago referencia, aunque es una novela, está basado en la experiencia personal del autor. Es, de alguna manera, una curiosa autobiografía. Describe la vida, costumbres y valores de diferentes comunidades, sobre todo la de los urcas, una insólita comunidad de bandidos siberianos que fueron deportados por Stalin desde Siberia a la Transnitria, una franja en tierra de nadie entre Moldavia y Ucrania. (en 1990 declaró su independencia, pero ningún Estado la reconoce). En Bender (Transnitria) nace el autor de la obra, en el seno de una familia que no reconoce más autoridad que la de sus ancianos, obligando a sus miembros a respetar un estricto código de conducta que les define como “criminales honrados”. Después de ser reclutado a la fuerza por el ejército ruso y de pasar una temporada como soldado en Chechenia, se trasladó a Italia. Desde 2003 vive en el norte de este país, donde se gana la vida como tatuador profesional, especializado en mantener viva la tradición de los tatuajes siberianos. (Especialmente llamativo es el capítulo del libro dedicado a los tatuajes, que lleva por título “Cuando la piel habla”). En la obra se describe minuciosamente la vida y costumbres de los urcas. A cada paso aparecen armas, peleas, asesinatos, cárceles y acciones violentas sin cuento ni cuenta… Choca una y otra vez encontrarse con expresiones como “criminales honestos”, “bandidos buenos”, “reglas de juego criminales”… Y todo mezclado con un sentimiento religioso un tanto mágico que introduce invocaciones a Dios y a Jesucristo de manera constante. Ver la palabra educación presidiendo este entramado de tropelías, de agresiones, de golpes, de navajazos y de muertes sin sentido, me ha dejado de una pieza. ¿Puede llamarse a ese fenómeno de inculturación, un proceso educativo? Creo que no porque la educación exige la capacidad de poner en tela de juicio la cultura. No todo es bueno en ella, no todo es admisible. La transmisión o la asimilación indiscriminada de reglas, normas y costumbres no es, a mi juicio, educación sino adiestramiento. La educación incluye una dimensión crítica. Y, además, un inexcusable componente ético. ¿Cómo se puede justificar el robo, el asalto, el asesinato, el ajuste de cuentas sin otro criterio que las normas internas de la tribu? Es probable que el lector o lectora comparta mi preocupación si transcribo algunos párrafos literales. “Nuestros mayores nos educaban bien. Para empezar, nos enseñaban a respetar a todos los seres vivos, categoría en la que no entraban los policías, las personas relacionadas con el gobierno, los banqueros, los usureros y todos aquellos que ostentaban poder económico y explotaban a la gente sencilla” (pág. 115). “Dos años antes un amigo nuestro, Mitia, alias Giulic, que en jerga significa pequeño criminal, había matado de un navajazo a un georgiano que lo ofendió por hablar en su idioma ante él” (pág. 272). “Los criminales dignos se presentan, se saludan y se desean lo mejor incluso cuando van a matarse” (pág. 281) “Bueno, tranquilo hasta cierto punto, porque una vez había matado a martillazos a un chaval del Centro que había querido rebajarlo ante una chica con la que Guiguit mantuvo primero una relación de amor y luego de amistad” (pág. 294). “Su madre, la tía Svetlana, era jefa de una pequeña banda de ladrones que se dedicaba a hacer turnéi, esto es, a robar de ciudad en ciudad. Asaltaban casas de ricos y políticos locales, pero sobre todo de los llamados empresarios ocultos, productores y comerciantes ilegales asociados con los directores de las grandes fábricas” (pág. 295). Dentro de la filosofía de los urcas aparecen con frecuencia valores como la lealtad, la humildad, la generosidad. Prohíben las drogas, la violación y el desprecio hacia los débiles, delitos que castigan con la muerte. Pero sólo de puertas adentro. Matar policías, por ejemplo, es un meritísimo ejercicio cultural. Se habla de alguna “autoridad” que tenía a gala haber matado más de catorce mil. El periodista Roberto Saviano dice en el diario La República que “para leer este libro hay que estar dispuesto a olvidar las definiciones de bien y de mal tal como las conocemos…”. Y yo me pregunto: ¿cómo podemos olvidarnos de la ética cuando hablamos de educación, cómo podemos dejar a un lado los valores? ¿Qué educación es ésta? ¿Puede existir educación a la carta?
October 1 2010, 11:00pm | Comments »