A crónica, dolorosa e interpelante, de hoje de Miguel Santos Guerra: El padre de una familia ejemplar acaba de fumar un cigarrillo después de haber dejado el tabaco cuando nació su hija. Su única hija. También en eso fue modélico. ¿Cuál es la causa de esa nefasta decisión? Lo explica el autor con palabras precisas: “Hace un rato, su hija le ha explicado las razones de tanto tiempo de silencio, mal humor, problemas, insomnio y discusiones: no soporta ser la única chica del instituto con padres no separados y les ha pedido, por favor, que se separen”. Con lágrimas en los ojos les ha dicho: “Quiero ser normal”.El cuento va describiendo el comportamiento responsable y amoroso de los padres con su hija. Y de ellos dice el relato:“Estuvieron muy atentos a la hora de evitar los excesos de la protección y lo resolvieron con frecuentes visitas a casa de los primos y un trato continuado con los vecinos y compañeros de escuela. Con semejantes precedentes nada hacia presagiar los dos últimos años que les ha tocado vivir”.Lo han hecho todo por ser unas buenos padres. Cuando comenzaron los problemas, hablaron con todo bicho viviente:“Hablaron con tutores, con profesores, con el director del instituto, que los remitió a un especialista. La conversación, que tuvo lugar en un consultorio tétrico, resultó enriquecedora. La mutación de la niña, afirmó el especialista, era perfectamente lógica y estaba documentada por una experiencia ancestral y toda clase de diagnósticos y estudios científicos. Así pues, ningún motivo para preocuparse”.Una vez que se desencadenaron los conflictos acudieron a un reputado neurólogo que les informó sobre la problemática de la adolescencia. Lo hicieron lo mejor posible. Con el mayor amor y con la máxima responsabilidad.“Cuando convenía dar un paso atrás lo daban. Cuando convenía marcarla más cerca, la marcaban. Al padre le dolía tener que admitir que había fracasado en una primera fase….. Ni la tensión de los peores momentos los desunió.No solamente han sido buenos educadores. Entre ellos han mantenido una relación llena de respeto y de amor, que ha podido servir de ejemplo para su hija.“Se quieren. Tanto que ya no les hace falta decírselo. Por eso, cuando el padre termina el último cigarrillo del paquete, se levanta y se abrazan, todavía sin decir nada. Hoy empezaré a buscar un piso para mí y hablaré con el abogado para que inicie los trámites. Y ella conmovida le dice: Voy a llamar a la niña para darle la noticia. Se va a poner muy contenta”.Es un cuento para pensar. Probablemente sea una historia de ficción pero cargada de significados. El primero se refiere a que en educación no sucede siempre que si A, entonces B. Lo que suele suceder es que si A, entonces B, quizás. Y es en ese quizás donde se esconden muchos problemas, muchas frustraciones y conflictos.El segundo comentario que quiero plantear es que la presión ambiental es tan fuerte sobre los adolescentes que les condiciona su forma de ser. El deseo de estar en la onda, en lo que todos hacen, viven y piensan no les deja ser ellos mismos. Por eso es muy importante el clima que se crea a través de la cultura. Cuáles son los valores dominantes. Cuando alguien quiere ser normal, ser como todos y esa “normalidad” es negativa, todo tira hacia abajo. Por eso es tan importante elevar el clima moral de la sociedad.El tercero tiene que ver con la decisión adoptada por los padres en beneficio de su hija. Pienso que el fin no justifica los medios. No todo se puede hacer por los hijos. Tenemos en España un detestable personaje televisivo que ha hecho célebre un disparate conceptual: “Por mi hija, mato”. No. No se debe ni se puede hacer todo por los hijos. Nadie es responsable de las reacciones patológicas de los demás.El cuarto tiene que ver con la velocidad de las transformaciones sociales. Los cambios son tan acelerados que lo que no hace mucho se consideraba normal, ahora es la excepción. Hemos cortado con el pasado y todavía no hemos definido el futuro. Esta sociedad ha sido denominada por Ulrich Beck como “la sociedad del riesgo”. Anthony Gidenns habla de “un mundo desbocado”. En este contexto, el pasado es obsoleto y el futuro está cargado de incertidumbre. Sólo hay “aquí y ahora”.Y un quinto comentario. En la mente de lectores y lectoras quedarán muchos otros. Me refiero a la utilización que han hecho los grupos conservadores del daño que recibían las personas que se salían de “su normalidad”. He oído muchas veces rechazar algunos avances de la sociedad invocando el daño que conlleva la marca social que deja en evidencia a personas que se acogen a ese avance. Se decía, por ejemplo, que los niños de padres separados eran mirados por los compañeros como individuos raros y anormales. Se decía, para rechazar a los pocos que no optaban por seguir la asignatura de religión, que serían discriminados y tachados de bichos raros…Cuando una mujer se convertía en madre soltera, decían que sufriría el rechazo de los vecinos. En lugar de poner en solfa a los desacreditadores, a los discriminadores, a los intransigentes, ponían en tela de juicio el proceder de los discriminados.Falsos argumentos. En primer lugar porque el respeto ha de manifestarse a todas las personas, a las que están en mayoría y a las que pertenecen a la minoría. En segundo lugar porque, como en el caso de la chica del cuento, no se les ocurriría ahora aconsejar la separación de cónyuges que se quieren para evitar la marca de ser una despreciable excepción..Fonte
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Quero Ser Normal ou 'desgraça' deste tempo
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February 12 2011, 4:06am | Comments »
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Tu Trabalhas Para Mim ou a relação perversa
http://terrear.blogspot.com/2011/01/tu-trabalhas-para-mim-ou-relacao.html
A crónica de hoje de Miguel Santos Guerra que estará connosco (UCP, Porto), a 9 de Março, numa conferência sobre auto-avaliação de escolas.La relación entre padres y madres y sus hijos e hijas adolescentes suele ser problemática. No es fácil tratar con alguien que ha dejado de ser niño y todavía no es un adulto, aunque él se lo crea. No es fácil. hacer frente a las exigencias, a las pretensiones y a las desconsideradas y agresivas actitudes de quien hace poco fue un bebé y ahora se erige en mandamás. Ya sé que no se puede meter en un saco a todos los adolescentes como si todos y todas fueran iguales. Algunos, no sé si muchos, plantean a sus progenitores sus exigencias como si todo se les debiera y mantienen unas actitudes violentas, que tienen poco que ver con el necesario respeto y la debida consideración. Gritan, exigen, juzgan, sin tener en cuenta la historia y circunstancias de quienes les están educando. Han aprendido derechos, pero no saben de obligaciones.Siendo profesor de bachillerato le oí decir a un adolescente, dirigiéndose a su padre::- Trabaja, cabrón, que trabajas para mí.Me duelen, me indignan y me preocupan estas posturas exigentes y altaneras, mantenidas algunas veces ante personas que han sufrido mucho y que se han esforzado al máximo por ofrecerles lo mejor.Me escribe una madre y profesora cuyo nombre y procedencia voy a silenciar por motivos obvios, contándome una experiencia personal que ha vivido recientemente con su hijo mayor. Aunque los hechos son reales, todos los nombres son supuestos. Esta madre, se carga de razones cuando le recuerda a su hijo lo que ella ha vivido y lo contrasta con la situación de privilegio que el hijo está viviendo. Estas son las palabras que le dirige en una carta, después de aguantar sus gritos y descalificaciones:“Querido Javier: cuando te enojes conmigo por algo, en lugar de gritarme, amenazarme o insultarme, tómate la molestia al menos de preguntar por qué hago lo que hago.Tengo cincuenta años de razones para explicarte mi actitud con el abuelo. Nunca fue un buen padre. Me hizo trabajar desde los 5 o 6 años en trabajos muy pesados, como cuidar animales, hacer quinta, cosechar maíz… Recuerdo que lloraba de frío arrastrando una bolsa pesada que casi podía conmigo…Siempre me pegó terribles palizas, con la mano, con palos, con sogas. Toda la infancia tuve las piernas llenas de moretones de las palizas que me daba. La última la recibí a los 15, porque no me había presentado a unos exámenes. De castigo me quitó toda la ropa y unas sandalias rojas y unos suecos y los partió con el hacha (…).Todas las chicas usaban minifaldas, nosotras teníamos que usar las polleras por la rodilla y ropas con mangas. Parecíamos de asilo. A los 15 años me depilé por primera vez las cejas y papá me dio una tremenda cachetada y me dijo que parecía una puta. Como éramos muy pobres y no teníamos más que para comer, mis abuelos y sobre todo la tía Laura nos hacían de papá Noel y de Reyes Magos y nos regalaban esas cosas que tanto deseábamos: una malla, unas sandalias, algún vestidito y golosinas. Cuando Mi tía Laura se iba, papá hacía una pila con todo lo que nos había traído y le prendía fuego… Lo mismo hacía con nuestros pocos juguetes, también regalados por nuestros abuelos, si los llegábamos a dejar tirados.Recuerdo que para el día de mi primera comunión (tenía 6 años) mi madrina me había regalado una preciosa muñeca. Mi hermana, que era muy chiquita, la dejó por ahí. Nunca más la vi. Él la quemó al día siguiente de mi comunión.A los 16 años me fui de casa a una comunidad religiosa (la de la tía Victoria) no porque tuviera ninguna vocación sino porque quería irme lejos de papá y que nunca más volviera a pegarme ni tuviera ninguna autoridad sobre mi. Solo iba de visita dos veces al año. Todo lo que soy lo hice a pulmón y gracias a mamá y a la comunidad de la tía Victoria.Tuve la mala suerte de que mamá estuviera en una silla de ruedas toda mi vida. Yo solo tenía nueve años cuando quedó paralítica. Ella ni siquiera pudo ir a llevarla. A los 28 volví. Y estuve dos años en el campo. Trabajando por supuesto y gratis o mejor dicho por casa y comida. Le ayudé a construir el negocio y lo atendía el día entero todos los días incluidos los domingos. Esos dos años también tuvimos muchas peleas, solo que ya no podía pegarme. Esto son solo algunas pequeñas cosas personales.Me olvidaba contarte que al igual que mis hermanos, siempre estuve cuando me necesitó. Pero esta vez me cansé. Estoy harta de abuso y manipulación. No puedo sentir ninguna ternura por alguien que siempre fue increíblemente egoísta. Dirás que por qué pasan estás cosas ahora. Es que no está la abuela. Ella que fue la persona más increíble que conocí, con la cuál nunca jamás tuve ningún pero, hizo siempre de paragolpes. Estuvo siempre en el medio para apaciguar y consolar, para aconsejar y proteger, para querer a cada uno como cada uno era.Siento contarte estás cosas. Pero si eres un adulto para gritarme y para poner en tela de juicio lo que hago también lo eres para saberlas. Es tu abuelo. Con eso no me meto. Quizás como abuelo trate de redimir todo lo que no fue como padre. Ahora te pido que hagas un repaso de tu vida y veas si le encuentras algún parecido con la mía. Dios te regalo un padre que es un lujo. Quizás al leer esto puedes entender lo que vale.Siempre envidié el padre que tenéis. Un abrazo. Te quiero mucho. Mamá”.Esta madre ha puesto la cruda verdad ante los ojos de su hijo. Es necesario, a veces, plantear con esta claridad las cosas. No se debe mantener a los hijos adolescentes en una perpetua infancia. Deben saber lo que es la vida. Deben saber dónde están los límites. Hay que bajar a los adolescentes de las nubes de sus fantasías a la realidad de la tierra.Fonte
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January 22 2011, 6:36am | Comments »
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O Taxista de São Paulo
http://terrear.blogspot.com/2010/03/o-taxista-de-sao-paulo.html
Todo el mundo sabe que los taxistas son una fuente inagotable de preguntas y de respuestas. Cuántas sabrosas conversaciones se habrán producido en el trayecto solicitado y convenientemente pagado. Trayecto que resulta siempre corto para el taxista y siempre largo para el usuario.Cuántas cosas hemos aprendido de los taxistas y, probablemente, cuántos taxistas se habrán doctorado en el currículum variopinto de la vida al volante de un vehículo que se ha convertido en el modus vivendi. No hay filtro alguno para las personas que suben a un taxi. En él se desplazan eminencias deslumbrantes y zafios concienzudos, ancianos venerables y jóvenes atolondrados, borrachos impenitentes y monjitas atónitas... De la misma manera que existe todo tipo de pasajeros, existe una variedad ilimitada de taxistas.Coincidí con un taxista atribulado en el trayecto que separa el aeropuerto de Guarulhos (Sao Paulo) al céntrico Hotel Pergamon de la ciudad. Tuvo tiempo para explicarme que hacía un año, una pasajera que se identificó como psicóloga le dio un conejo que, en la primera ocasión que se le presentó, llevó fielmente a la práctica.Me cuenta el taxista que tiene tres hijos. El mayor ha terminado la carrera. Trabaja, tiene un salario mejor que el suyo y vive en la casa cómodamente a costa de los padres. Los dos menores están estudiando. Pues bien, la psicóloga le aconseja que hable con el hijo mayor porque no está bien, a su juicio, que el chico siga viviendo en la casa como un gorrón sin contribuir al elevado costo que conlleva mantener una familia numerosa. No es sólo por el bien de la familia, es por el bien (educativo) del hijo. El hijo sabe cuál es el tiempo que el padre dedica al trabajo: catorce horas diarias, incluidos domingos y festivos (De hecho yo utilizo el servicio un domingo a las diez de la noche). Sabe que tiene que trabajar incluso estando enfermo porque la familia no puede vivir sin su trabajo. El taxista me cuenta:-Con las mejores palabras, le dije al hijo que debía colaborar, aunque sólo fuese pagando el gas o la luz. Me miró de tal manera que inmediatamente le dije que se olvidase de lo que acababa de oír."De tal manera", me explicó seguidamente, quería decir con desconcierto, incredulidad, desaprobación, desprecio y reproche. El hijo sigue en la casa. Disfruta de su coche deportivo, ahorra su dinerito y comparte vacaciones con su pareja. El hijo se beneficia del trabajo extenuante de su padre y de su madre. El hijo sólo piensa en sí mismo.-Es muy buen chico, dice el padre, pero ha salido muy egoísta.¿Se puede ser bueno y egoísta a la vez? He aquí el problema. El problema es que estamos haciendo hijos egoístas, jóvenes egoístas, ciudadanos egoístas. Si esta es la actitud del hijo del taxista con su familia, ¿qué hará con desconocidos?Alguna vez he contado la historia de una madre que pide limosna con su hijo mientras ésta se lamenta por la vergüenza que da pedir y por la insolidaridad existente. El hijo, que ya ha tomado postura en la vida, le dice a la madre:-Mamá, tu no te preocupes por mí porque yo el día de mañana voy a ser multimillonario y tú ya sólo tendrás que pedir para ti sola.¿Cómo se construye esta actitud de egoísmo desmedido? ¿Cómo de padres generosos y sacrificados pueden proceder hijos egoístas y perezosos? La respuesta no es fácil. En educación no sucede que si A, entonces B. Lo que realmente sucede es que si A, entonces B, quizás.Voy a apuntar algunas posibles causas de este preocupante fenómeno.Una causa es la postura educativa que sólo pone el énfasis en los derechos. Como si éstos no tuviesen responsabilidades correlativas.La segunda es una relación paterno filial que descansa en la satisfacción de todas las demandas, exigencias y caprichos de los hijos.Una tercera causa es la estúpida emulación con otras familias, a las que se quiere ganar a la hora de mostrarse generosos o magnánimos con los hijos. "Si les damos más que nadie, demostraremos que los queremos más que nadie".Otra causa es el "egoísmo familiar", que cultiva y potencia una actitud de generosidad "ad intra" y una falta de sensibilidad y compasión sin límites a los que están fuera de ese pequeño círculo. La quinta es la hipertrofia del individualismo cuyo germen reside en la entraña de la cultura neoliberal. Cada uno debe ir a lo suyo.Pienso en una sexta causa que es la demolición que ha sufrido el concepto de autoridad. La ley del péndulo nos hace pasar de unas posiciones extremas (autoritarismo) a otras igualmente inaceptables (libertinaje).En el año 2005 se presentaron en España 6.000 denuncias por malos tratos de hijos a padres. (Y eso que muchos padres no tienen el coraje de denunciar a sus hijos por miedo, por vergüenza, por no empeorar la situación, por complejo de culpa...). El crecimiento de estos fenómenos es de naturaleza exponencial. Javier Urra, que fue el primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, acaba de escribir el libro "El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas". En él nos advierte del peligro de una educación basada en la sobreproducción y el libertinaje, no en la autoridad, la competencia y la confianza. "De hijos consentidos, adolescentes agresivos", dice lapidariamente.El taxista brasileño se lamentaba de la situación y, a la vez, mostraba su origen.-No le diré nunca a mi hijo que se vaya de casa.¿Por qué? ¿No puede vivir por sí mismo? ¿Tiene derecho a seguir viviendo a costa de quienes gozan de una situación peor que la suya? ¿Pueden convertirse impunemente en un ejemplo funesto para los hermanos menores? Cuando su padre no pueda seguir trabajando, ¿tendrán que mendigar los demás para él? El taxista me dijo que lo iba a intentar de nuevo. Espero que no vuelva a contarle a otro pasajero una nueva decepción, seguramente más dolorosa. Suerte, amigo.Miguel Santos Guerra
March 20 2010, 6:09pm | Comments »
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Os Pais ajudam hoje mais do que nunca os seus filhos maiores
http://terrear.blogspot.com/2009/12/os-pais-ajudam-hoje-mais-do-que-nunca.html
Los padres de mediana edad ayudan hoy más que nunca a sus hijos ya crecidos, señala un estudio de la Universidad de Purdue. Y lo hacen con todos ellos, incluso con aquéllos que no tienen problemas o que han tenido más éxito. Esta actitud, que está jugando un papel crítico en la transición de la adolescencia a la edad adulta de los descendientes, se debe a que en la actualidad los hijos necesitan de una gran preparación para empezar a trabajar y al retraso con que los hijos establecen su propio patrón de vida. Todo conlleva un gran coste en términos de dinero, tiempo e inversión emocional para los progenitores.Texto integral
December 11 2009, 6:13pm | Comments »
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Carta aberta a um Pai Desesperado
http://terrear.blogspot.com/2009/10/carta-aberta-um-pai-desesperado.html
A crónica de hoje de Miguel Santos Guerra, cheia de humanidade. Querido amigo:Imagino lo que estarás pasando. Un dolor tremendo, una angustia que te atenaza y una vergüenza profunda que te hace guardar silencio cuando se habla de los hijos. Sospecho lo que estarás pensando: ¿qué hicimos mal?, ¿en qué nos equivocamos?, ¿por qué hemos tenido tan mala suerte? Conoces a otros padres que se preocupan muchos menos que vosotros por la educación y tienen unos hijos ejemplares. Además, tú tienes otros hijos con los que no puedes estar más satisfecho. Estudian, saben comportarse, son cariñosos, tienen proyectos de futuro atractivos y exigentes.Pero este hijo tuyo, como tú dices, “te va a matar”. No sabes qué hacer. Lo has probado todo. Mano dura, mano blanda, mano nula, las dos manos… No responde a ningún estímulo. Ni a los premios ni a las amenazas, ni a los elogios ni a los reproches, ni a las caricias ni a los empujones.Te desespera su pereza ilimitada que llena el Boletín de Evaluación de suspensos, te irrita su desvergüenza en el trato con vosotros y con los demás, te alarma su falta de responsabilidad, su afición al alcohol y –por lo que sospechas- a la droga. Te asusta su falta de preocupación respecto al futuro.Te preguntas qué es lo que va a ser de él en la vida. Sobre todo, cuando tú no estés. Te horroriza dejar como herencia un delincuente y un inútil. Te has estrellado contra todas las paredes. No duermes pensando en tu hijo. Te dan ganas, a veces, de darle una patada en el trasero y de decirle: lárgate y déjanos a todos en paz. Pero, claro, es tu hijo. Lo quieres. Te sientes en la necesidad de ayudarlo. Por responsabilidad. Por amor.He visto muchos casos en los que el tiempo ha secado todas las lágrimas, en los que el hijo (o la hija) han reconocido que han estado en un plan imbécil durante demasiado tiempo y que se han puesto a trabajar y a comportarse, recuperando incluso el tiempo perdido. He visto casos en los que, sin saber por qué, el desvergonzado que, incluso con profesor particular, cosechaba calabazas a espuertas, viene ahora cargado de sobresalientes. Hay que esperar. No hay que perder la paciencia. No hay que perder la esperanza. No hay que arrojar la toalla. Si no crees tú en tu hijo, ¿quién va a creer en él? Ya sé que te ha defraudado miles, millones de veces. Pero aún queda la próxima vez. Dice Fhilippe Merieu que “la educabilidad se rompe en el momento que pensamos que el otro no puede aprender y que nosotros no podemos ayudarle a conseguirlo”.Tienes que saber que hay hijos e hijos. Es decir, que cada uno es un mundo y que cada uno tiene su libertad y su responsabilidad,. Y la usan como saben o como quieren. O no la usan. Hace poco leí un libro que se titula “La educación de los hijos como los pimientos de Padrón”. Su autor es Emilio Pinto y en la Introducción explica la segunda parte del famoso dicho aplicado a los pimientos de la ciudad coruñesa de Padrón: “Unos pican y otros no”.Hay que esperar sin dejar de hacer las cosas que se tienes que hacer. Ahí tienes el libro de Javier Urra “Educar con sentido común”. Te puede ayudar. Mantén abiertas las puertas del diálogo para cuando él se decida, que se decidirá. Sigue siendo para él un ejemplo. No pierdas la esperanza en lo que puede hacer. Él no está para ti ni para nadie. Pero tu siempre tienes que estar.Lo has hecho bien, pero no todo está en tus manos. Te has esforzado, no te atormentes. Hay una parte, muy grande y muy decisiva en la educación, que le corresponde al educando. A veces lo olvidamos. Piensa en tus otros hijos, Has sido el mismo padre con ellos y, sin embargo, ellos sí han reaccionado.Desecha cualquier idea masoquista y ridícula como la de que estás pagando por algo que has hecho mal. No es así. Seguro. Aunque hayas hecho cosas mal. No existen esos ajustes de cuentas en la mesa de la vida.No lo compares más allá de lo que todo el mundo ve, que es bastante. No insistas, porque no se consigue el efecto pretendido sino el contrario. Cuando tú dices “mira a tu hermano”, él lo mira, pero no para imitarlo sino para destruirlo. Porque la buena conducta de su hermano afea la suya.Tu hijo no es tonto,. Sabe que lo está haciendo mal, pero no quiere dar su brazo a torcer. Quizás esté buscando un protagonismo que no alcanza por otras vías. No entres en su juego. Te reta, te provoca. Arremete contra ti de mil formas. (¿Contra quién lo iba a hacer, contra el tendero de la esquina?).Sigue en contacto con el tutor. El te necesita y tú lo necesitas. Si existe alguna posibilidad de conseguir algo, es desde el trabajo conjunto de los padres y de los educadores-Sigue siendo su padre. Si te conviertes en su amigo, lo dejarás huérfano.. Y síguelo queriendo porque, como le decía aquel hijo a su padre: “Papá, quiéreme cuando menos me lo merezco porque es cuando más lo necesito”,. El amor es gratuito. Y como decía María Zambrano, hay cosas que sólo el amor consigue.Tu paciencia tiene que ser un poco más grande que su obstinación. Sigue creyendo en él. Y lee el hermoso libro “Las cosas que no nos dijimos”. Es muy hermoso. Vas a disfrutar. Un abrazo.Fonte
October 24 2009, 9:33am | Comments »
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Pai e Filho - Cat Stevens
http://terrear.blogspot.com/2009/03/pai-e-filho-cat-stevens.html
por dedicação de RQ
March 19 2009, 1:54pm | Comments »
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