Cada día me sorprendo más de la facilidad con la que los seres humanos nos dejamos guiar por supersticiones de todo tipo. Basta ver la televisión por la noche para comprobar la cantidad de adivinos, de echadores de cartas, de tarotistas, de magos y de videntes que pueblan la televisión a esas horas proclives a la seducción..
Lo que más me preocupa no es que haya todo este tipo de programas sino que haya espectadores que los siguen. Porque el círculo se cierra de una manera consistente: hay programas de ese tipo porque tienen audiencia y hay audiencis porque se proyectan este tipo de programas. La mejor manera de acabar con ellos es apagar la televisión. Solo hay una forma de romper ese círculo vicioso: tener personas mejor educadas.
Las cartomantes (hay más mujeres que hombres, no sé por qué) viven de sus intuiciones gracias a la credulidad de las personas. Ganan dinero, esa el la clave. No se dedican a lo que se dedican por amor al conocimiento o por acendrado altruismo. Lo hacen porque viven de sus mentiras. No tienen toda la culpa ellas. La mayor parte de la responsabilidad está en quienes acuden, a veces a la desesperada, a pagar esas fraudulentas informaciones.
No sé si habrá algún vidente honesto. Puede ser. Puede haber personas que se crean sus propias mentiras. También puede haber ingenuidad en el otro lado. Pero, en la mayoría de los casos, vender esos informes como si fueran ciencia, es de un cinismo descarado.
De vez en cuando recibo en el móvil un mensaje de alguna vidente que me invita a utilizar sus servicios “profesionales”. En estos momentos de crisis se está incrementando este tipo de indignantes intromisiones. He aquí el último: “Estamos en año nuevo, mi videncia me habla de cambios importantes que deves (sic) saber para tomar la decisión. Llama y te ayudaré. Serás feliz”. ¿Cómo me puede hacer creer esta mujer que su “videncia” le ha ofrecido información sobre mi vida sin conocerme de nada? ¡Qué cara más dura! ¿Cómo se ha hecho con mi número de teléfono? ¿Por qué se toma la libertad de escribirme? La verdad es que siempre me dan ganar de contestar y decir cuatro cosas a la entrometida. Pero pienso que es entrar en su juego. Ellas mandarán miles de mensajes y algunos cientos de incautos se pondrán en contacto con estas embaucadoras.
Este hecho me hace formular una pregunta que nunca he sabido responder: ¿cómo puede alguien fiarse de estos personajes y responder a la invitación?
¿Cuántos nexos causales se establecen sin rigor, sin exigencia intelectual alguna? Comemos las doce uvas en el filo de la Nochevieja con la esperanza de que esa costumbre, asegure la prosperidad y la felicidad. Pocas personas saben que esa costumbre tiene un origen puramente económica. En 1909 hubo una cosecha que produjo excedente de uvas. Y los cosecheros idearon la forma de solucionar el problema… ¿Hay alguna constancia de que se produzca la conexión doce uvas en las doce campanadas-felicidad en el nuevo año? Algunos futbolistas entran en el campo tocando el césped y haciendo dos o tres veces la señal de la cruz. ¿Han podido comprobar alguna vez que ese gesto les ayuda a marcar un gol o a ganar el partido? Algunos pasan el décimo de la lotería por no sé cuántas partes del cuerpo. ¿Tienen alguna constancia sobre el proceso atributivo que le asegura la suerte?
Ya sé que no todo es lógica en la vida. Ya sé que hay sentimientos, emociones, intuiciones y creencias. Pero también hay ingenuidad, estupidez y manipulación. Hay personas que se benefician de la credulidad de otras. ¿Cuántas personas utilizan los servicios de videntes y echadores de cartas? Más complicado es engañarse uno a sí mismo. Y dar por buenas supersticiones a todas luces irracionales.
La explicación a tanta credulidad la podemos encontrar en esa ilógica sospecha que se esconde en nuestros corazones. ¿Y si fuera verdad? He leído un estupendo libro de Sergi Pamiés que tiene por título el que figura en estas líneas. Tienes que esperar al último párrafo del libro para ver de dónde procede la idea. “He oído en la radio que si te comes un limón sin hacer muecas, todo lo que desees se cumplirá, pero me da miedo probarlo, hacer muecas y que ningún deseo se haga realidad”.
Es el trasfondo de esta anécdota que no sé dónde leí hace tiempo. Niels Borg, premio Nobel de Física, fue visitado en su cada por dos periodistas. En un momento de la entrevista, uno de ellos preguntó:
- ¿Usted cree que las herraduras colocadas en las puertas de las casas, ¿traen suertes a quienes habitan en ellas?
-No, contestó el científico. No puedo creer en esas supersticiones desde mi condición de investigador.
- Sin embargo, ¿usted tiene una herradura en la puerta de su casa?, inquirió uno de los periodistas.
- Eso es otra cosa. Porque me han dicho que las herraduras en las puertas de las casas traen suerte incluso a quienes no creen en ello.
De cualquier manera, como en tantos otros asuntos problemáticos, la solución a estas manipulaciones está en la educación. Creo que una de las finalidades de la educación es ayudar a que las personas dependan menos de supercherías y más de la lógica. Es lo que Paulo Freire definía como pasar de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. Las personas con mayor formación son menos dependientes de supersticiones.. Está claro: contra superchería, educación.
A medida que la ciencia ha ido avanzando, han ido retrocediendo las supersticiones. Por eso considero tan importante la educación. Sin educación las personas son más fácilmente manipulables. Cuántas veces los hechiceros han engañado a los miembros de la tribu con explicaciones falsas e interesadas. Si esos ciudadanos y ciudadanas hubieran estado bien formados, les habrían mostrado con fuerza el dedo corazón.
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Si te comes un limón sin hacer muecas
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2011/01/08/si-te-comes-un-limon-sin-hacer-muecas/
January 7 2011, 10:00pm | Comments »
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Pastillas contra el dolor ajeno
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/18/pastillas-contra-el-dolor-ajeno/
Basta leer cada día los titulares de los periódicos para comprobar que las malas noticias son indefectiblemente la noticia. “Dale la vuelta al periódico, que viene el niño”, le decía el marido a la esposa para evitar el escándalo. Un hecho luctuoso, un terremoto, una catástrofe, una huelga, una violación, un atentado, un asesinato… serán las noticias que ocupen la primera plana. Con longitud y cuerpo de letra proporcional a la magnitud del desastre. Si un hecho tiene una vertiente negativa, esa será la que ocupe el titular. Se han publicado los resultado del Informe PISA 2009. ¿Alguien ha visto como titular el dato de que España sea el segundo país con el sistema equitativo más equitativo de los 65 países evaluados? Los titulares son otros: “seguimos instalados en el suspenso”, “nuevo fracaso del sistema educativo español”… Se magnifica la maldad. ¿Dónde están los hechos maravillosos y silenciosos que produce constantemente la solidaridad humana? ¿Dónde están los gestos compasivos de muchas personas que, en plena crisis, están ayudando a otros más necesitados? No suelen hacerse presentes. La bondad no vende. La verdad no está en el escaparate. Por eso quiero destacar en estas líneas la hermosa iniciativa que Médicos Sin Fronteras ha puesto en marcha recientemente. “Pastillas contra el dolor ajeno” para ayudar a enfermos olvidados. Se trata de unas cajitas (la que tengo delante de mí es de color rojo) con seis caramelos mentol-eucalipto sin azúcar que se venden en farmacias, que valen un euro y cuyo beneficio será destinado íntegramente al tratamiento de enfermos olvidados. Las enfermedades que pretende atajar el dinero proveniente de la venta de las “Pastillas contra el dolor ajeno”, son: malaria, Chagas, kala azar, enfermedad del sueño, sida infantil y tuberculosis. Seis enfermedades, seis pastillas. Una pastilla para cada enfermedad a la que destina el dinero Médicos Sin Fronteras. El logotipo que lleva la caja es original y significativo. El signo x multiplica una pastilla por un corazón. En el prospecto que, como todo producto vendido en farmacia, acompaña a las pastillas se puede leer: “En el primer mundo, si te duele algo, hay pastillas para mitigar cualquier dolor. Pero…, ¿qué pasa si lo que te duele es el dolor ajeno, el dolor de los que no tienen pastillas para curar su sufrimiento? ¿No es genial que, nosotros que tenemos pastillas para casi todo, podamos tomarnos una para calmar el dolor de los que no tienen?”. Y termina haciendo una incisiva pregunta: ¿Cuánto dolor ajeno sufres? No sé a quién se le habrá ocurrido esta hermosa idea. Pero, sea quien sea, merece nuestras felicitaciones. Es una pena que su nombre no sustituya al de tantas personas que se hacen famosas por no tener ideas o por tener ideas que se convierten en insultos, en agresiones, en calumnias y en mentiras. Me alegra mucho saber por mi farmacia de La Cala del Moral que la iniciativa está funcionando a las mil maravillas y que se han agotado todas las cajas que tenían. Esto me lleva a subrayar no sólo la excelente idea de Médicos Sin Fronteras sino el eco que ha tenido entre las muchísimas personas que hay sensibles al dolor ajeno. No puede dejarnos indiferentes tanto sufrimiento, tantas muertes fácilmente evitables. Cada día mueren en el mundo 8.000 personas a causa de enfermedades que pueden curarse. Somos ciudadanos y ciudadanas del mundo. Todos los seres humanos pertenecemos a una misma familia. Cada uno es depositario de una dignidad infinita por el hecho de ser persona. ¿Cómo volver el rostro con indiferencia ante su dolor? ¿Cómo no contribuir de esta manera tan sencilla a aliviar ese sufrimiento? El prospecto contiene también otras interesantes reflexiones. Por ejemplo: Indicaciones: “Las pastillas contra el dolor ajeno son indicadas para el tratamiento sintomático del dolor ajeno de intensidad alta, leve o moderada. El principio activo de las pastillas contra el dolor ajeno es el amor… Este principio es parte de un gesto humanitario que actúa directamente en las zonas más necesitadas y su gen es ayudar a aquellos que lo necesitan”. Dosificación: “Ya seas anciano, adulto o niño, cuantas más pastillas consumas más ayudarás a los enfermos olvidados. Comparte ese dolor ajeno con la gente que te rodea”. Caducidad: “Nunca es tarde para ayudar. Médicos Sin Fronteras cuenta con el apoyo de 3.8 millones de socios y colaboradores en todo el mundo y más de 487.000 en España Gracias a gente como tú, podemos decidir libremente dónde y cuándo intervenir, en función de las necesidades, y no de intereses políticos, económicos o militares”. Ya sé que estas formas de ayuda no resuelven los problemas estructurales que genera la desigualdad y la injusticia en el mundo. Pero argumentar que estos son paños calientes que no remedian el problema de fondo no es más que una triste y pobre excusa. El que no podamos resolver todo el problema no significa que no debamos hacer algo por aliviarlo. Sentir el dolor de los demás, sentir compasión por los que sufren, ser conscientes de que otras personas no disponen de lo que a nosotros nos sobra es el primer paso para ejercitar la solidaridad. Recuerdo la hermosa y minúscula anécdota de un amigo que llama por la noche a su amigo del alma. - Perdona que te llame a estas horas, pero necesito saber cuál es la pierna que te has roto. - La izquierda. ¿Por qué me lo preguntas? - Pues porque, como no sabía cuál era, y a mí me duele lo que a ti te pasa, me estaban doliendo las dos. El dolor de los demás no nos puede dejar indiferentes. A fin de cuentas todos y cado uno pertenecen a esta gran familia que es la especie humana. Tener compasión hacia quienes sufren es el primer paso para contribuir al alivio de su dolor. No hay dolor ajeno. Porque a nosotros nos afecta.
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December 17 2010, 10:00pm | Comments »
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Voracidad recaudadora
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/20/voracidad-recaudadora/
VORACIDAD RECAUDADORA Hemos recibido siete multas en menos de un mes. Todas por el mismo motivo. Por exceso de velocidad en un mismo punto de la autovía cuando regresamos a casa desde Málaga (A-7. P. Kil. 246 sentido C-Creciente. Málaga). Llevamos viviendo en esta casa casi veinte años y hemos transitado siempre por esa autovía sin ningún problema. Ni una multa en ese punto. Pero ahora hace falta recaudar dinero. No importa que no haya trabajo, que los sueldos se hayan recortado, que las familias estén endeudadas. Hay que recaudar. Y entonces se ponen “trampas” en las carreteras. Coches camuflados, rádares escondidos, señales arbitrarias… Trampas. Legales, eso sí. Una limitación a 80 en un lugar en el que se puede circular tranquilamente a 100 kms/hora, sin el menor riesgo para el conductor ni para los demás conductores o peatones es una trampa. La señal, que antes indicaba una limitación de 100, ahora se ha colocado con 80. Y cae la gente como moscas. ¿Por qué el cambio? ¿Había allí algún riesgo? ¿Se trata de prevenir accidentes? No. Se trata de recaudar. El radar es implacable. El motivo de la multa siempre es el mismo: “Circular a 100 kms/hora teniendo limitada la velocidad a 80 kms/hora…” Y tienes que pagar. Inexorablemente. No vale decir: es que no tengo dinero, es que cobro menos, es que tengo necesidades apremiantes. La finalidad de la multa no es eliminar los accidentes sino llenar las arcas vacías del Estado. Las multas han crecido en los últimos meses de forma exponencial. Me lo decía el cartero: - Antes repartíamos un lote de sobres con multas de este tamaño (hace con los dedos índice y pulgar de la mano derecha un gesto que señala dos centímetros). Ahora el lote es así (y muestra entre sus dos manos una distancia de 30 centímetros). Por supuesto, no recurro esas multas. Las pago con su reducción. Y alguien me dirá: - Si la señal indica 80, ¿por qué circula usted a 100? Pues muy sencillo, porque no puedo ir con la mirada clavada en el cuentakilómetros de forma permanente. Porque voy conduciendo prudentemente sin asumir riesgos. Porque en esa zona no existe peligro evidente. Porque se trata de una autovía. Porque he pasado por ese punto de la carretera durante veinte años sin problemas. Porque fabrican los coches para que circulen velozmente. - Ya lo sé. Tengo que conducir a 80 si hay una indicación que lo exige. Por eso he ido a pagar religiosamente. Pero tengo que discutir por qué ahora esta señal indica un límite menor, tengo que cuestionar si está colocada con lógica, si la han puesto ahí para protegerme o para machacarme. Y quiero añadir que ese rigor en tiempos de crisis es un atropello. Hay más. Cuando piden la identificación del conductor del vehículo sancionado, si no se hace a su debido tiempo, la sanción es de 900 euros. Antes, si mal no recuerdo era de 300. ¿Han subido en esa misma proporción los sueldos? Pero estos señores, ¿qué se han pensado? ¿Viven en otro país? ¿Saben lo que gana la gente? No hay derecho. ¿Cuánto dinero creen los legisladores que tienen las familias para hacer frente a esas multas? Porque las multas le llegan igual a un potentado que a un parado empobrecido por la crisis. Si aparcas mal, aunque sea durante dos minutos, la foto te mostrará de forma implacable la infracción. Claro que quien ha decidido la cuantía de la sanción, es probable que también haya decidido tener un lugar (de terreno público) para aparcamiento propio. ¿Cuál es la finalidad de las multas? ¿Es mejorar el tráfico? ¿Es recaudar fondos para las arcas del Estado? Esta política perversa lleva a que sólo importe evitar las sanciones y nada absolutamente conducir de forma responsable. El espíritu ciudadano debe llevarnos a cumplir con las normas, a respetar las señales, a ser civilizados. No se podría circular si cada uno hiciera lo que quisiera. Pero el espíritu ciudadano nos lleva también a cuestionar las normas arbitrarias y a exigir que se cambien. Esa actitud de conseguir el cumplimiento de las prescripciones a palo limpio no es muy educativa. Esa postura rabiosamente punitiva nos induce a burlar las normas cuando nadie nos ven. Porque parece que la finalidad del buen comportamiento no es el respeto al prójimo sino evitar las sanciones. He leído hace poco el libro “Heidegger y un hipopótamo van al cielo”, obra de los filósofos Thomas Cathcart y Daniel Klein. El subtítulo dice: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. De él recojo la siguiente historia. Kevin pensaba que estaba muerto, cuando en realidad estaba vivo. Su alucinación se convirtió en semejante problema que su familia finalmente pagó para que viera a un psiquiatra. El psiquiatra pasó varias sesiones de duro trabajo intentando convencer a Kevin de que seguía vivo. No parecía funcionar nada. Finalmente el médico intentó una última táctica Sacó unos libros de medicina y le mostró al paciente que los hombres muertos no sangran. Tras horas de tedioso estudio, Kevin parecía convencido de que los hombres muertos realmente no sangran. - ¿Estás de acuerdo en que los hombres muertos no sangran?, preguntó el médico. - Sí lo estoy, contestó Kevin. Entonces el médico tomó una aguja y pinchó el dedo de Kevin. Del pinchazo salieron unas gotas de sangre. El médico le preguntó: - ¿Qué te demuestra esto? - Dios mío, exclamó Kevin, mientras miraba su dedo con incredulidad, los hombres muertos sí sangran. Aunque vean sangrar a los ciudadanos, algunos políticos siguen manteniendo sus tesis. Aunque las evidencias del descontento sean palmarias no modifican sus planteamientos. Interpretan la realidad de manera que les de la razón. ¿Se convencerán alguna vez de que el fin de la política es servir a los ciudadanos y a las ciudadanas y no servirse de ellos y de ellas?
November 19 2010, 10:00pm | Comments »
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Los siempres de los jamases
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Resulta apasionante reflexionar sobre las vivencias del tiempo y de la memoria que tenemos las personas. Bergson hablaba del tiempo subjetivo y decía que no se derrite a la misma velocidad un azucarillo en un vaso de agua para quien tiene sed que para quien está saciado. No tienen la misma duración subjetiva los cinco minutos últimos de un partido para los seguidores del equipo que va ganando por la mínima que para los del equipo que va perdiendo. Para los primeros las manecillas parecen de plomo y para los segundos se diría que vuelan. El tiempo de reloj es exactamente el mismo para ambos, pero no lo es la vivencia que tienen del mismo. ¿Cuánto duran las vacaciones en comparación con el mismo tiempo de un trabajo monótono y aburrido? ¿Qué tiempo abarcamos psicológicamente cuando utilizamos la palabra jamás? En principio hablamos de toda la vida. Pero, en la realidad, no suele ser así. Cuando decimos jamás nos referimos habitualmente a “ahora mismo”. El tiempo es un metro de goma con el que medimos los estados de ánimo y la forma de pensar. El estupendo libro “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, termina con estas palabras: “No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada. Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres de los jamases. La belleza de este mundo”. Renée y Paloma (la pequeña que tenía como plan suicidarse y quemar la casa) tejen una historia hermosa que les permite descubrir la belleza de las pequeñas cosas y la magia de los placeres efímeros, de manera que inventarán un mundo mejor. Encuentran el camino de la felicidad gracias a la amistad, al amor y al arte. Paloma, la niña de doce años, que goza de una inteligencia extraordinaria, trata de vencer la desesperanza y lo consigue a través de la amistad con la portera Renée. ¿Cómo se buscan los siempres de los jamases? Reflexionando, observando cómo la rotundidad del jamás se quiebra fácilmente en las volubles decisiones de la voluntad. “Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores” es el título de un interesante libro de Douwe Draaisma en el que el autor nos habla sobre el paso del tiempo y las características de la memoria que lo almacena. La memoria, dice, es como perro que se acuesta cuando quiere y donde quiere. “En los relojes de arena, dice Draaisma, los granos se rozan tornándose cada vez más lisos. Hasta que finalmente pasan de un recipiente a otro casi sin fricción, puliendo cada vez más la apertura. Cuanto más viejo sea un reloj de arena., más rápidamente pasará la arena”. Desapercibidamente, el reloj de arena mide horas cada vez más cortas. En esa imperfección cronométrica se esconde una metáfora: “Pues también al ser humano los años, al repetirse, se le pasan cada ves más raudos, volando, hasta que finalmente se rompe la medida; también el ser humano se vuelve cada vez más permeable a las imperfecciones”. Estamos amasados por el tiempo que vivimos. Estamos hechos de fragmentos de tiempo. Y en el lenguaje, de manera constante, hacemos referencia al mismo: mañana, dentro de un momento, antesdeayer, hace un año, en las próximas vacaciones, cuando llegue el fin de semana… Cuando decimos jamás queremos expresar que nunca vamos a pensar, a decir o a hacer algo pero, muchas veces, no acaba siendo así. Y volvemos a pensar, a decir y a hacer aquello que en aquel momento tanto nos ofendía. - Jamás volveré a dirigirte la palabra, decimos con énfasis; pero, a las pocas horas, volvemos a hacerlo. - Jamás volveré a pensar en esa triste historia, afirmamos, pero pronto non invadirá de nuevo el recuerdo. - Jamás me volveré a enamorar, le decimos a un amigo después de un doloroso desengaño pero, al cabo de un tiempo, nos olvidamos de aquella promesa que pretendía ser eterna. - Jamás volveré a decir una mentira, le dice el hijo a su padre con plena convicción, sin caer en la cuenta de que pronto volverá a repetir el engaño. - Jamás te abandonaré, dice el marido a la mujer el día de la boda, sin tener en cuenta que el divorcio está ya asomando su cabeza en la relación. - Jamás volveré a fumar, dice el empedernido fumador, sin caer en la cuenta de la dificultad de hacer efectivo su aserto. - Padre, jamás volveré a pecar, dice el penitente que se confiesa cada semana. Hay “jamases” prospectivos como los que he puesto de ejemplo. Y otros que tienen carácter retrospectivo: - Jamás he dicho tal cosa ni nada parecido, dice quien reveló un secreto hace pocas horas. - Jamás pensé así, afirma quien se ha pasado media vida defendiendo esa tesis. - Jamás se me ha ocurrido una idea semejante, dice enfáticamente quien desea mostrarse alejado de una determinada idea. - Jamás se me ha ocurrido una tontería de ese calibre, dice quien de vez en cuando tiene la tentación de llevarla a cabo. - Jamás he visto a un personaje tan pintoresco como éste, dice quien está habituado a ver individuos raros. Por si el jamás no fuese suficientemente contundente añadimos para reforzar nuestra posición: jamás de los jamases. De ahí el aforismo español que dice: Nunca digas de este agua no beberé o este cura no es mi padre, que viene a decir que el concepto de jamás es quebradizo.
La rotundidad de la palabra jamás, se quiebra en los enrevesados vericuetos de la vida. El niño le desmonta la lección al papá con una endiablada pregunta: - A tu edad, yo no decía mentiras, le dice el padre al hijo proponiéndose como un perfecto y perpetuo ejemplo de vida. Y el hijo replica: - ¿A qué edad empezaste entonces, papá? Es probable que el papá le asegurase al niño que jamás había dicho una mentira. ¿Jamás? En los jamases y, sobre todo, en los jamases de los jamases, suele esconderse un siempre o un casi siempre.November 5 2010, 11:00pm | Comments »
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Qué sinvergüenzas
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/10/16/que-sinverguenzas/
Hace unos días, llegué a casa ya entrada la noche. Tenía que preparar un largo viaje profesional. Preparé la maleta, los papeles y el power point de la conferencia, localicé el pasaporte, algo de dinero, cené algo y me acosté ya muy tarde. Encendí la televisión y, repasando las diferentes cadenas (por cierto, me alarmó la cantidad de adivinos, de brujas, de tarotistas, de videntes y otros seres de extraño y diverso pelaje que pueblan la noche televisiva), me detuve en Intereconomía porque una bonita presentadora estaba dirigiendo un juego en el que ofrecía 18.000 euros por contestar una simple y aparentemente fácil pregunta. - ¿Quién sabe el nombre de un ciudad española de nueve letras que coincide con el de una famosa orquesta? En la pantalla se ofrecía una pista interesante. El nombre de la ciudad española empezaba por M y acababa en N. Y, entre ellas, las rayitas de las otras siete letras en blanco. - ¡Por siete letras, tres millones de las antiguas pesetas!, decía la presentadora usando una deleznable expresión monetaria. - ¿Nadie lo sabe? ¿Alguien que no esté durmiendo quiere llamar?, añadía, sorprendida de que el teléfono permaneciera en silencio. En la pantalla se veía un cuadro de doble entrada con dieciséis letras entre las que se encontraban las que formaban el nombre de la ciudad y un teléfono negro. La mano de la presentadora sostenía el auricular haciendo el amago de que de un momento a otro iba a sonar y ella lo podría atender para entregar el generoso premio. Pensé inmediatamente en la ciudad de Mondragón. Y, quise comprobar el engaño. El número, que resplandecía con una iluminación intermitente y que la presentadora repetía sin cesar era el 905505050, como se verá, fácilmente memorizable. Me dije, sabedor de que contenía una trampa: voy a llamar, voy a tocar con mis propias manos al gato encerrado. Supuestamente, al marcar, la presentadora tendría que levantar el auricular diciendo: - Por fin, alguien ha llamado. ¿Conocerá el espectador la respuesta? Si es correcta, suyo es el premio. Pero no, no sonaba el teléfono de la pantalla sino que respondía una voz que, a toda velocidad, decía el coste de llamada desde fijos y móviles (un euro con cincuenta, si mal no recuerdo, desde mi fijo) y te decía que volvieras a intentarlo, que estabas a punto de ganar, que era tu noche de suerte. La presentadora insistía en la cuantía del premio y en la sencillez de la respuesta. Puso un reloj en pantalla que marcaba tres minutos mientras la presentadora invitaba a llamar. Pasaron esos tres minutos y no se acabó el juego. El relojito de marras apareció diez o doce veces. Mientras tanto, imagino, llamadas y más llamadas de los ilusos y codiciosos jugadores y jugadoras. ¿Cómo es posible que se mantengan esas trampas tan clamorosas, noche tras noche? Dio como tope las tres y media. Pasó esa hora con creces. Y el juego seguía. Aumentó la cuantía a 20.000 euros y luego a 22.000. Y luego añadió un extra de 500 euros, enseñando un billete de esa cantidad en las manos. La presentadora fingía un diálogo con la producción del programa que acababa siendo ridículo. Un engañabobos absolutamente elemental.. Dio más pistas: otra letra era la G. Y la colocaba en su correspondiente lugar. Las tres primeras eran MON. Por si quedaba alguna duda dio el nombre del artista y cantante Javier Gurruchaga, ligado a la orquesta Mondragón. Después la presentadora dibujó un dragón en una pantalla, para dar pistas. “La última parte de la palabra es un animal que echa fuego por la boca”, decía. Ya sólo quedaban tres letras. En definitiva, que era imposible fallar. Estaban preguntando por el color del caballo blanco de Santiago. Volví a llamar, y volvió a salir la voz acelerada que te invitaba a seguir llamando. “Es tu noche de suerte”. “Estás a punto de ganar”. “Llama de nuevo”. Luego dijo la presentadora que había cinco líneas abiertas. Y poco después diez líneas abiertas. Como si el problema fuese de líneas. Al cabo de una hora de dilaciones llamó alguien desde Bilbao. Una tal Edurne. Dio la respuesta correcta. Sin dirección, sin comprobación, sin garantía alguna de que la llamada no fuera falsa.¿Quién garantiza que esos organizadores no preparan la llamada de un tío, de un sobrino, de un amigo o de alguien que está en el estudio? ¡Como para fiarse! Qué robo, Qué mentira. Qué engaño. Qué timo. Qué sinvergüenzas. ¿Cómo no se denuncia este tinglado? Yo voy a dirigirme a la OCU para ver qué se puede hacer. Lo que se pretende (y se consigue, me imagino) es que se produzcan cientos y miles de llamadas inútiles para el que llama y muy rentables para el programa. Claro que nadie te obliga a llamar. Pero no hay duda de que se trata de un negocio fraudulento. No hay duda de que el juego está sustentando en una cadena de trampas. - No es verdad que nadie llame (y dicen que nadie llama) - No es verdad que sea el último minuto (y dicen que lo es) - No es verdad que si llamas te van a escuchar la respuesta (y lo dicen) - No es verdad que suban el valor del premio porque nadie llame (y lo dicen) - No es verdad que haya cinco o diez líneas abiertas (y lo dicen) - No es verdad que la presentadora tenga la mano en el auricular para recibir la llamada (y lo hace) - No es verdad el tiempo que dicen que va a durar el juego (y que reiteran y cambian a su antojo) ¿Cuántas llamadas se habrán producido durante el juego? Miles y miles. Hagan números. Es muy fácil. Me pregunto cómo hay gente que sigue y sigue llamando. Estar educado es tener un buen detector de trampas instalado en la cabeza. Pero no sólo es eso. Estar educado es sentir un compromiso con la sociedad y hacer lo posible para que esas trampas disminuyan o desaparezcan. Si uno es capaz de descubrirlas conseguirá no caer en ellas, pero es preciso que nos duela que caigan en ellas los demás. La educación tiene un componente ético esencial. La educación no pretende solamente que cada uno viva mejor sino que podamos vivir juntos en un mundo justo, hermoso y habitable.
October 15 2010, 11:00pm | Comments »
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Hábleme de usted
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/08/07/hableme-de-usted/
Me cuenta una amiga, con una larga y rica experiencia en cuestiones judiciales, que asistiendo un día a un juicio en un juzgado de primera instancia oye cómo el juez le pregunta a un joven delincuente sobre sus reiteradas fechorías relacionadas con el quebrantamiento de la propiedad ajena. El chico le contesta al juez con desparpajo tratándole insistentemente de tú. - Porque tú ya sabes que… Como ya te dije antes… Lo que tienes que comprender… Llegado un momento, el juez, sorprendido y un tanto molesto por esa inhabitual familiaridad que él no había propiciado, le dice al joven: - Por favor, hábleme de usted. Su señoría y todos los presentes se quedaron atónitos al escuchar la displicente contestación del acusado: - ¿Y qué te voy a contar yo de mi vida? La anécdota me parece tan significativa como oportuna. Llega un momento en que, a fuerza de despreciar las muestras de respeto, acaban por desaparecer. El joven de esta verídica historia ni siquiera entiende la solicitud que le hace el juez. Muy al contrario, acostumbrado a pensar sólo en sí mismo, entiende que su señoría está interesado en conocer los pormenores de su acreditada carrera. Creo que se están perdiendo muchas muestras de respeto (ya sé que no constituyen el respeto en sí, ya sé que a veces se sustentan en la hipocresía) pero que lo sostienen, lo valoran y lo desarrollan. Voy a referirme a un elemento que influye en el desarrollo de la ordinariez, de la falta cuidado, de la forma irrespetuosa de dirigirse y de tratar a los otros. Me refiero a esos chabacanos programas de televisión en los que parece que pretenden hacer un catálogo de faltas de respeto. Mencionaré algunas: La forma soez de expresarse. En los diálogos, en los debates, en las intervenciones se habla de manera desvergonzada, de manera chabacana. La utilización de insultos para descalificar el comportamiento o las palabras de los demás. Quien emplea insultos de mayor bulto parece tener más razón. Da vergüenza ajena ser testigo de ese desparpajo en agredir, en descalificar, en insultar. Los gritos como forma habitual de diálogo. Aquí se produce también una competición irracional: quien más grita es quien acaba llevándose el gato al agua, quien parece tener la verdad. Los gestos procaces. No hace falta esperar mucho para ver un corte de mangas, una pedorreta, una expresión mímica grosera. No sólo lo que se dice sino las formas de expresarlo suelen ser poco elegantes. Los atropellos del turno de intervención. Es habitual escuchar cómo dos, o tres, o cinco hablan a la vez, sin esperar el turno, sin que se les haya dado la palabra. A los moderadores o moderadoras les cuesta mantener el orden, imponer un turno de intervenciones, conceder el derecho a réplica…Los contertulios tienen encendidos sus móviles y reciben llamadas y mensajes que muestra como trofeos a los demás y a toda la audiencia. Mientras lo hacen, ¿pueden escuchar a quien está hablando? La exhibición de comportamientos salaces como una forma de modernidad, de autenticidad, de espontaneidad y de saber hacer. Mientras más explícito y más procaz sea lo que se cuenta o hace, mejor. El cotilleo sobre la vida de los otros bajo excusas de lo más pintoresco: estamos trabajando (también los asesinos o los terroristas están trabajando cuando matan), una vez vendieron su vida privada y por eso han renunciado a ella (es como si por haber vendido un sofá se deduce la obligación de vender la casa), es que ese tipo de noticias interesa a la gente (y si a la gente le interesasen las torturas, ¿habría que torturar?)… La invasión de la vida privada: exhibición de fotos íntimas, relato de experiencias familiares, desvelamiento de infidelidades… Vale todo con tal de ganar audiencia, de mantener el circo, de alargar la espiral de la ordinariez. O con tal de ganar un poco o un mucho de dinero: criadas o criados que cuentan la vida íntima de sus empleadores, novios y novias que cuentan con detalle las relaciones íntimas, esposos que describen con pelos y señales las infidelidades… El enfrentamiento entre familiares y amigos: padres e hijos, esposos y esposas, hermanos y hermanas, amigos y amigas… Valen traiciones, lucha por la herencia, conflictos de adolescentes… Burlas sobre la identidad sexual, sobre la relación íntima con otras personas, sobre los comportamientos profesionales… Todo vale. Nadie pone un límite a las provocaciones y a los escándalos porque unas cadenas compiten con otras. Y hay que llevarse la audiencia. Resulta tramposo y repugnante ese círculo maldito que justifica esa exhibición de ordinariez diciendo que es lo que desea la audiencia. Mentira. La audiencia también desea que los responsables repartan gratuitamente mil euros a cada espectador. ¿Se lo dan? ¿No les importa mucho la audiencia? ¿No pretenden tenerla contenta? Sí, pero con tal de que esa satisfacción llene sus bolsillos. Lo tremendo es que algunos de esos programas son premiados luego por su originalidad, por su capacidad de innovación, por su éxito en el número de espectadores. Es como si premiase a un gángster por la originalidad con la que ha despachado a su víctima. Dicen algunos de estos señores y señoras que su deber no es educar. ¿Cómo que no? Su deber es poner un granito de arena para hacer una sociedad mejor, una sociedad en la que todos y todas podamos vivir dignamente. Y, desde luego, su deber, es no ofrecer un ejemplo constante de ordinariez, de zafiedad y de estupidez. Si disponen de un ratito y en sus cabezas queda un rinconcito para pensar en lo que están haciendo lean el libro “El poder de la estupidez”. En ese caldo de cultivo crecen nuestros niños y nuestros jóvenes. En ese clima de falta de respeto a la dignidad de las personas se desarrolla nuestra infancia y nuestra juventud. No me extraña que cuando a un joven le dicen “hábleme de usted” entienda que le están pidiendo que cuenta sus fecharías. Ojalá sepamos educarlos para que sean espectadores críticos y no se traguen sin pestañear tanta porquería.
August 6 2010, 11:00pm | Comments »
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Tontos, pero no tanto
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/06/26/tontos-pero-no-tanto/
Algunas veces tengo la sensación de que nos consideran imbéciles. Los políticos en el poder nos ofrecen explicaciones absolutamente ridículas para justificar las decisiones que toman. Nos sueltan unas mentiras tan increíbles que no se las tragaría ni un niño de cinco años. Durante la campaña electoral nos prometen cosas que son abiertamente imposibles como que se va a construir un puente en un pueblo que no hay río. Los políticos en la oposición descalifican al Gobierno por su afán de mantenerse en el poder haciéndonos creer que a ellos no les importaría mucho seguir donde están en aras del bien común. Y critican todo lo que se hace y se decide desde el poder con el fin de sustituir a quien gobierna a pesar de que esa postura perjudique los intereses de la ciudadanía. No todos los políticos son malos. Ni todos son iguales. Decir lo contrario es un ataque frontal a la democracia. ¿Qué es mejor, uno sólo que piense por todos y que decida por todos? Hay que confiar en la política, hay que fortalecer la democracia. Y eso significa que hay que exigir a los políticos razonamientos rigurosos, comportamientos honestos y dedicación ejemplar. No es de recibo que engañen. Para eso hay que apelar a la honradez de quienes lanzan mensajes. Pero, sobre todo, hay que educar la capacidad de análisis de quienes reciben esos mensajes. Siempre que haya bobos habrá engañabobos, le he oído decir a Manuel Toharia. Los medios de comunicación nos pasan la realidad por un filtro que venden como riguroso pero que no es más que el tamiz de sus intereses y prejuicios. Los publicistas nos presentan señuelos que parecen diseñados para estúpidos. Los obispos nos amenazan con unas penas presentes o futuras que hacen reír. ¿Qué sucede? Que ellos se consideran muy listos, pero no es de recibo que a los demás nos consideren tontos. Tienen tan buen concepto de sí mismos como lo tienen pésimo de los demás. Como respuesta a un escrito que he presentado pidiendo explicaciones (no quiero entrar en detalles) por el retraso en ciertas obras, acabo de recibir una explicación en la que se me dice que las cosas se harán “cuando sea oportuno” y de “la manera conveniente”. ¿Me consideran estúpido? Porque esa contestación quiere decir que se harán “cuando nos de la gana” y “como se nos antoje”. Hace poco explicaban un retraso en una compañía aérea atribuyéndolo a “causas operativas”. Yo me preguntaba: ¿qué son causas operativas? ¿Es que me toman por imbéciles? Pues sí, nos toman por imbéciles. Y en algunas ocasiones hemos demostrado que lo somos. Pero, no tanto. Muchas veces hemos aceptado cosas tan imposibles que hemos dado esa impresión. Pero no deberían pensar que siempre vamos a ser tan tontos. Hay muchas personas que pueden considerarnos y tratarnos como imbéciles: los jefes, los políticos, los medios de comunicación, los publicistas, los curas… Y acabamos dando por buena esa tomadura de pelo. Acabo de leer un libro de Julian Baggini titulado “¿Se creen que somos tontos?”. El subtítulo aclara muy bien el contenido: “100 formas de detectar las falacias de los políticos, los tertulianos y los medios de comunicación”. El autor, que es cofundador de The Philosophers Magazine, escribió antes un curioso best seller titulado “El cerdo que quería ser jamón”. El libro al que hago referencia está cargado de argumentos contundentes, de interesantes propuestas y de ingeniosos ejemplos. Nos muestra con argumentos rigurosos muchas de las falacias en las que solemos incurrir. Altamente recomendable para hacer frente a muchas trampas que son monedas de ley en los tiempos que corren. El autor hace referencia a engaños reiterados y clamorosos de los políticos, de los tertulianos y de los medios de comunicación. Sin embargo, muchos de los argumentos que utiliza para defenderse de la estupidez nos previenen de cualquier tipo de engaño. También ha caído en mis manos otro libro, recientemente publicado, que se titula “El Poder de la estupidez”. Su autor es Giancarlo Livraghi., licenciado en filosofía y experto en cultura humana y comunicación. Livraghi habla en uno de sus capítulos sobre el círculo vicioso de la estupidez. En él dice: “Donde se impone la estupidez, todo el sistema se torna estúpido”. Y añade: “Las estrategia basadas en la estupidez y el engaño son perjudiciales para quienes las practican, pues crean un círculo vicioso que en realidad es una espiral degenerativa”. Los programas del corazón, por ejemplo, tratan de estúpidos a los espectadores, pero estos los siguen viendo, de modo que siguen haciéndose de forma insistente y perfeccionada.
A mi juicio, la finalidad de la educación es ayudar a pensar. No hacer que las personas piensen como nosotros sino que sean capaces de pensar por sí mismas. La persona educada es capaz de descubrir los hilos ocultos que mueven los mecanismos de esta sociedad, de saber que se mueven por intereses, de investigar y descubrir quiénes salen beneficiados de su existencia. Saben también que esos hilos se pueden romper (no están ahí por azar o como fruto de la voluntad divina) y que se pueden instalar otros que responsan a los intereses generales. Educar es un proceso que ayuda a la mosca a salir del cazamoscas. De algunas actuaciones podría deducirse que no interesa que haya una buena educación. De otras que sería bueno reducirla a un simple mecanismo de domesticación o de indoctrinación. Educar es enseñar a pensar. No está en nuestras manos el evitar que nos quieran engañar, pero sí el no ser engañados. Dice Oscar Wilde que “no hay más pecado que la estupidez”.June 25 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
El saltamontes no oye
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/05/29/el-saltamontes-no-oye-2/
Siempre me ha parecido llamativa la facilidad y la arbitrariedad con la que establecemos los nexos causales que nos interesan. Una cosa son los hechos y otra las relaciones que establecemos entre ellos. Lo hacemos de forma constante. “Esto ha sucedido por esto”, decimos sin la menor vacilación. Como si esas conexiones fuesen palmarias e indiscutibles. Atribuimos a la intervención divina un hecho que nos ha sucedido sin tener constancia alguna de la conexión causa/efecto.“Dios nos salvó de la muerte, dicen los supervivientes del accidente aéreo, sin caer en la cuenta de que al decir eso, afirman que condenó a muerte a los que fallecieron”. Explicamos que los alumnos han suspendido porque no tienen capacidad o preparación o interés, sin caer en la cuenta que puede haber muchas otras causas, entre ellas la incompetencia de los docentes o la estupidez del currículo. Decimos que todo el paro del país se debe al gobierno sin pensar que pueden existir otras causas y que ya arrastrábamos un porcentaje de paro muy elevado antes de que fuese elegido por los ciudadanos. Y el gobierno actual dirá que la causa de todos los males se encuentra en la formar de proceder que tuvo el partido de la oposición cuando gobernada. Podría seguir poniendo ejemplos de forma ininterrumpida porque la frecuencia con la que manejamos la atribución causal es casi constante. Y, desde luego, poco rigurosa. Esta arbitrariedad responde casi siempre a intereses más o menos camuflados, más o menos legítimos, más o menos confesables. Cuando nos interesa llegar a una conclusión hacemos que los datos hablen a nuestro favor. Los datos, sometidos a tortura, acaban confesando lo que quiere quien los maneja. Voy a traer a colación una pequeña anécdota que refleja muy bien lo que estoy diciendo. Supongamos que tengo un saltamontes en la palma de la mano izquierda. Y le digo imperativamente mostrándole la palma de la mano derecha: - ¡Saltamontes, salta! Y salta. Cuando le tengo en la palma de la mano derecha le vuelvo a decir mostrándole la otra mano: - ¡Saltamontes, salta! Y salta. Cuando se encuentra en la palma de la mano izquierda le corto todas las patas (es sólo un ejemplo, que nadie se asuste por el imaginario maltrato) le vuelvo a decir: - ¡Saltamontes, salta! Y ahora no salta. Entonces saco la conclusión: Cuando a un saltamontes se le cortan las patas, no oye. Claro que puedo sacar esa conclusión, pero está muy claro también que es completamente gratuita. Los procesos de atribución que manejamos en la vida nos llevan muchas veces al autoengaño. Y, lo que es más grave, son utilizados para engañar y agredir al prójimo. Frecuentemente son utilizados en el debate político para atacar al adversario. Te propongo, querido lector o lectora, que analices un discurso político o un mitin y descubras cuántas atribuciones se hacen a la ligera. Respecto a esta parcela me remito al libro “Aristóteles y un armadillo llegan a la capital”, libro que los autores (Thomas Cathcart y Daniel Klein) subtitulan de esta manera: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. En la primera de las ilustraciones se puede ver a varias personas en la Sede de Campaña electoral. Una de ellas dice a las demás: “Es un buen discurso… sólo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión”. No me puedo evadir de otro campo en el que las atribuciones se hacen con excesiva frecuencia y ligereza. Me refiero al campo educativo. Un campo en el que, además, no suele suceder que si A entonces B, sino algo mucho más problemático: si A, entonces B, quizás. ¿Cuántas veces oímos decir que el bajo nivel de los alumnos y alumnas actuales se debe al influjo nefasto de la LOGSE? Pero, ¿existen pruebas? Sí, existen, pero de la afirmación contraria. También en este segundo bloque que he elegido para ejemplificar el problema de los procesos atributivos interesados quiero hacen mención a un libro que desmonta con humor muchos tópicos y muchos estereotipos en los que se atribuyen de forma ligera determinados efectos a determinadas causas. Se trata de “Retrato canalla del malestar docente. Una defensa inteligente y mordaz del actual sistema educativo frente a los tópicos anti-LOGSE”, escrito por Juan José Romera, profesor de Lengua y Literatura en un IES de Málaga. Altamente aconsejable. Hay un tercer campo en el que las atribuciones son, si cabe, más frecuentes y arbitrarias. Me refiero al campo religioso. Cuando los feligreses sacan en procesión al santo patrón para invocar que su intervención traiga la lluvia, ¿se puede establecer el nexo causal entre la lluvia que realmente cae horas después y las oraciones de los fieles? ¿Cómo se puede probar? Cuando el futbolista sale al campo y hace la señal de la cruz pidiendo a Dios que le ayude a realizar un buen partido, ¿se puede establecer un nexo causal entre su gesto suplicante y el hecho de que después marque un gol? Me remito también aquí a un estupendo libro que acaba de publicar Luis Rojas Marcos y que lleva por título “Superar la adversidad”. En él podemos leer lo que sigue: “Las explicaciones positivas estimulan la confianza en uno mismo. Así, la explicación “Nos salvamos del accidente porque soy un buen conductor y tengo excelentes reflejos” es más reconfortante que “No nos matamos porque Dios no quiso”. Sería un buen ejercicio de racionalidad analizar una homilía y ver cuántas atribuciones se hacen de manera poco fundada.
Hay que ponerse a la tarea de buscar nexos causales arbitrarios en cualquiera de las parcelas de la vida. En honor a la verdad.May 28 2010, 11:00pm | Comments »
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El saltamontes no oye
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/05/28/el-saltamontes-no-oye-2/
Siempre me ha parecido llamativa la facilidad y la arbitrariedad con la que establecemos los nexos causales que nos interesan. Una cosa son los hechos y otra las relaciones que establecemos entre ellos. Lo hacemos de forma constante. “Esto ha sucedido por esto”, decimos sin la menor vacilación. Como si esas conexiones fuesen palmarias e indiscutibles. Atribuimos a la intervención divina un hecho que nos ha sucedido sin tener constancia alguna de la conexión causa/efecto.“Dios nos salvó de la muerte, dicen los supervivientes del accidente aéreo, sin caer en la cuenta de que al decir eso, afirman que condenó a muerte a los que fallecieron”. Explicamos que los alumnos han suspendido porque no tienen capacidad o preparación o interés, sin caer en la cuenta que puede haber muchas otras causas, entre ellas la incompetencia de los docentes o la estupidez del currículo. Decimos que todo el paro del país se debe al gobierno sin pensar que pueden existir otras causas y que ya arrastrábamos un porcentaje de paro muy elevado antes de que fuese elegido por los ciudadanos. Y el gobierno actual dirá que la causa de todos los males se encuentra en la formar de proceder que tuvo el partido de la oposición cuando gobernada. Podría seguir poniendo ejemplos de forma ininterrumpida porque la frecuencia con la que manejamos la atribución causal es casi constante. Y, desde luego, poco rigurosa. Esta arbitrariedad responde casi siempre a intereses más o menos camuflados, más o menos legítimos, más o menos confesables. Cuando nos interesa llegar a una conclusión hacemos que los datos hablen a nuestro favor. Los datos, sometidos a tortura, acaban confesando lo que quiere quien los maneja. Voy a traer a colación una pequeña anécdota que refleja muy bien lo que estoy diciendo. Supongamos que tengo un saltamontes en la palma de la mano izquierda. Y le digo imperativamente mostrándole la palma de la mano derecha: - ¡Saltamontes, salta! Y salta. Cuando le tengo en la palma de la mano derecha le vuelvo a decir mostrándole la otra mano: - ¡Saltamontes, salta! Y salta. Cuando se encuentra en la palma de la mano izquierda le corto todas las patas (es sólo un ejemplo, que nadie se asuste por el imaginario maltrato) le vuelvo a decir: - ¡Saltamontes, salta! Y ahora no salta. Entonces saco la conclusión: Cuando a un saltamontes se le cortan las patas, no oye. Claro que puedo sacar esa conclusión, pero está muy claro también que es completamente gratuita. Los procesos de atribución que manejamos en la vida nos llevan muchas veces al autoengaño. Y, lo que es más grave, son utilizados para engañar y agredir al prójimo. Frecuentemente son utilizados en el debate político para atacar al adversario. Te propongo, querido lector o lectora, que analices un discurso político o un mitin y descubras cuántas atribuciones se hacen a la ligera. Respecto a esta parcela me remito al libro “Aristóteles y un armadillo llegan a la capital”, libro que los autores (Thomas Cathcart y Daniel Klein) subtitulan de esta manera: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. En la primera de las ilustraciones se puede ver a varias personas en la Sede de Campaña electoral. Una de ellas dice a las demás: “Es un buen discurso… sólo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión”. No me puedo evadir de otro campo en el que las atribuciones se hacen con excesiva frecuencia y ligereza. Me refiero al campo educativo. Un campo en el que, además, no suele suceder que si A entonces B, sino algo mucho más problemático: si A, entonces B, quizás. ¿Cuántas veces oímos decir que el bajo nivel de los alumnos y alumnas actuales se debe al influjo nefasto de la LOGSE? Pero, ¿existen pruebas? Sí, existen, pero de la afirmación contraria. También en este segundo bloque que he elegido para ejemplificar el problema de los procesos atributivos interesados quiero hacen mención a un libro que desmonta con humor muchos tópicos y muchos estereotipos en los que se atribuyen de forma ligera determinados efectos a determinadas causas. Se trata de “Retrato canalla del malestar docente. Una defensa inteligente y mordaz del actual sistema educativo frente a los tópicos anti-LOGSE”, escrito por Juan José Romera, profesor de Lengua y Literatura en un IES de Málaga. Altamente aconsejable. Hay un tercer campo en el que las atribuciones son, si cabe, más frecuentes y arbitrarias. Me refiero al campo religioso. Cuando los feligreses sacan en procesión al santo patrón para invocar que su intervención traiga la lluvia, ¿se puede establecer el nexo causal entre la lluvia que realmente cae horas después y las oraciones de los fieles? ¿Cómo se puede probar? Cuando el futbolista sale al campo y hace la señal de la cruz pidiendo a Dios que le ayude a realizar un buen partido, ¿se puede establecer un nexo causal entre su gesto suplicante y el hecho de que después marque un gol? Me remito también aquí a un estupendo libro que acaba de publicar Luis Rojas Marcos y que lleva por título “Superar la adversidad”. En él podemos leer lo que sigue: “Las explicaciones positivas estimulan la confianza en uno mismo. Así, la explicación “Nos salvamos del accidente porque soy un buen conductor y tengo excelentes reflejos” es más reconfortante que “No nos matamos porque Dios no quiso”. Sería un buen ejercicio de racionalidad analizar una homilía y ver cuántas atribuciones se hacen de manera poco fundada.
Hay que ponerse a la tarea de buscar nexos causales arbitrarios en cualquiera de las parcelas de la vida. En honor a la verdad.May 28 2010, 4:31am | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
Mentira cochina
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2009/12/05/mentira-cochina/
El armadillo, ejemplo de como acorazarse ante el entorno. Acabo de leer un curioso libro escrito por dos reconocidos filósofos, Thomas Cathcart y Daniel Klein, licenciados por la Facultad de Filosofía de Harvard. El libro tiene un título ciertamente llamativo: “Aristóteles y un armadillo van a la capital”. Estos mismos autores escribieron hace poco una historia de la filosofía que también titularon de manera original: “Platón y un ornitorrinco entran en un bar”. Me gustó más el primero, pero éste no tiene desperdicio. El subtítulo orienta sobre el contenido: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. Quiero en estas líneas abrir un poco el diafragma de la visión para referirme a todos aquellos que dicen mentiras en la política, en los periódicos, en las televisiones, en los púlpitos y en las clases. O mejor, de quienes las escuchan impávida e ingenuamente. Pretendo llamar la atención sobre la necesidad de permanecer atentos a las falacias y a los engaños. Muchas de las mentiras están ancladas en el lenguaje. Hay muchos sofismas que adulteran la argumentación. Es preciso saber descubrirlos para no dejarse engañar. Otras, sencilla y llanamente, se explican por la credulidad de los destinatarios. Las mentiras son, casi siempre fruto del interés. Te engaña quien promete en época de elecciones hacer un puente en una localidad que ni siquiera tiene río. Para que le votes. Te engaña quien te anuncia un producto a través de una inteligente asociación de imágenes. Para que compres. Te engaña quien te presenta un falso modelo de individuo como feliz triunfador. Para que lo sigas. Te engaña quien te anuncia milagros de manera irracional..Para que creas. Me sorprende la ingenuidad que tenemos los humanos. Es decir, la facilidad con la que nos dejamos engañar. Me sorprende, por ejemplo, El enorme poder de seducción de las televisiones. - Si lo ha dicho la tele, exclama con énfasis el espectador convencido de que aquello tiene que ser verdad si se si todo el mundo lo sabe porque se ha dicho en televisión. Con la cacareada crisis vengo recibiendo mensajes de engañabobos que anuncian a través de videncia, cartas del tarot y otras singulares artes la solución a todos los problemas. ¿Cómo se han hecho con mi número de teléfono? ¿Quién les ha dado autorización para entrar en mi vida? Pero claro, si lo hacen, es porque muchos caen en la trampa. ¿Cómo puede morder alguien ese anzuelo tan escandalosamente visible? Cuántas sectas proliferan prometiendo lo habido y por haber. Con qué increíble facilidad entran algunas personas en esas engañifas. Me gustaría que en las homilías, en los mítines, en las clases…, se pudiera levantar la mano con más facilidad y frecuencia para decir, ante una afirmación engañosa: - ¡Mentira cochina! Y luego poder argumentar por qué se considera aquella idea, aquel dato, aquella conclusión una solemne mentira. Pero no. Lo normal es callar, lo normal es aceptar, lo normal es creer. Desmenuzar el contenido de los mítines sería un excelente ejercicio de detección de mentiras y de engaños más o menos sutiles. Hay casos en que la mentira se encuentra escondida bajo el manto de la confusión. Lo dicen en una pequeña viñeta de su libro Cathcart y Klein. Corresponde a la fase de preparación de un mitin. Uno de los personajes le dice a otro: “Es un buen discurso…sólo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión”. Hace unos días Mariano Rajoy respondía a la inteligente y sensata (acaso dictada) pregunta de un escolar en un Colegio privado: - Tener trabajo, decía el niño, es un derecho que tienen las personas, ¿por qué no es real ese derecho? Y Mariano Rajoy, con una “jeta de feldespato”, en expresión de alguien que no es santo de mi devoción, contesta a su pequeño interlocutor (¿de unos 10 añitos?): . - Porque el Gobierno está haciendo las cosas muy mal. Si nosotros gobernásemos habría trabajo para todos. - ¡Mentira cochina y mentira cochina! Dos de una tacada. ¿Es posible un cinismo mayor? ¿Sólo es culpa del Gobierno? ¿No hay otros factores? ¿Ningún otro factor? ¿Cuando gobernaba el señor Mariano Rajoy –que ya gobernó- había trabajo para todos? ¿Cuando gobierne -si gobierna algún día- lo habrá? Hace muy poquito, en el periódico El País, decía mi admirada Rosa Montero en un artículo titulado “Mentirosos”: “Lo cierto es que la vida pública española ha adquirido un tono general de mentira estridente que resulta difícilmente soportable. Como suele suceder con los grandes falsarios, todos se acusan mutuamente de engañar pero cuanto más alardean de honestidad, menos fiables resultan. Aristóteles decía que, para ser convincente era mejor utilizar una mentira creíble que una verdad increíble. Pero aquí ya ni se molestan en ser buenos farsantes y sueltan sin pudor mentiras increíbles, porque de alguna manera parece que mentir no importa, que la sociedad se ha resignado a ello como si fuera algo inevitable”. A muchos que han sido pillados con la trola en la boca nada les sucede y siguen tan campantes. Es más, vuelven a ser votados. ¿Por qué esta complicidad con los mentirosos? Creo que la tarea de la educación consiste en ayudar a que las personas aprendan a pensar por sí mismas, a tener criterios rigurosos de análisis, a saber discernir cuándo les dicen la verdad y cuándo les pretenden engañar. El conocimiento nos viene de muchas fuentes. La información nos llega de muchas personas. Es preciso saber discernir si el agua de la argumentación es potable o está contaminada por intereses políticos, religiosos, comerciales o proselitistas. Criticar no es demoler, es discernir. Educar es ayudar a que cada uno construya un detector de mentiras poderoso y sensible.
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December 4 2009, 10:00pm | Comments »
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