Las Navidades son fechas cargadas de significados religiosos para los creyentes. Y encierran también un poderoso caudal de referentes culturales para quienes no lo son.. Los recuerdos de la infancia que se avivan en los corazones, los villancicos que resuenan en los centros comerciales, en las calles y en las casas, las luces que adornan el centro de las ciudades, la añoranza de los seres queridos que ya no están, el cruce de felicitaciones, el intercambio de regalos…Si hay un adjetivo que se repite una y otra vez al lado de la fiesta de Navidad es “entrañable”. Pero esta impronta cultural funciona, a veces, como un cuchillo que hiere y hace sufrir. Hoy me quiero ocupar de quienes sufren en Navidad. Por paradójico que parezca, hay mucho sufrimiento en Navidad. Un sufrimiento que se esconde detrás de las luces, que se calla detrás de las canciones y que no se muestra en los escaparates. Voy a traer a estas a líneas una dolorosa letanía de personas afligidas, de personas que sufren no digo en Navidad sino por ser Navidad. Pienso en las personas que en el último año han perdido a un ser querido. Cuántas veces oímos expresiones como estas en estas fechas: “son las primeras Navidades sin…”, “es el primer año que falta…”, “hace sólo unas semanas que murió…”. Es el síndrome de la silla vacía en las cenas de Nochebuena y Nochevieja. Es el dolor de la ausencia. Pienso también en las personas que, en ese festín comercial, en ese derroche de cosas, en este frenesí de compras y ventas, no tienen para comprar a los hijos e hijas ni un abrigo, ni un juguete, ni un adorno, ni una figurita del Belén. Miran con ojos no sé si deslumbrados o entristecidos o rabiosos ese desfile de anuncios, de paquetes, de llamativos escaparates. Y, delante de ese desfile, ven un cartel con un texto contundente: “Nada es para ti”. O lo que es más doloroso: “Nada es para tus hijos”. Es probable que esta cruel realidad le haya sobrevenido a familias que han sido víctimas de esta crisis persistente. Antes podían tener cosas, pero ahora no. Y se preguntan por qué. Pienso en quienes se sienten agredidos por esa invasión de creencia a la que no pueden escapar. Cuando se coloca una frase en un autobús con el pensamiento “Probablemente Dios no existe”, algunos creyentes protestan irritados por la falta de respeto, por la agresión, por la persecución de sus ideas y valores. Pero los ateos no pueden abrir la boca para protestar por la invasión de villancicos, de campanas, de panderetas, de belenes, de figuritas y de mensajes papales… Pienso en todos y en todas las personas solitarias que no tienen con quien compartir una comida, un café, una conversación. En estas fechas se agudiza el sentido de la relación con los demás, se estrechan los lazos familiares, se multiplican las reuniones, se organizan comidas navideñas. Pero hay quien no tiene a nadie para mantener una conversación. Andan por las calles como perros vagabundos en medio de toda esta orgía de cosas y sentimientos. Pienso en todos aquellos y aquellas a quienes estas fiestas les hacen sentir incómodos, tristes, irritados, ya que desatienden ese mandato universal de felicidad que no pueden cumplir. Sienten que en las Navidades hay que ser felices por obligación y ellos o ellas no pueden obedecer ese invisible pero poderoso mandato.. Pienso en quienes están en situación de privación. Privación de libertad (presos en las cárceles), de salud (enfermos en los hospitales), de vivienda (mendigos que duermen en las calles), de dinero (personas que no tienen para comer o para cobijarse o calentarse…), de paz (personas en conflictos bélicos…), de amor (personas que acaban de ser engañadas, abandonadas, maltratadas por sus parejas…). Pienso en quienes tienen que trabajar en las noches tradicionalmente consideradas familiares o en quienes, por diversos motivos, se encuentra a kilómetros de los seres queridos. Y en aquellos que en las inevitables reuniones familiares sienten el rechazo, el desprecio, la humillación, la agresión emocional de alguno de los asistentes: la nuera que no soporta a la suegra (o viciversa), el hermano que desde hace años no se habla con un cuñado, el padre que no ha sido capaz de recuperar el afecto de un hijo, el nuevo esposo que es rechazado por los hijos de su exmujer… Pienso en quien acaban de recibir un diagnóstico fatal que le asegura que ya no estará en las próximas Navidades con aquellas personas a las que ahora tanto quiere, en quien tiene que asimilar la brutal noticia de la desaparición de un hijo o de una hija en un accidente de coche en plenas fiestas… Pienso en los ancianos y ancianas que han sido recluidos en Residencias contra su voluntad por aquellos a quienes generosamente han dado todo durante muchos años, incluida la vida. Hoy se sienten un engorro, un estorbo, una carga insoportable. La compasión es la simpatía con el dolor ajeno. Dicen José Antonio Marina y Marisa López Penas en su libro “Diccionario de los sentimientos”: “El amor a los pobres, a los desvalidos, a los que sufren, a los enfermos no supone complacencia en su existencia, ni deslumbramiento ante su aparecer, sino un afán de aliviar su desdicha”. No digo con esta letanía que haya que suprimir las Navidades. No digo que estas sean unas fiestas que castigan a los dolientes. Sólo quiero recordar a quienes no van a tener la fortuna de sentirse felices en estas fiestas. E invitar a pensar en las causas de tanta desigualdad. Sé que estas líneas no llevarán felicidad a quien no la tiene, pero podrán activar la compasión de aquellas personas con sensibilidad y buen corazón. Si, además, instan a compartir la felicidad que alguien disfruta con alguien que no la tiene, bienvenidas sean. Ojalá sirvan para mover a la acción y no sólo al pensamiento y a la emoción. Ojalá sirvan, al menos, para que un abrazo a alguien que sufre sea más sentido y más firme. A pesar de todo, felices fiestas.
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Letanía de la Navidad
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/24/letania-de-la-navidad/
December 23 2010, 10:00pm | Comments »
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La infancia robada
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/11/la-infancia-robada/
Habituados a contemplar la infancia en un contexto, nos olvidamos fácilmente de otros en los que la realidad es muy diferente. Como vemos escolarizada a la práctica totalidad de los niños y de las niñas de nuestro entorno, no reparamos en que existen millones de niños y de niñas sometidos a la tortura de la explotación laboral. Hoy debemos considerar trabajo infantil (más allá de la relación laboral de empleo) toda aquella actividad económica, remunerada o no, realizada por niños y niñas, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo. La Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 32, define con claridad el derecho del niño a ser protegido del trabajo infantil: “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”. No estoy muy de acuerdo con esta redacción, aunque sí con el principio que la inspira. Y no estoy de acuerdo porque no hay nada que especificar. Los niños y las niñas deben ser protegidos contra el desarrollo de cualquier trabajo que no sea el de su educación. Porque se puede dar a entender que si el trabajo no es peligroso o nocivo para la salud o para su desarrollo entonces no hay problema. Y lo hay. Choca ver con qué facilidad se incumplen las leyes que no interesan. Si se atenta contra la propiedad privada de cualquier político o de cualquier juez, las consecuencias de esa acción serán inevitables, Pero si, contraviniendo la ley, se pone en peligro la vida de millones de niños y de niñas, no pasa nada. Respecto al trabajo infantil existen algunos mitos y errores que conviene denunciar. Uno de ellos consiste en pensar que “el trabajo dignifica”. El trabajo es un valor para los adultos pero, para los niños y las niñas, es una forma de tortura. Otro mito es afirmar que “los niños y las niñas son explotados por sus padres y madres” cuando lo que en realidad sucede es que toda la familia es víctima de la pobreza. Un tercer mito es decir que “es mejor que los niños trabajen a que estén sin hacer nada”. Los niños y las niñas tienen derecho a su educación y ésta es esencial para su desarrollo. El cuarto mito al que quiero referirme es el que sostiene que “si un niño trabaja va a estar mejor preparado para conseguir empleos cuando sea adulto”. No es así. Por el contrario, todo lo que atenta contra una buena educación, limita las posibilidades de empleo en el fututo. “Los niños tienen mejores condiciones que los adultos para realizar ciertos trabajos”, dice el quinto mito. No es cierto que puedan realizar mejor los trabajos, aunque sí es cierto que son tratados y pagados de forma diferente. El sexto mito se enuncia así: “Es mejor que un niño trabaje a que esté robando”. No es cierta la afirmación de que hay delincuencia porque los niños no trabajan. El último se refiere a las niñas y dice “que las niñas que realizan trabajos domésticos en el hogar no trabajan”. Entonces, ¿qué hacen? La pobreza es la principal causa del trabajo infantil en el mundo. Pero lo es también la avaricia y la insensibilidad de muchas personas que pretenden enriquecerse de forma abusiva. Hay en el mundo un elevadísimo número de niños a quienes se está robando la infancia. Familias que viven en la miseria, sacan del trabajo de sus hijos e hijas un pequeño emolumento que les permite sobrevivir. El patrón es, a veces, el propio padre. Otras veces se trata de empresas que utilizan una mano de obra dócil y barata. El problema no reside sólo en la explotación y en las malas condiciones de trabajo, que ya es mucho. El problema es que esa situación les arrebata el tiempo de juego y la ocasión de aprender. El lugar de los niños es el hogar, es la escuela. El lugar de los niños no es la fábrica, la calle o el campo. Además, cuando el trabajo no supone la plena desescolarización suele producir malos resultados en el aprendizaje, repetición de cursos y abandono temprano. Hay muchas modalidades de trabajo infantil, Citaré las más frecuentes: - Cuidado de la casa y de sus hermanos cuando los mayores no están. - Trabajo doméstico en su propia casa o en casa de terceros. - Industria textil y de calzado, del vidrio, de materiales eléctricos, construcción, fabricación de juguetes, minería, cuero… - Petición de propinas, apertura de puertas de taxis, limpieza de parabrisas, cuidado y lavado de coches… - Venta ambulante. - Utilización de armas en situaciones de guerra. - Recuperación de materiales reciclables. - Explotación sexual, tráfico y venta de droga y actividades ilícitas. - Preparación de la tierra, siembra y cosechas en el campo. - Cuidado de animales y cultivos, fumigaciones, acarreo de agua. Es necesario erradicar el trabajo infantil en el mundo. Todos los niños y las niñas deberían importarnos. Millones de víctimas se ven obligadas a realizar trabajos inhumanos y a renunciar a su derecho a la educación. ¿Qué pasa con la leyes que proclaman los derechos de los niños y de las niñas? Son papel mojado en muchos lugares del mundo en los que los infantes son condenados a la explotación más denigrante. La impune violación de los derechos de los niños y de las niñas no puede dejar indiferente a nadie. Y, por ello, nadie debe quedarse con los brazos cruzados. El hecho de que esos niños y esas niñas no estén cerca no quiere decir que no existan. ¿Cómo mostrarnos impasibles ante esta tragedia que sigue en vigor mientras nuestros niños y niñas acuden cada día a las escuelas? ¿Cómo no denunciar a quienes explotan de manera tan brutal a estas criaturas? ¿Cómo no gritar y exigir a los políticos que tomen cartas en el asunto? ¿Cómo no comprometernos a mandar a la ruina a todos aquellos negocios que se construyen con el sudor de los niños y de las niñas?
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December 10 2010, 10:00pm | Comments »
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Construir una catedral
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/04/construir-una-catedral/
Es curioso. En dos libros que acabo de leer (los dos del año 2010), he visto reproducida una historia de la que ya conocía una versión peculiar. El primer libro es de José Antonio Marina, afamado filósofo y pedagogo irreductible, que anda empeñado en una imprescindible “movilización educativa”. El libro se titula “La educación del talento”.y es el primero de una serie que constituirá la Biblioteca de la Universidad de Padres (UP) que él mismo ha puesto en marcha. Del segundo es autor Enrique Mariscal, reconocido escritor argentino que ha inundado el mercado con hermosos libros de cuentos. La obra se titula “La magia de la felicidad”. Los dos son prolíficos autores y ambos me honran con su amistad. Esta coincidencia ha sido el revulsivo que me ha llevado a contar a los lectores y lectoras este relato al que alguna vez me he referido en clases y conferencias. Llama la atención que, tratándose en esencia de la misma historia, existan versiones tan dispares. El acervo cultural imprime en cada una matices diferentes de fechas, contextos ,y expresiones aunque mantiene en cada caso el mismo fondo aleccionador. Compartiré con el lector o lectora la versión que no sé por qué camino me había llegado hace ya muchos años. Se estaba construyendo la catedral de Chartres. Los obreros trabajaban afanosamente en las tareas de la costosa y lenta edificación. Un buen día pasó por allí un viandante que se detuvo para observar las obras. El día era en extremo caluroso y, bajo aquel sol de justicia, los obreros trabajaban sudorosos y extenuados. El viandante se dirigió a uno de los trabajadores que, maldiciente y, con el rostro contraído por el esfuerzo y la acritud, levantaba una piedra enorme. - ¿Qué está haciendo, buen hombre?, preguntó el viajero. - Ya lo ve, levantando esta enorme piedra. Con este sol abrasador el trabajo resulta insoportable. Esto no hay quien lo aguante. Un día tras otro. Un mes tras otro. Un año tras otro. Unos días, como éste, con calor, otros con lluvia, muchos con frío. Maldito el día en que me contrataron para este trabajo,. El viandante camina unos pasos y se dirige a otro trabajador que, después de golpear una enorme piedra con el pico, está levantando con gran esfuerzo para colocarla sobre otra. - ¿Qué hace usted, buen hombre?, pregunta al esforzado trabajador. Molesto por la mirada del visitante y malhumorado por el terrible esfuerzo que acaba de realizar, contesta mientras se seca el sudor : - ¿Es que no lo ve? Estoy levantando este interminable muro que, si Dios no lo remedia, acabará conmigo. El viandante avanza un poco más y se encuentra a un tercer trabajador que está realizando una tarea similar a la de los dos anteriores. Está levantando una enorme piedra para colocarla en el lugar adecuado. - ¿Qué está haciendo usted, buen hombre?, pregunta por tercera vez el viandante. El trabajador, sonriente y orgulloso, contesta de manera entusiasta - Estoy construyendo una catedral. Los tres trabajadores estaban haciendo una tarea similar. Una tarea que requería esfuerzo y tesón. Pero la actitud con la que la realizaban era muy diferente. Uno maldecía la tarea. Otro, resignado y miope, realizaba rutinariamente su trabajo a la espera del jornal. El tercero disfrutaba de la tarea imprimiendo a su trabajo un sentido elevado y motivador. Esta leyenda (o cuento, o historia, o metáfora, o parábola…) nos invita a reflexionar sobre el sentido que damos a nuestro trabajo. Pienso en la actitud con la que los profesores y profesoras realizan su trabajo. Pienso en un maestro o maestra que acude a la escuela cada lunes con la actitud de aquel condenado a muerte que caminaba hacia el cadalso un lunes por la mañana, mientras decía: - Mal empiezo la semana. ¿Qué se puede esperar de quien va a la escuela dándose latigazos en la espalda y maldiciendo el día en que abrazó su profesión? Él estará amargado y sus alumnos y alumnas sufrirán las consecuencias de su desgraciada actitud. Otro, resignadamente, arrastra la monotonía de una tarea que considera aburrida y tediosa. Soporta lo que hace, arrastra las horas con dejadez esperando el fin de mes para cobrar el salario. El tercero hace las mismas cosas que los otros, pero no con la misma actitud, no con el miso ánimo, no con la misma pasión. Porque éste sabe imprimir a su trabajo un sentido excelso. Éste sabe que está realizando una tarea que redime a la humanidad de su ignorancia y de su opresión. Éste es consciente de que forma parte de esa legión de maestros y maestras que a lo largo de la historia ha rescatado del cubo de la basura los conceptos de libertad, de dignidad, de solidaridad, de respeto y de compasión. Los tres cobran lo mismo, los tres están trabajando en la misma escuela, con el mismo Ministro, el mismo Consejero, el mismo Inspector, el mismo Director, idénticas condiciones y parecidos alumnos o alumnas. Pero la diferencia entre ellos es abismal, dependiendo de la actitud con la que viven el trabajo. Los obreros de la catedral realizaban idéntico trabajo y hacían un esfuerzo similar, pero su actitud, sus miras, su sentido de la tarea eran muy diferentes. En el caso de los profesores o profesoras las consecuencias de la actitud son todavía mayores porque las piedras no sienten ni padecen, pero los alumnos y alumnas sí,. No es lo mismo trabajar con un profesor ilusionado, entusiasmado, apasionado, feliz que con otro que maldice su profesión y lamenta cada minuto el esfuerzo que realiza. Por la cuenta que les trae a nuestros alumnos y alumnas y por la cuenta que nos trae a nosotros, es muy importante ser conscientes de que esta profesión resulta imprescindible para el desarrollo de las personas y para la mejora de las sociedades,. Dice Herbert Wells que “la historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe”. Y nosotros estamos en la educación. ¿Hay quien da más?
December 3 2010, 10:00pm | Comments »
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No te rindas
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/27/no-te-rindas/
Antesdeayer celebramos el Día Internacional contra la Violencia de género. El 25 de noviembre fue declarado día Internacional contra la Violencia hacia la mujer en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981. En este encuentro las mujeres denunciaron la violencia de género en el ámbito doméstico y la violación y el acoso sexual en la sociedad, incluyendo la tortura y los abusos sufridos por prisioneras políticas. Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Sus cadáveres destrozados aparecieron en el fondo de un precipicio. Para el movimiento popular y feminista de República Dominicana estas mujeres han simbolizado la lucha y la resistencia. Imprescindible conmemoración. Porque sigue existiendo en el mundo una cruel violencia, desde la cuna hasta la tumba, para muchas niñas y muchas mujeres. Y esto no es un ensayo general, esto es la vida. En lo que va de año, ya son 65 las mujeres que han sido asesinadas en España a manos de sus parejas. ¡Qué horror! ¡Qué horror también el dolor de muchas mujeres muertas en vida, su silencio, su miedo, sus lágrimas, su angustia, su desesperación. ¿Dónde están las que van a morir? ¿Dónde están las que serán enterradas antes de que termine el presente año? ¿Qué estamos haciendo con ellas? Porque la lista de víctimas no tiene todavía punto final. No lo tiene porque las fuentes del sexismo siguen manando desde lo más profundo de una sociedad androcéntrica. Porque el sexismo sigue ejerciendo su influencia sobre las concepciones, las actitudes y los comportamientos de las personas y de las instituciones. ¿Cómo se puede acabar con esta lacra, con este terrorismo que actúa unas veces de manera brutal y otras de manera sutil? Hemos avanzado, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Hay que cegar esas fuentes que tienen miles de caños, miles de grietas por las que se cuela el agua envenenada. Hay que limpiar el lenguaje de la discriminación sexista. Lo que no se nombra no existe. Alguna vez he puesto este sencillo ejemplo en la clase. Un padre viaja en moto con su hijo. El chico va detrás del padre, acompañando sus inclinaciones y sus giros. Llueve con fuerza. La carretera está resbaladiza. De pronto, la moto derrapa y se sale de la carretera. El padre muere en el acto. El chico queda gravemente herido. Llega una ambulancia que, con la mayor urgencia, lleva al chico al Hospital más próximo. El equipo de urgencia decide que hay que operar inmediatamente. Cuando la ambulancia llega al quirófano y el cirujano jefe ve a quién se dispone a operar, exclama: - ¡Dios mío, si es mi hijo! Les pregunté a continuación cómo se explica esta historia. Alguien dijo que el cirujano jefe era el padre biológico y que quien llevaba al chico en la moto era el actual esposo de su madre. Hubo más explicaciones. La más pintoresca fue la de alguien que dijo que quien viajaba en la moto era un padre cura con su hijo espiritual. Después de darle muchas vueltas alguien dio con la clave: - El cirujano jefe era su madre. En efecto, era la madre del accidentado. Pero, como, al decir cirujano, la mujer desaparece, no caemos en la cuenta de que quien opera es la madre. Por otra parte, estamos acostumbrados a que haya más cirujanos que cirujanas y más jefes que jefas. Hay que denunciar una vez más el sexismo de muchas religiones, que sitúan a la mujer en un segundo plano de la vida y de la historia, que impiden su acceso al poder, que las cubren de unos velos que sus jefes no llevan. Hay que gritar contra la discriminación en el trabajo, contra la exclusión laboral, contra los sueldos recortados por el hecho de ser mujer, contra el acoso sexual, contra las bajas expectativas. Todavía existe una cruel discriminación en el ámbito laboral. Me contaba ayer mismo una alumna que en unos grandes almacenes de Málaga en los que solicitó trabajo, le habían exigido unas pruebas de orina para detectar un posible embarazo. Hay que liberar medios y presupuestos para luchar contra la discriminación. ¿Qué dicen quienes se han burlado del Ministerio de Igualdad y no han descansado hasta que ha sido borrado del mapa? Un Ministerio inútil, han dicho. Su presupuesto les parecía exagerado, sus iniciativas ridículas, sus pretensiones intrascendentes, su titular bisoña. Y, sobre todo, hay que conseguir con la educación (en la familia, en la escuela, en los medios, en la sociedad…) una formación en la igualdad. En la igualdad de derechos, en la igualdad de oportunidades. Tengo en mis manos un hermoso folleto editado por el Instituto Andaluz de la Mujer, titulado “Trátame bien…”. Un interesante folleto de Fernando Gálligo Estévez que es autor del sugerente libro “SOS…Mi chico me pega pero yo le quiero”. Estupenda iniciativa. Para terminar quiero dirigirme a las mujeres. Porque no hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido (en este caso, la oprimida) mete en su cabeza los esquemas del opresor. Y lo haré con unas hermosas palabras de Mario Benedetti, tomadas de un poema que se titula “No te rindas”. “No te rindas, por favor, no cedas/ aunque el frío queme/ aunque el miedo muerda/ aunque el sol se ponga y se calle el viento/ aun hay fuego en tu alma/ aún hay vida en tus sueños/ porque cada día es un comienzo nuevo/ porque esta es la hora y el mejor momento/ porque no estás sola, porque yo te quiero”.
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November 26 2010, 10:00pm | Comments »
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Voracidad recaudadora
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/20/voracidad-recaudadora/
VORACIDAD RECAUDADORA Hemos recibido siete multas en menos de un mes. Todas por el mismo motivo. Por exceso de velocidad en un mismo punto de la autovía cuando regresamos a casa desde Málaga (A-7. P. Kil. 246 sentido C-Creciente. Málaga). Llevamos viviendo en esta casa casi veinte años y hemos transitado siempre por esa autovía sin ningún problema. Ni una multa en ese punto. Pero ahora hace falta recaudar dinero. No importa que no haya trabajo, que los sueldos se hayan recortado, que las familias estén endeudadas. Hay que recaudar. Y entonces se ponen “trampas” en las carreteras. Coches camuflados, rádares escondidos, señales arbitrarias… Trampas. Legales, eso sí. Una limitación a 80 en un lugar en el que se puede circular tranquilamente a 100 kms/hora, sin el menor riesgo para el conductor ni para los demás conductores o peatones es una trampa. La señal, que antes indicaba una limitación de 100, ahora se ha colocado con 80. Y cae la gente como moscas. ¿Por qué el cambio? ¿Había allí algún riesgo? ¿Se trata de prevenir accidentes? No. Se trata de recaudar. El radar es implacable. El motivo de la multa siempre es el mismo: “Circular a 100 kms/hora teniendo limitada la velocidad a 80 kms/hora…” Y tienes que pagar. Inexorablemente. No vale decir: es que no tengo dinero, es que cobro menos, es que tengo necesidades apremiantes. La finalidad de la multa no es eliminar los accidentes sino llenar las arcas vacías del Estado. Las multas han crecido en los últimos meses de forma exponencial. Me lo decía el cartero: - Antes repartíamos un lote de sobres con multas de este tamaño (hace con los dedos índice y pulgar de la mano derecha un gesto que señala dos centímetros). Ahora el lote es así (y muestra entre sus dos manos una distancia de 30 centímetros). Por supuesto, no recurro esas multas. Las pago con su reducción. Y alguien me dirá: - Si la señal indica 80, ¿por qué circula usted a 100? Pues muy sencillo, porque no puedo ir con la mirada clavada en el cuentakilómetros de forma permanente. Porque voy conduciendo prudentemente sin asumir riesgos. Porque en esa zona no existe peligro evidente. Porque se trata de una autovía. Porque he pasado por ese punto de la carretera durante veinte años sin problemas. Porque fabrican los coches para que circulen velozmente. - Ya lo sé. Tengo que conducir a 80 si hay una indicación que lo exige. Por eso he ido a pagar religiosamente. Pero tengo que discutir por qué ahora esta señal indica un límite menor, tengo que cuestionar si está colocada con lógica, si la han puesto ahí para protegerme o para machacarme. Y quiero añadir que ese rigor en tiempos de crisis es un atropello. Hay más. Cuando piden la identificación del conductor del vehículo sancionado, si no se hace a su debido tiempo, la sanción es de 900 euros. Antes, si mal no recuerdo era de 300. ¿Han subido en esa misma proporción los sueldos? Pero estos señores, ¿qué se han pensado? ¿Viven en otro país? ¿Saben lo que gana la gente? No hay derecho. ¿Cuánto dinero creen los legisladores que tienen las familias para hacer frente a esas multas? Porque las multas le llegan igual a un potentado que a un parado empobrecido por la crisis. Si aparcas mal, aunque sea durante dos minutos, la foto te mostrará de forma implacable la infracción. Claro que quien ha decidido la cuantía de la sanción, es probable que también haya decidido tener un lugar (de terreno público) para aparcamiento propio. ¿Cuál es la finalidad de las multas? ¿Es mejorar el tráfico? ¿Es recaudar fondos para las arcas del Estado? Esta política perversa lleva a que sólo importe evitar las sanciones y nada absolutamente conducir de forma responsable. El espíritu ciudadano debe llevarnos a cumplir con las normas, a respetar las señales, a ser civilizados. No se podría circular si cada uno hiciera lo que quisiera. Pero el espíritu ciudadano nos lleva también a cuestionar las normas arbitrarias y a exigir que se cambien. Esa actitud de conseguir el cumplimiento de las prescripciones a palo limpio no es muy educativa. Esa postura rabiosamente punitiva nos induce a burlar las normas cuando nadie nos ven. Porque parece que la finalidad del buen comportamiento no es el respeto al prójimo sino evitar las sanciones. He leído hace poco el libro “Heidegger y un hipopótamo van al cielo”, obra de los filósofos Thomas Cathcart y Daniel Klein. El subtítulo dice: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. De él recojo la siguiente historia. Kevin pensaba que estaba muerto, cuando en realidad estaba vivo. Su alucinación se convirtió en semejante problema que su familia finalmente pagó para que viera a un psiquiatra. El psiquiatra pasó varias sesiones de duro trabajo intentando convencer a Kevin de que seguía vivo. No parecía funcionar nada. Finalmente el médico intentó una última táctica Sacó unos libros de medicina y le mostró al paciente que los hombres muertos no sangran. Tras horas de tedioso estudio, Kevin parecía convencido de que los hombres muertos realmente no sangran. - ¿Estás de acuerdo en que los hombres muertos no sangran?, preguntó el médico. - Sí lo estoy, contestó Kevin. Entonces el médico tomó una aguja y pinchó el dedo de Kevin. Del pinchazo salieron unas gotas de sangre. El médico le preguntó: - ¿Qué te demuestra esto? - Dios mío, exclamó Kevin, mientras miraba su dedo con incredulidad, los hombres muertos sí sangran. Aunque vean sangrar a los ciudadanos, algunos políticos siguen manteniendo sus tesis. Aunque las evidencias del descontento sean palmarias no modifican sus planteamientos. Interpretan la realidad de manera que les de la razón. ¿Se convencerán alguna vez de que el fin de la política es servir a los ciudadanos y a las ciudadanas y no servirse de ellos y de ellas?
November 19 2010, 10:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
Jefes tóxicos en educación
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/13/jefes-toxicos-en-educacion/
La autoridad, para ser tal, tiene que estar al servicio de la comunidad. Hablo de autoridad, no de poder. La palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer. De modo que tiene autoridad aquella persona que ayuda a que los demás se desarrollen, que ayuda a crecer. Quien aplasta, humilla, engaña, silencia, castiga y, en definitiva y destruye, no tiene autoridad, sino poder. Leí hace tiempo un libro de Iñaki Piñuel, cuyo título sirvió de anzuelo para mi curiosidad: “Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas”. A juicio del autor, hay jefes (y jefas, digo yo) que no sólo no ayudan, ni estimulan, ni coordinan, ni alientan a los súbditos sino que los envenenan, destruyen, engañan, manipulan, humillan y “carbonizan”. La toxina es un veneno producido por los organismos vivos. Se entiende que el veneno, en este caso, es de naturaleza psicológica. Los efectos que produce en las víctimas el veneno que le inoculan los jefes (o jefas) perversos son de diversa naturaleza e intensidad: destrucción del autoconcepto, condena al ostracismo, anulación de estímulos, angustia, silencio, impotencia, rabia, desmoralización…. El jefe tóxico se siente superior, se cree superior. Los más acomplejados tienen que mostrar más claramente esa pretendida superioridad. Qué decir del jefe tóxico varón cuando tiene bajo sus órdenes a una mujer eficaz siendo él un inútil. La única forma que tiene de sentirse importante es anularla. No soporta que una mujer diligente, guapa y feminista (todas deberían serlo) le esté recordando a cada minuto su nimiedad, su incompetencia, su inutilidad. Si la puede eliminar, la elimina. Si la puede humillar, la humilla. Si la puede arrinconar, la arrincona. Porque es un miserable y un cobarde. La luz que desprende una mujer brillante deja al descubierto la basura que cubre al jefe misógino. Lo más triste es que haya mujeres que asuman tan rápidamente los esquemas mentales del mando machista autoritario. Qué triste. Habría que esperar de ellas un estilo de dirección más sensible, más inteligente, más honesto. Los jefecillos tóxicos suelen ser serviles con quienes tienen por encima en el escalafón. Son duros con las espigas y blandos con las espuelas. Una vez en el poder se vuelven cínicos, tramposos, déspotas, crueles. Existe para mí un criterio decisivo para valorar la actuación de un jefe: ¿a quién desea tener contentos, a los de arriba o a los de abajo? Si es adulador con quienes mandan y cruel con aquellos a quienes tiene debajo, yo creo que es un jefe tóxico. Los jefes tóxicos suelen actuar de forma casi natural en organizaciones tóxicas y aprenden fácilmente de otros jefes tóxicos a los que han visto actuar o de los cuales han sido víctimas. Los jefes tóxicos agresivos suelen ser tolerados y tratados con mucha tolerancia atribuyendo su actuación al hecho de ser “personas con carácter” o sencillamente con la explicación de que “son así” o de que “hay que aceptarlas como son”. Claro que, ante un jefe tóxico, la mejor forma de reaccionar es la inteligencia y el desdén. Los jefes tóxicos deben ser derrocados por el sentido común de quien los nombra o por la actitud democrática de quienes los padecen. En este sentido me preocupa la pasividad y la capacidad de aguante de algunos subordinados. Uno se pregunta si es que no se enteran o si es que les da igual todo. ¿Por qué se callan? ¿Por qué miran para otra parte? ¿Por qué se distancian de los críticos como si fueran estos los culpables? Estos emisores de toxinas son dañinos en cualquier organización pero en escenarios educativos son todavía más nefastos, porque rompen el núcleo esencial de la educación que es el cultivo de la dignidad de la persona. Mi pregunta es si la acción de los directores y directoras de las escuelas se dirige a finalidades educativas o si se enmaraña en el ejercicio de la burocracia, del control, del autoritarismo y de las intrigas. Tengo noticia de algunos casos preocupantes. Casos en los que la dirección es la fuerza que paraliza el cambio y la mejora, el punto negro de la institución. Quien dirige y, por consiguiente, debería esforzarse para que haya transparencia, participación, entusiasmo y compromiso, es el principal agente del descontento, de la arbitrariedad y de la injusticia. Me preocupa más todavía que, elevados por el profesorado los problemas de la dirección a las autoridades competentes, éstas miren para otra parte o den la razón de forma indiscriminada a quien ejerce el poder. Como si haciendo así las cosas se reforzase la autoridad. No. La autoridad no se gana así. La autoridad se gana con el trabajo, con el ejemplo, con la coherencia, con el diálogo, con la humildad. La estructura jerárquica del sistema educativo ganará en eficacia en todos sus niveles si entiende que quien está arriba debe ayudar a quien está debajo y no a la inversa. Se fortalecerán los ejes de la educación si quien manda pone todas sus fuerzas al servicio de la comunidad y no a la inversa. Si quien ejerce la autoridad se siente servidor y no amo. Alguna vez he hablado de las funciones ricas y de las funciones pobres de la dirección. Creo que podríamos ponernos fácilmente de acuerdo en definir que las tareas de representación, de burocracia, de control… son pedagógicamente más pobres que las dedicadas a cohesionar al equipo, a impulsar un buen proyecto, a coordinar los esfuerzos, a generar entusiasmo… ¿A cuáles de ellas se dedica más tiempo? El coche no avanzará si quien ha de ser el acelerador (del compromiso, de la honradez y de la mejora) se convierte en el freno que detiene o que disminuye el empuje. El ambiente no mejorará si quien tiene la responsabilidad de purificarlo y enriquecerlo es quien más toxinas desprende.
November 12 2010, 10:00pm | Comments »
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Los siempres de los jamases
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/06/los-siempres-de-los-jamases/
Resulta apasionante reflexionar sobre las vivencias del tiempo y de la memoria que tenemos las personas. Bergson hablaba del tiempo subjetivo y decía que no se derrite a la misma velocidad un azucarillo en un vaso de agua para quien tiene sed que para quien está saciado. No tienen la misma duración subjetiva los cinco minutos últimos de un partido para los seguidores del equipo que va ganando por la mínima que para los del equipo que va perdiendo. Para los primeros las manecillas parecen de plomo y para los segundos se diría que vuelan. El tiempo de reloj es exactamente el mismo para ambos, pero no lo es la vivencia que tienen del mismo. ¿Cuánto duran las vacaciones en comparación con el mismo tiempo de un trabajo monótono y aburrido? ¿Qué tiempo abarcamos psicológicamente cuando utilizamos la palabra jamás? En principio hablamos de toda la vida. Pero, en la realidad, no suele ser así. Cuando decimos jamás nos referimos habitualmente a “ahora mismo”. El tiempo es un metro de goma con el que medimos los estados de ánimo y la forma de pensar. El estupendo libro “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, termina con estas palabras: “No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada. Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres de los jamases. La belleza de este mundo”. Renée y Paloma (la pequeña que tenía como plan suicidarse y quemar la casa) tejen una historia hermosa que les permite descubrir la belleza de las pequeñas cosas y la magia de los placeres efímeros, de manera que inventarán un mundo mejor. Encuentran el camino de la felicidad gracias a la amistad, al amor y al arte. Paloma, la niña de doce años, que goza de una inteligencia extraordinaria, trata de vencer la desesperanza y lo consigue a través de la amistad con la portera Renée. ¿Cómo se buscan los siempres de los jamases? Reflexionando, observando cómo la rotundidad del jamás se quiebra fácilmente en las volubles decisiones de la voluntad. “Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores” es el título de un interesante libro de Douwe Draaisma en el que el autor nos habla sobre el paso del tiempo y las características de la memoria que lo almacena. La memoria, dice, es como perro que se acuesta cuando quiere y donde quiere. “En los relojes de arena, dice Draaisma, los granos se rozan tornándose cada vez más lisos. Hasta que finalmente pasan de un recipiente a otro casi sin fricción, puliendo cada vez más la apertura. Cuanto más viejo sea un reloj de arena., más rápidamente pasará la arena”. Desapercibidamente, el reloj de arena mide horas cada vez más cortas. En esa imperfección cronométrica se esconde una metáfora: “Pues también al ser humano los años, al repetirse, se le pasan cada ves más raudos, volando, hasta que finalmente se rompe la medida; también el ser humano se vuelve cada vez más permeable a las imperfecciones”. Estamos amasados por el tiempo que vivimos. Estamos hechos de fragmentos de tiempo. Y en el lenguaje, de manera constante, hacemos referencia al mismo: mañana, dentro de un momento, antesdeayer, hace un año, en las próximas vacaciones, cuando llegue el fin de semana… Cuando decimos jamás queremos expresar que nunca vamos a pensar, a decir o a hacer algo pero, muchas veces, no acaba siendo así. Y volvemos a pensar, a decir y a hacer aquello que en aquel momento tanto nos ofendía. - Jamás volveré a dirigirte la palabra, decimos con énfasis; pero, a las pocas horas, volvemos a hacerlo. - Jamás volveré a pensar en esa triste historia, afirmamos, pero pronto non invadirá de nuevo el recuerdo. - Jamás me volveré a enamorar, le decimos a un amigo después de un doloroso desengaño pero, al cabo de un tiempo, nos olvidamos de aquella promesa que pretendía ser eterna. - Jamás volveré a decir una mentira, le dice el hijo a su padre con plena convicción, sin caer en la cuenta de que pronto volverá a repetir el engaño. - Jamás te abandonaré, dice el marido a la mujer el día de la boda, sin tener en cuenta que el divorcio está ya asomando su cabeza en la relación. - Jamás volveré a fumar, dice el empedernido fumador, sin caer en la cuenta de la dificultad de hacer efectivo su aserto. - Padre, jamás volveré a pecar, dice el penitente que se confiesa cada semana. Hay “jamases” prospectivos como los que he puesto de ejemplo. Y otros que tienen carácter retrospectivo: - Jamás he dicho tal cosa ni nada parecido, dice quien reveló un secreto hace pocas horas. - Jamás pensé así, afirma quien se ha pasado media vida defendiendo esa tesis. - Jamás se me ha ocurrido una idea semejante, dice enfáticamente quien desea mostrarse alejado de una determinada idea. - Jamás se me ha ocurrido una tontería de ese calibre, dice quien de vez en cuando tiene la tentación de llevarla a cabo. - Jamás he visto a un personaje tan pintoresco como éste, dice quien está habituado a ver individuos raros. Por si el jamás no fuese suficientemente contundente añadimos para reforzar nuestra posición: jamás de los jamases. De ahí el aforismo español que dice: Nunca digas de este agua no beberé o este cura no es mi padre, que viene a decir que el concepto de jamás es quebradizo.
La rotundidad de la palabra jamás, se quiebra en los enrevesados vericuetos de la vida. El niño le desmonta la lección al papá con una endiablada pregunta: - A tu edad, yo no decía mentiras, le dice el padre al hijo proponiéndose como un perfecto y perpetuo ejemplo de vida. Y el hijo replica: - ¿A qué edad empezaste entonces, papá? Es probable que el papá le asegurase al niño que jamás había dicho una mentira. ¿Jamás? En los jamases y, sobre todo, en los jamases de los jamases, suele esconderse un siempre o un casi siempre.November 5 2010, 11:00pm | Comments »
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Mañana no será lo que Dios quiera
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/10/30/manana-no-sera-lo-que-dios-quiera/
Me llaman mucho la atención los latiguillos lingüísticos que utilizamos para atribuirlo todo a la voluntad divina más que a las decisiones humanas: “hasta mañana, si Dios quiere”, “ya estamos en casa, gracias a Dios”, “ iremos a veros el próximo verano, Dios mediante”… Creo que es más sensato, más responsable y más lógico pensar que somos nosotros quienes decidimos lo que hacer con nuestra vida, con nuestro futuro, con nuestra sociedad. Por eso me ha gustado tanto la frase que preside estas líneas, que pertenece a un poema de Angel González y que ha dado título a un libro del también poeta Luis García Montero. Un precioso libro lleno de historia y de lirismo en el que glosa la vida y la obra del poeta asturiano. “Tendremos los hijos que Dios nos mande”, dice el devoto matrimonio sin tener en cuenta que será su maternidad y su paternidad responsable quien ha de decidir el número de hijos que quiere o que debe tener. No los que Dios quiera sino los que ellos quieran tener. “Mi vida será lo que Dios quiera”, dice el joven fervoroso dejando a Dios la responsabilidad de su destino. No, querido, tu futuro dependerá de tu esfuerzo, de tu constancia, de tu coraje. “Tendremos la sociedad que Dios quiera”, dice el político creyente. Pues, no señor, tendremos la sociedad que nos labremos con nuestro trabajo, nuestra responsabilidad y nuestro sentido de la ciudadanía. Esta postura conformista e irresponsable hace que depositemos en las manos de Dios el quehacer que nos corresponde a los humanos. Hay en ella un fatalismo con el que no simpatizo. Como sucederá lo que Dios quiera, vienen a decir estas personas, da igual lo que nosotros queramos o hagamos. Todo está decidido en los divinos e incomprensibles arcanos, Creo que nosotros construimos la historia, colectiva y personal. Es nuestra responsabilidad hacer un mundo habitable. Dejar las cosas en manos de Dios equivale a que nosotros nos lavemos las nuestras. La e es un compromiso y no una deserción. Leí en El País y, si mal no recuerdo, en la columna de Rosa Montero, la historia de un señor que, al anunciarse un terrible temporal de lluvias, es invitado a subirse a un autobús que desalojará todo la ciudad. Él decide subirse a la planta alta de su casa y espera a que llegue la ayuda de Dios, porque se considera un buen cristiano y cree a pie juntillas que sus ruegos serán oídos. Las aguas crecen y llega una barca anunciando por un megáfono que seguirá lloviendo y que es la última oportunidad de salvarse. Pero él se aferra a su fe y sigue invocando la ayuda de Dio, convencido de que le salvará. Entonces sube al tejado de la casa. Cuando ya las aguas han ocultado las tejas llega un helicóptero y tiende una escalera de cuerda para que sea librado de una muerte segura. Pero él se niega a agarrarse a la soga, seguro de que Dios le salvará de morir ahogado. El helicóptero se va. Sigue lloviendo durante horas. Y el hombre muere ahogado. Al llegar al cielo se queja enfurecido a Dios: - Me has fallado, Señor. Te pedí con fe y devoción que me salvases y no lo hiciste. Y Dios le dice, reprochando su falta de cordura: - Que yo sepa, te mandé primero un autobús, después una barca y finalmente un helicóptero. Fue tuya la responsabilidad. He oído decir muchas veces: “Si Dios no existiera, esto sería una selva”. ¿Por qué? José Antonio Marina dice en su hermoso libro “Ética para náufragos” que la ética nace de un acuerdo que hacemos los seres humanos mediante el cual nos reconocemos una dignidad fundamental por el simple hecho de ser personas. Creyentes y ateos, ricos y pobres, listos y torpes, hombres y mujeres, feos y guapos, blancos y negros… Por el hecho de ser personas gozamos de una dignidad que nos hace acreedores de derechos. Por el simple hecho de ser personas merecemos el respeto de todos los demás y, en consecuencia, debemos tributar ese mismo respeto a los otros. Cuando un creyente dice que ayuda y respeta al prójimo porque ve en él la imagen de Jesús o de Dios está diciendo algo, a mi juicio, que empobrece su ayuda y su respeto. ¿Y si no viese en él a Jesús o a Dios? A quien de verdad considera importarle el creyente no es al prójimo sino a Jesús. Si ese creyente abandonase la fe, ¿ya no ayudaría ni respetaría a sus semejantes? Esa visión hace pensar que gracias a que existe otra vida debemos ser buenas personas en ésta. Yo pienso lo contrario, que hay que hacer todo lo posible porque las cosas vayan bien aquí. Fiar la felicidad al más allá ha hecho que algunos se olviden de que hay que buscarla en este mundo con todas las fuerzas. Por eso algunos dan por hecho que la defensa y la práctica de los valores y de la dignidad humana sólo se pueden desarrollar bajo el prisma de la fe. Pienso, por el contrario, que hay creyentes desaprensivos y agnósticos o ateos que practican una moral cargada de respeto al prójimo. En el libro de Thomas Cathcart y Daniel Klein titulado “Heidegger y un hipopótamo va la cielo”, que lleva por subtítulo “La vida, la muerte y el más allá estudiados con filosofía y mucho humor” se nos cuenta el siguiente relato, que no necesita el más mínimo comentario. Un hombre se cae a un precipicio y desciende unos treinta metros antes de aferrarse a una rama. La fuerza de sus manos se debilita cada vez más y en su desesperación grita: - ¿Hay alguien por ahí? - Mira hacia arriba y todo lo que ve es un retazo de cielo. De pronto las nubes se separan y un rayo de luz brillante cae sobre él. Una voz profunda retumba en el aire. - Yo soy el Señor, estoy aquí. Suéltate y te recogeré. El hombre se lo piensa un momento y luego grita: - ¿Hay alguien más por ahí?
October 29 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
El maestro del biblioburro
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/10/23/el-maestro-del-biblioburro/
Dice la profesora inglesa Joan Dean que, si los profesores compartiésemos las experiencias positivas que vivimos, encontraríamos una fuente inagotable de energía y de optimismo. No lo hacemos por un falso pudor, por pereza o por creer que lo que hacemos no tiene la misma importancia que las iniciativas que otros llevan a cabo. ¿Cuántas experiencias creativas, hermosas y emocionantes llevan a cabo los docentes en los diversos ámbitos de intervención del sistema educativo? ¿E, incluso, fuera del mismo? ¿Por qué no difundirlas y combatir así ese fondo de pesimismo que es tan nocivo y, por otra parte, tan antagónico con la esencia de la educación? Me han enviado un maravilloso documento pedagógico que quiero compartir con mis lectores y lectoras. Se trata de la iniciativa que hace varios años, diez aproximadamente, está llevando a la práctica un maestro colombiano llamado Humberto Luis Soriano Borges en La Gloria, Departamento de Magdalena (República de Colombia). Se trata de una biblioteca ambulante que se mueve a lomos de un burro y de una burra. La burra se llama Alfa y el burro se llama Beto. “Biblioburro” llama a su biblioteca andante este joven maestro. Él dice que hay niños y niñas que viven apartados de cualquier tipo de libros, ya que sus familias se encuentran diseminadas por los valles y perdidas en pequeñas aldeas de montaña. No llega allí ningún tipo de vehículo y ellos no tienen posibilidades de acudir a los centros de población en los que hay bibliotecas. Los fines de semana, el maestro Soriano, carga de libros las alforjas de Alfa y Beto y va con esos humildes tesoros al encuentro de los niños y de las niñas que los reciben con entusiasmo. El dice que pretende cultivar su imaginación, que pretende poner un poco de color en sus vidas grises. Él dice, que esos niños y niñas “atravesados por la violencia”, necesitan asomarse a las maravillas que encierran los libros. Es emocionante ver las caras de los niños y de las niñas leyendo los libros y haciendo ejercicios diversos después de la lectura. Es emocionante escuchar las opiniones que los padres y las madres de esos niños manifiestan respecto a la iniciativa del maestro.. - Espectacular, dice una niña entusiasmada refiriéndose al encuentro con Alfa y Beto. - Como los niños no pueden acudir a las bibliotecas, el maestro les trae la biblioteca a los niños, señala una mamá agradecida. Mi admiración por este maestro que no se somete a su horario ni está pendiente del reloj para medir su jornada. Él acude a visitar a los niños y a las niñas que, alborozados, celebran la llegada de la biblioteca. Me admira también que no se trate de una experiencia de un día o de dos, ocasional, pasajera, sino de un proyecto prolongado en el tiempo, que se ha hecho parte de la vida de esas personas a las que Paulo Freire calificaba de “los desheredados de la tierra”. Me pregunto por qué no hace el gobierno la tarea que este humilde maestro realiza en sus horas de descanso. ¿Por qué abandona el gobierno a esas criaturas que necesitan acceder a los bienes de la cultura en mayor medida que otras que tienen a mano muchos medios y recursos? ¿Por qué las ignora y las deja abandonadas a su suerte? Tiene que ser este soñador y sacrificado maestro el que realiza estas labores de rescate. Él tiene que brindar su preocupación, su sensibilidad, su tiempo y su dinero para suplir las carencias del Ministerio de Educación del país. Uno llega a pensar si no es verdad aquella antigua sospecha que muchos albergaban respecto al poder: ¿no le interesará que los ciudadanos y ciudadanos sean ignorantes? De esa manera no pondrán en solfa su actitud y sus políticas. De esa manera no pretenderán desalojarles del poder. Cuando contemplaba, emocionado, las imágenes a las que remito al lector o lectora (escriban en cualquier buscador la palabra biblioburro), pensaba en la desafección que muchos de nuestros escolares muestrean hacia los libros y hacia la lectura. ¿Qué nos pasa? Creo que la sobreabundancia nos ha saciado y ya no mostramos aprecio a bienes de los que otros carecen y que valoran en muy alto grado. Es muy significativo ver cómo reciben los niños y las niñas de estas aldeas al maestro y a sus burros y comparar esa actitud con el rechazo que algunos de nuestros escolares tienen hacia la lectura. He contado en alguna ocasión la anécdota que el fallecido y querido Eduardo Haro Tecglen transcribió en su entonces habitual columna de El País. Contaba que, estando haciendo una mudanza, un joven levantaba sudoroso en su casa una pesada caja de libros. Eduardo le dice: - Siento que tengas que hacer un esfuerzo tan grande. Los libros pesan y, además, la caja es excesivamente grande. Y el chico le dice: - No se preocupe por mí, Don Eduardo. Lo mío no es nada. Lo malo es lo suyo que tiene que leerlos. ¿Por qué este rechazo, por qué esta aversión, por qué esta actitud negativa hacia la lectura. Es preciso pensar qué estrategias didácticas utilizamos en las casas y en las escuelas. Y pensar si otros estímulos están conquistando las parcelas de curiosidad innata que tiene el ser humano. Es preciso pensar también si nuestra actitud hacia la lectura arrastra hacia los libros o aleja de ellos a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Porque no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Los niños y las niñas actúan como nosotros somos, no tanto como nosotros les decimos que tienen que actuar. Una persona que no ama los libros no puede contagiar el deseo de leer. El maestro colombiano de nuestra historia es una apasionado de la lectura, es un verdadero ejemplo de amor a los libros. Por eso contagia su actitud, por eso transmite tan eficazmente su emoción.
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October 22 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
Qué sinvergüenzas
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/10/16/que-sinverguenzas/
Hace unos días, llegué a casa ya entrada la noche. Tenía que preparar un largo viaje profesional. Preparé la maleta, los papeles y el power point de la conferencia, localicé el pasaporte, algo de dinero, cené algo y me acosté ya muy tarde. Encendí la televisión y, repasando las diferentes cadenas (por cierto, me alarmó la cantidad de adivinos, de brujas, de tarotistas, de videntes y otros seres de extraño y diverso pelaje que pueblan la noche televisiva), me detuve en Intereconomía porque una bonita presentadora estaba dirigiendo un juego en el que ofrecía 18.000 euros por contestar una simple y aparentemente fácil pregunta. - ¿Quién sabe el nombre de un ciudad española de nueve letras que coincide con el de una famosa orquesta? En la pantalla se ofrecía una pista interesante. El nombre de la ciudad española empezaba por M y acababa en N. Y, entre ellas, las rayitas de las otras siete letras en blanco. - ¡Por siete letras, tres millones de las antiguas pesetas!, decía la presentadora usando una deleznable expresión monetaria. - ¿Nadie lo sabe? ¿Alguien que no esté durmiendo quiere llamar?, añadía, sorprendida de que el teléfono permaneciera en silencio. En la pantalla se veía un cuadro de doble entrada con dieciséis letras entre las que se encontraban las que formaban el nombre de la ciudad y un teléfono negro. La mano de la presentadora sostenía el auricular haciendo el amago de que de un momento a otro iba a sonar y ella lo podría atender para entregar el generoso premio. Pensé inmediatamente en la ciudad de Mondragón. Y, quise comprobar el engaño. El número, que resplandecía con una iluminación intermitente y que la presentadora repetía sin cesar era el 905505050, como se verá, fácilmente memorizable. Me dije, sabedor de que contenía una trampa: voy a llamar, voy a tocar con mis propias manos al gato encerrado. Supuestamente, al marcar, la presentadora tendría que levantar el auricular diciendo: - Por fin, alguien ha llamado. ¿Conocerá el espectador la respuesta? Si es correcta, suyo es el premio. Pero no, no sonaba el teléfono de la pantalla sino que respondía una voz que, a toda velocidad, decía el coste de llamada desde fijos y móviles (un euro con cincuenta, si mal no recuerdo, desde mi fijo) y te decía que volvieras a intentarlo, que estabas a punto de ganar, que era tu noche de suerte. La presentadora insistía en la cuantía del premio y en la sencillez de la respuesta. Puso un reloj en pantalla que marcaba tres minutos mientras la presentadora invitaba a llamar. Pasaron esos tres minutos y no se acabó el juego. El relojito de marras apareció diez o doce veces. Mientras tanto, imagino, llamadas y más llamadas de los ilusos y codiciosos jugadores y jugadoras. ¿Cómo es posible que se mantengan esas trampas tan clamorosas, noche tras noche? Dio como tope las tres y media. Pasó esa hora con creces. Y el juego seguía. Aumentó la cuantía a 20.000 euros y luego a 22.000. Y luego añadió un extra de 500 euros, enseñando un billete de esa cantidad en las manos. La presentadora fingía un diálogo con la producción del programa que acababa siendo ridículo. Un engañabobos absolutamente elemental.. Dio más pistas: otra letra era la G. Y la colocaba en su correspondiente lugar. Las tres primeras eran MON. Por si quedaba alguna duda dio el nombre del artista y cantante Javier Gurruchaga, ligado a la orquesta Mondragón. Después la presentadora dibujó un dragón en una pantalla, para dar pistas. “La última parte de la palabra es un animal que echa fuego por la boca”, decía. Ya sólo quedaban tres letras. En definitiva, que era imposible fallar. Estaban preguntando por el color del caballo blanco de Santiago. Volví a llamar, y volvió a salir la voz acelerada que te invitaba a seguir llamando. “Es tu noche de suerte”. “Estás a punto de ganar”. “Llama de nuevo”. Luego dijo la presentadora que había cinco líneas abiertas. Y poco después diez líneas abiertas. Como si el problema fuese de líneas. Al cabo de una hora de dilaciones llamó alguien desde Bilbao. Una tal Edurne. Dio la respuesta correcta. Sin dirección, sin comprobación, sin garantía alguna de que la llamada no fuera falsa.¿Quién garantiza que esos organizadores no preparan la llamada de un tío, de un sobrino, de un amigo o de alguien que está en el estudio? ¡Como para fiarse! Qué robo, Qué mentira. Qué engaño. Qué timo. Qué sinvergüenzas. ¿Cómo no se denuncia este tinglado? Yo voy a dirigirme a la OCU para ver qué se puede hacer. Lo que se pretende (y se consigue, me imagino) es que se produzcan cientos y miles de llamadas inútiles para el que llama y muy rentables para el programa. Claro que nadie te obliga a llamar. Pero no hay duda de que se trata de un negocio fraudulento. No hay duda de que el juego está sustentando en una cadena de trampas. - No es verdad que nadie llame (y dicen que nadie llama) - No es verdad que sea el último minuto (y dicen que lo es) - No es verdad que si llamas te van a escuchar la respuesta (y lo dicen) - No es verdad que suban el valor del premio porque nadie llame (y lo dicen) - No es verdad que haya cinco o diez líneas abiertas (y lo dicen) - No es verdad que la presentadora tenga la mano en el auricular para recibir la llamada (y lo hace) - No es verdad el tiempo que dicen que va a durar el juego (y que reiteran y cambian a su antojo) ¿Cuántas llamadas se habrán producido durante el juego? Miles y miles. Hagan números. Es muy fácil. Me pregunto cómo hay gente que sigue y sigue llamando. Estar educado es tener un buen detector de trampas instalado en la cabeza. Pero no sólo es eso. Estar educado es sentir un compromiso con la sociedad y hacer lo posible para que esas trampas disminuyan o desaparezcan. Si uno es capaz de descubrirlas conseguirá no caer en ellas, pero es preciso que nos duela que caigan en ellas los demás. La educación tiene un componente ético esencial. La educación no pretende solamente que cada uno viva mejor sino que podamos vivir juntos en un mundo justo, hermoso y habitable.
October 15 2010, 11:00pm | Comments »