Al terminar una conferencia en la ciudad argentina de Rosario del Tala (Entre Ríos) se me acercó una docente y me entregó un escrito redactado por un alumno de 12 años. Me contó que una profesora les había pedido a sus alumnos y alumnas que escribieran lo que sucedía en el trayecto que recorrían desde la casa a la escuela. Uno de los niños había presentado el ejercicio que, en ese momento, ella ponía en mis manos. Lo transcribo íntegramente eliminando cualquier referencia que permita identificar al alumno, al colegio y a la profesora: “Cuando salgo de mi casa voy muy bien hasta que llego a la calle (…). Cuando entro al Colegio y miro para fuera veo a la señora (…) venir en su moto 110. Me da un escalofrío y cuando termina la hora de ella es para todos un alivio”. El texto no puede ser más corto ni más elocuente. Todo hace pensar que el escalofrío del que habla el niño tiene que ver con el miedo y no con el entusiasmo. Las cosas van bien hasta que llega la hora de clase de esa docente. Y luego todo va mal hasta que termina. Por lo que escribe el alumno, eso sucede con todo el grupo al que pertenece. No es, por consiguiente, un mal rollo del autor del escrito. Es un problema que genera la actitud de la profesora. Me gustaría saber con qué ánimo acude la docente a sus clases. Si disfruta o padece su trabajo, si quiere a los niños y a las niñas o los aborrece. O quizás, si le son indiferentes. Me gustaría saber cómo termina ella su hora de clase. Es decir, si ese sentimiento de alivio que tienen sus alumnos es también para ella un sentimiento de liberación. Porque creo que las relaciones del aula se establecen en espejo. Los niños ven reflejada su imagen en el espejo del profesor y viceversa. Ambos devuelven la imagen proyectando lo que sienten, reflejando lo que viven. Ambos se retroalimentan. En esta historia me preocupan los alumnos y las alumnas. Y también la profesora. No creo que se sienta muy feliz. Y no hay nada más importante que serlo. ¿No sería mejor que pudiese disfrutar de su tarea? Pero hoy me quiero centrar en la actitud de esta docente que convierte sus clases en un calvario para los escolares. Lo que podía ser un fiesta se convierte por arte de su mala magia en una tortura. Lo que podría ser hermoso se convierte en horrible. Decía Winston Churchill: “Me encanta aprender, pero me horroriza que me enseñen”. Es probable que, preguntada por las reacciones de sus pupilos, ella argumente que son indeseables, que son malos estudiantes, personas de escasa capacidad y de nulo interés. Sin caer en la cuenta de que, quizás, ese mismo grupo sea un grupo aceptable o excelente para otros docentes que trabajan con ella en la misma escuela. Sé que hay alumnos y alumnas que hacen la vida imposible a sus compañeros y a sus profesores. Es muy fácil reventar una clase. Sé que hay alumnos y alumnas que acuden a la escuela forzados por la familia y por la ley. Lo oigo cada día. Y sé que no es fácil, para aquellos docentes esforzados que quieren enseñar, reducir esos aires desafiantes y provocadores. Sobre todo si los padres han arrojado la toalla o han dimitido de cualquier responsabilidad. El verbo aprender como el verbo amar no se pueden conjugar en imperativo. Sólo aprende el que quiere. Pero no es menos cierto que nosotros podemos hacer más cosas y, sobre todo, hacerlas mejor. La docente de nuestra historia está enfrentada a la enseñanza. Está enemistada con ella. Su presencia hace ingrata una tarea que, en sí misma, es placentera e, incluso, apasionante. El ser humano está diseñado para el aprendizaje. Los niños y las niñas gatean, exploran, preguntan, tienen una curiosidad innata. ¿Cómo es posible que cuando llega la hora de realizar aprendizajes sientan el escalofrío del miedo? ¿Cómo es posible que cuando termina una experiencia de aprendizaje sientan alivio? Algo falla cuando esto sucede. Y si sucediese en todas las clases no es aventurado deducir que los alumnos carecen de aquella disposición emocional para el aprendizaje que hace viables las adquisiciones relevantes y significativas. Pero si sólo sucede en una asignatura, si sólo sucede con una profesora, es obvio que ella arrastra un problema a sus clases, que su actitud está provocando un rechazo peligroso. No todas las clases pueden ser divertidas, chispeantes, motivadoras. Los niños y las niñas tienen que aprender que algunas serán más aburridas, más pesadas, menos emocionantes. Es entonces cuando tienen que echar mano de la voluntad, del esfuerzo complementario, del interés añadido. Pero es obligación del docente procurar que sus alumnos tengan interés por el aprendizaje, provocar con su actitud, con sus métodos, con su ejemplo y con sus palabras el deseo de aprender y de ayudar a que los demás aprendan. Cuando saco a colación un caso como este no es que quiera desprestigiar a los docentes, sacarles los colores o decir cuán inútiles son. No. Sé que la inmensa mayoría de los docentes son trabajadores esforzados y entusiastas. Lo que me interesa es instar a la pregunta, a la interrogación, a la preocupación por la mejora. Porque si no nos hacemos preguntas es imposible que busquemos y que encontremos respuestas. Dice Manuel Cruz en un excelente artículo titulado “Amar la duda”: “Al ignorante, por su condición de tal, todo debería sorprenderle y, sin embargo, nada parece venirle de nuevas”. Eso es. Cuando la rutina, la pereza, el desamor, el pesimismo, la comodidad o el desaliento matan la perplejidad, estamos condenados a repetir aquello que hacemos, aunque esté impregnado de evidentes y lamentables errores.
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El escalofrio
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January 14 2011, 10:00pm | Comments »
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La infancia robada
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Habituados a contemplar la infancia en un contexto, nos olvidamos fácilmente de otros en los que la realidad es muy diferente. Como vemos escolarizada a la práctica totalidad de los niños y de las niñas de nuestro entorno, no reparamos en que existen millones de niños y de niñas sometidos a la tortura de la explotación laboral. Hoy debemos considerar trabajo infantil (más allá de la relación laboral de empleo) toda aquella actividad económica, remunerada o no, realizada por niños y niñas, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo. La Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 32, define con claridad el derecho del niño a ser protegido del trabajo infantil: “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”. No estoy muy de acuerdo con esta redacción, aunque sí con el principio que la inspira. Y no estoy de acuerdo porque no hay nada que especificar. Los niños y las niñas deben ser protegidos contra el desarrollo de cualquier trabajo que no sea el de su educación. Porque se puede dar a entender que si el trabajo no es peligroso o nocivo para la salud o para su desarrollo entonces no hay problema. Y lo hay. Choca ver con qué facilidad se incumplen las leyes que no interesan. Si se atenta contra la propiedad privada de cualquier político o de cualquier juez, las consecuencias de esa acción serán inevitables, Pero si, contraviniendo la ley, se pone en peligro la vida de millones de niños y de niñas, no pasa nada. Respecto al trabajo infantil existen algunos mitos y errores que conviene denunciar. Uno de ellos consiste en pensar que “el trabajo dignifica”. El trabajo es un valor para los adultos pero, para los niños y las niñas, es una forma de tortura. Otro mito es afirmar que “los niños y las niñas son explotados por sus padres y madres” cuando lo que en realidad sucede es que toda la familia es víctima de la pobreza. Un tercer mito es decir que “es mejor que los niños trabajen a que estén sin hacer nada”. Los niños y las niñas tienen derecho a su educación y ésta es esencial para su desarrollo. El cuarto mito al que quiero referirme es el que sostiene que “si un niño trabaja va a estar mejor preparado para conseguir empleos cuando sea adulto”. No es así. Por el contrario, todo lo que atenta contra una buena educación, limita las posibilidades de empleo en el fututo. “Los niños tienen mejores condiciones que los adultos para realizar ciertos trabajos”, dice el quinto mito. No es cierto que puedan realizar mejor los trabajos, aunque sí es cierto que son tratados y pagados de forma diferente. El sexto mito se enuncia así: “Es mejor que un niño trabaje a que esté robando”. No es cierta la afirmación de que hay delincuencia porque los niños no trabajan. El último se refiere a las niñas y dice “que las niñas que realizan trabajos domésticos en el hogar no trabajan”. Entonces, ¿qué hacen? La pobreza es la principal causa del trabajo infantil en el mundo. Pero lo es también la avaricia y la insensibilidad de muchas personas que pretenden enriquecerse de forma abusiva. Hay en el mundo un elevadísimo número de niños a quienes se está robando la infancia. Familias que viven en la miseria, sacan del trabajo de sus hijos e hijas un pequeño emolumento que les permite sobrevivir. El patrón es, a veces, el propio padre. Otras veces se trata de empresas que utilizan una mano de obra dócil y barata. El problema no reside sólo en la explotación y en las malas condiciones de trabajo, que ya es mucho. El problema es que esa situación les arrebata el tiempo de juego y la ocasión de aprender. El lugar de los niños es el hogar, es la escuela. El lugar de los niños no es la fábrica, la calle o el campo. Además, cuando el trabajo no supone la plena desescolarización suele producir malos resultados en el aprendizaje, repetición de cursos y abandono temprano. Hay muchas modalidades de trabajo infantil, Citaré las más frecuentes: - Cuidado de la casa y de sus hermanos cuando los mayores no están. - Trabajo doméstico en su propia casa o en casa de terceros. - Industria textil y de calzado, del vidrio, de materiales eléctricos, construcción, fabricación de juguetes, minería, cuero… - Petición de propinas, apertura de puertas de taxis, limpieza de parabrisas, cuidado y lavado de coches… - Venta ambulante. - Utilización de armas en situaciones de guerra. - Recuperación de materiales reciclables. - Explotación sexual, tráfico y venta de droga y actividades ilícitas. - Preparación de la tierra, siembra y cosechas en el campo. - Cuidado de animales y cultivos, fumigaciones, acarreo de agua. Es necesario erradicar el trabajo infantil en el mundo. Todos los niños y las niñas deberían importarnos. Millones de víctimas se ven obligadas a realizar trabajos inhumanos y a renunciar a su derecho a la educación. ¿Qué pasa con la leyes que proclaman los derechos de los niños y de las niñas? Son papel mojado en muchos lugares del mundo en los que los infantes son condenados a la explotación más denigrante. La impune violación de los derechos de los niños y de las niñas no puede dejar indiferente a nadie. Y, por ello, nadie debe quedarse con los brazos cruzados. El hecho de que esos niños y esas niñas no estén cerca no quiere decir que no existan. ¿Cómo mostrarnos impasibles ante esta tragedia que sigue en vigor mientras nuestros niños y niñas acuden cada día a las escuelas? ¿Cómo no denunciar a quienes explotan de manera tan brutal a estas criaturas? ¿Cómo no gritar y exigir a los políticos que tomen cartas en el asunto? ¿Cómo no comprometernos a mandar a la ruina a todos aquellos negocios que se construyen con el sudor de los niños y de las niñas?
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December 10 2010, 10:00pm | Comments »
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No te rindas
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Antesdeayer celebramos el Día Internacional contra la Violencia de género. El 25 de noviembre fue declarado día Internacional contra la Violencia hacia la mujer en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981. En este encuentro las mujeres denunciaron la violencia de género en el ámbito doméstico y la violación y el acoso sexual en la sociedad, incluyendo la tortura y los abusos sufridos por prisioneras políticas. Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Sus cadáveres destrozados aparecieron en el fondo de un precipicio. Para el movimiento popular y feminista de República Dominicana estas mujeres han simbolizado la lucha y la resistencia. Imprescindible conmemoración. Porque sigue existiendo en el mundo una cruel violencia, desde la cuna hasta la tumba, para muchas niñas y muchas mujeres. Y esto no es un ensayo general, esto es la vida. En lo que va de año, ya son 65 las mujeres que han sido asesinadas en España a manos de sus parejas. ¡Qué horror! ¡Qué horror también el dolor de muchas mujeres muertas en vida, su silencio, su miedo, sus lágrimas, su angustia, su desesperación. ¿Dónde están las que van a morir? ¿Dónde están las que serán enterradas antes de que termine el presente año? ¿Qué estamos haciendo con ellas? Porque la lista de víctimas no tiene todavía punto final. No lo tiene porque las fuentes del sexismo siguen manando desde lo más profundo de una sociedad androcéntrica. Porque el sexismo sigue ejerciendo su influencia sobre las concepciones, las actitudes y los comportamientos de las personas y de las instituciones. ¿Cómo se puede acabar con esta lacra, con este terrorismo que actúa unas veces de manera brutal y otras de manera sutil? Hemos avanzado, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Hay que cegar esas fuentes que tienen miles de caños, miles de grietas por las que se cuela el agua envenenada. Hay que limpiar el lenguaje de la discriminación sexista. Lo que no se nombra no existe. Alguna vez he puesto este sencillo ejemplo en la clase. Un padre viaja en moto con su hijo. El chico va detrás del padre, acompañando sus inclinaciones y sus giros. Llueve con fuerza. La carretera está resbaladiza. De pronto, la moto derrapa y se sale de la carretera. El padre muere en el acto. El chico queda gravemente herido. Llega una ambulancia que, con la mayor urgencia, lleva al chico al Hospital más próximo. El equipo de urgencia decide que hay que operar inmediatamente. Cuando la ambulancia llega al quirófano y el cirujano jefe ve a quién se dispone a operar, exclama: - ¡Dios mío, si es mi hijo! Les pregunté a continuación cómo se explica esta historia. Alguien dijo que el cirujano jefe era el padre biológico y que quien llevaba al chico en la moto era el actual esposo de su madre. Hubo más explicaciones. La más pintoresca fue la de alguien que dijo que quien viajaba en la moto era un padre cura con su hijo espiritual. Después de darle muchas vueltas alguien dio con la clave: - El cirujano jefe era su madre. En efecto, era la madre del accidentado. Pero, como, al decir cirujano, la mujer desaparece, no caemos en la cuenta de que quien opera es la madre. Por otra parte, estamos acostumbrados a que haya más cirujanos que cirujanas y más jefes que jefas. Hay que denunciar una vez más el sexismo de muchas religiones, que sitúan a la mujer en un segundo plano de la vida y de la historia, que impiden su acceso al poder, que las cubren de unos velos que sus jefes no llevan. Hay que gritar contra la discriminación en el trabajo, contra la exclusión laboral, contra los sueldos recortados por el hecho de ser mujer, contra el acoso sexual, contra las bajas expectativas. Todavía existe una cruel discriminación en el ámbito laboral. Me contaba ayer mismo una alumna que en unos grandes almacenes de Málaga en los que solicitó trabajo, le habían exigido unas pruebas de orina para detectar un posible embarazo. Hay que liberar medios y presupuestos para luchar contra la discriminación. ¿Qué dicen quienes se han burlado del Ministerio de Igualdad y no han descansado hasta que ha sido borrado del mapa? Un Ministerio inútil, han dicho. Su presupuesto les parecía exagerado, sus iniciativas ridículas, sus pretensiones intrascendentes, su titular bisoña. Y, sobre todo, hay que conseguir con la educación (en la familia, en la escuela, en los medios, en la sociedad…) una formación en la igualdad. En la igualdad de derechos, en la igualdad de oportunidades. Tengo en mis manos un hermoso folleto editado por el Instituto Andaluz de la Mujer, titulado “Trátame bien…”. Un interesante folleto de Fernando Gálligo Estévez que es autor del sugerente libro “SOS…Mi chico me pega pero yo le quiero”. Estupenda iniciativa. Para terminar quiero dirigirme a las mujeres. Porque no hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido (en este caso, la oprimida) mete en su cabeza los esquemas del opresor. Y lo haré con unas hermosas palabras de Mario Benedetti, tomadas de un poema que se titula “No te rindas”. “No te rindas, por favor, no cedas/ aunque el frío queme/ aunque el miedo muerda/ aunque el sol se ponga y se calle el viento/ aun hay fuego en tu alma/ aún hay vida en tus sueños/ porque cada día es un comienzo nuevo/ porque esta es la hora y el mejor momento/ porque no estás sola, porque yo te quiero”.
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November 26 2010, 10:00pm | Comments »
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Los siempres de los jamases
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Resulta apasionante reflexionar sobre las vivencias del tiempo y de la memoria que tenemos las personas. Bergson hablaba del tiempo subjetivo y decía que no se derrite a la misma velocidad un azucarillo en un vaso de agua para quien tiene sed que para quien está saciado. No tienen la misma duración subjetiva los cinco minutos últimos de un partido para los seguidores del equipo que va ganando por la mínima que para los del equipo que va perdiendo. Para los primeros las manecillas parecen de plomo y para los segundos se diría que vuelan. El tiempo de reloj es exactamente el mismo para ambos, pero no lo es la vivencia que tienen del mismo. ¿Cuánto duran las vacaciones en comparación con el mismo tiempo de un trabajo monótono y aburrido? ¿Qué tiempo abarcamos psicológicamente cuando utilizamos la palabra jamás? En principio hablamos de toda la vida. Pero, en la realidad, no suele ser así. Cuando decimos jamás nos referimos habitualmente a “ahora mismo”. El tiempo es un metro de goma con el que medimos los estados de ánimo y la forma de pensar. El estupendo libro “La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, termina con estas palabras: “No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada. Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres de los jamases. La belleza de este mundo”. Renée y Paloma (la pequeña que tenía como plan suicidarse y quemar la casa) tejen una historia hermosa que les permite descubrir la belleza de las pequeñas cosas y la magia de los placeres efímeros, de manera que inventarán un mundo mejor. Encuentran el camino de la felicidad gracias a la amistad, al amor y al arte. Paloma, la niña de doce años, que goza de una inteligencia extraordinaria, trata de vencer la desesperanza y lo consigue a través de la amistad con la portera Renée. ¿Cómo se buscan los siempres de los jamases? Reflexionando, observando cómo la rotundidad del jamás se quiebra fácilmente en las volubles decisiones de la voluntad. “Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores” es el título de un interesante libro de Douwe Draaisma en el que el autor nos habla sobre el paso del tiempo y las características de la memoria que lo almacena. La memoria, dice, es como perro que se acuesta cuando quiere y donde quiere. “En los relojes de arena, dice Draaisma, los granos se rozan tornándose cada vez más lisos. Hasta que finalmente pasan de un recipiente a otro casi sin fricción, puliendo cada vez más la apertura. Cuanto más viejo sea un reloj de arena., más rápidamente pasará la arena”. Desapercibidamente, el reloj de arena mide horas cada vez más cortas. En esa imperfección cronométrica se esconde una metáfora: “Pues también al ser humano los años, al repetirse, se le pasan cada ves más raudos, volando, hasta que finalmente se rompe la medida; también el ser humano se vuelve cada vez más permeable a las imperfecciones”. Estamos amasados por el tiempo que vivimos. Estamos hechos de fragmentos de tiempo. Y en el lenguaje, de manera constante, hacemos referencia al mismo: mañana, dentro de un momento, antesdeayer, hace un año, en las próximas vacaciones, cuando llegue el fin de semana… Cuando decimos jamás queremos expresar que nunca vamos a pensar, a decir o a hacer algo pero, muchas veces, no acaba siendo así. Y volvemos a pensar, a decir y a hacer aquello que en aquel momento tanto nos ofendía. - Jamás volveré a dirigirte la palabra, decimos con énfasis; pero, a las pocas horas, volvemos a hacerlo. - Jamás volveré a pensar en esa triste historia, afirmamos, pero pronto non invadirá de nuevo el recuerdo. - Jamás me volveré a enamorar, le decimos a un amigo después de un doloroso desengaño pero, al cabo de un tiempo, nos olvidamos de aquella promesa que pretendía ser eterna. - Jamás volveré a decir una mentira, le dice el hijo a su padre con plena convicción, sin caer en la cuenta de que pronto volverá a repetir el engaño. - Jamás te abandonaré, dice el marido a la mujer el día de la boda, sin tener en cuenta que el divorcio está ya asomando su cabeza en la relación. - Jamás volveré a fumar, dice el empedernido fumador, sin caer en la cuenta de la dificultad de hacer efectivo su aserto. - Padre, jamás volveré a pecar, dice el penitente que se confiesa cada semana. Hay “jamases” prospectivos como los que he puesto de ejemplo. Y otros que tienen carácter retrospectivo: - Jamás he dicho tal cosa ni nada parecido, dice quien reveló un secreto hace pocas horas. - Jamás pensé así, afirma quien se ha pasado media vida defendiendo esa tesis. - Jamás se me ha ocurrido una idea semejante, dice enfáticamente quien desea mostrarse alejado de una determinada idea. - Jamás se me ha ocurrido una tontería de ese calibre, dice quien de vez en cuando tiene la tentación de llevarla a cabo. - Jamás he visto a un personaje tan pintoresco como éste, dice quien está habituado a ver individuos raros. Por si el jamás no fuese suficientemente contundente añadimos para reforzar nuestra posición: jamás de los jamases. De ahí el aforismo español que dice: Nunca digas de este agua no beberé o este cura no es mi padre, que viene a decir que el concepto de jamás es quebradizo.
La rotundidad de la palabra jamás, se quiebra en los enrevesados vericuetos de la vida. El niño le desmonta la lección al papá con una endiablada pregunta: - A tu edad, yo no decía mentiras, le dice el padre al hijo proponiéndose como un perfecto y perpetuo ejemplo de vida. Y el hijo replica: - ¿A qué edad empezaste entonces, papá? Es probable que el papá le asegurase al niño que jamás había dicho una mentira. ¿Jamás? En los jamases y, sobre todo, en los jamases de los jamases, suele esconderse un siempre o un casi siempre.November 5 2010, 11:00pm | Comments »
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El maestro del biblioburro
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/10/23/el-maestro-del-biblioburro/
Dice la profesora inglesa Joan Dean que, si los profesores compartiésemos las experiencias positivas que vivimos, encontraríamos una fuente inagotable de energía y de optimismo. No lo hacemos por un falso pudor, por pereza o por creer que lo que hacemos no tiene la misma importancia que las iniciativas que otros llevan a cabo. ¿Cuántas experiencias creativas, hermosas y emocionantes llevan a cabo los docentes en los diversos ámbitos de intervención del sistema educativo? ¿E, incluso, fuera del mismo? ¿Por qué no difundirlas y combatir así ese fondo de pesimismo que es tan nocivo y, por otra parte, tan antagónico con la esencia de la educación? Me han enviado un maravilloso documento pedagógico que quiero compartir con mis lectores y lectoras. Se trata de la iniciativa que hace varios años, diez aproximadamente, está llevando a la práctica un maestro colombiano llamado Humberto Luis Soriano Borges en La Gloria, Departamento de Magdalena (República de Colombia). Se trata de una biblioteca ambulante que se mueve a lomos de un burro y de una burra. La burra se llama Alfa y el burro se llama Beto. “Biblioburro” llama a su biblioteca andante este joven maestro. Él dice que hay niños y niñas que viven apartados de cualquier tipo de libros, ya que sus familias se encuentran diseminadas por los valles y perdidas en pequeñas aldeas de montaña. No llega allí ningún tipo de vehículo y ellos no tienen posibilidades de acudir a los centros de población en los que hay bibliotecas. Los fines de semana, el maestro Soriano, carga de libros las alforjas de Alfa y Beto y va con esos humildes tesoros al encuentro de los niños y de las niñas que los reciben con entusiasmo. El dice que pretende cultivar su imaginación, que pretende poner un poco de color en sus vidas grises. Él dice, que esos niños y niñas “atravesados por la violencia”, necesitan asomarse a las maravillas que encierran los libros. Es emocionante ver las caras de los niños y de las niñas leyendo los libros y haciendo ejercicios diversos después de la lectura. Es emocionante escuchar las opiniones que los padres y las madres de esos niños manifiestan respecto a la iniciativa del maestro.. - Espectacular, dice una niña entusiasmada refiriéndose al encuentro con Alfa y Beto. - Como los niños no pueden acudir a las bibliotecas, el maestro les trae la biblioteca a los niños, señala una mamá agradecida. Mi admiración por este maestro que no se somete a su horario ni está pendiente del reloj para medir su jornada. Él acude a visitar a los niños y a las niñas que, alborozados, celebran la llegada de la biblioteca. Me admira también que no se trate de una experiencia de un día o de dos, ocasional, pasajera, sino de un proyecto prolongado en el tiempo, que se ha hecho parte de la vida de esas personas a las que Paulo Freire calificaba de “los desheredados de la tierra”. Me pregunto por qué no hace el gobierno la tarea que este humilde maestro realiza en sus horas de descanso. ¿Por qué abandona el gobierno a esas criaturas que necesitan acceder a los bienes de la cultura en mayor medida que otras que tienen a mano muchos medios y recursos? ¿Por qué las ignora y las deja abandonadas a su suerte? Tiene que ser este soñador y sacrificado maestro el que realiza estas labores de rescate. Él tiene que brindar su preocupación, su sensibilidad, su tiempo y su dinero para suplir las carencias del Ministerio de Educación del país. Uno llega a pensar si no es verdad aquella antigua sospecha que muchos albergaban respecto al poder: ¿no le interesará que los ciudadanos y ciudadanos sean ignorantes? De esa manera no pondrán en solfa su actitud y sus políticas. De esa manera no pretenderán desalojarles del poder. Cuando contemplaba, emocionado, las imágenes a las que remito al lector o lectora (escriban en cualquier buscador la palabra biblioburro), pensaba en la desafección que muchos de nuestros escolares muestrean hacia los libros y hacia la lectura. ¿Qué nos pasa? Creo que la sobreabundancia nos ha saciado y ya no mostramos aprecio a bienes de los que otros carecen y que valoran en muy alto grado. Es muy significativo ver cómo reciben los niños y las niñas de estas aldeas al maestro y a sus burros y comparar esa actitud con el rechazo que algunos de nuestros escolares tienen hacia la lectura. He contado en alguna ocasión la anécdota que el fallecido y querido Eduardo Haro Tecglen transcribió en su entonces habitual columna de El País. Contaba que, estando haciendo una mudanza, un joven levantaba sudoroso en su casa una pesada caja de libros. Eduardo le dice: - Siento que tengas que hacer un esfuerzo tan grande. Los libros pesan y, además, la caja es excesivamente grande. Y el chico le dice: - No se preocupe por mí, Don Eduardo. Lo mío no es nada. Lo malo es lo suyo que tiene que leerlos. ¿Por qué este rechazo, por qué esta aversión, por qué esta actitud negativa hacia la lectura. Es preciso pensar qué estrategias didácticas utilizamos en las casas y en las escuelas. Y pensar si otros estímulos están conquistando las parcelas de curiosidad innata que tiene el ser humano. Es preciso pensar también si nuestra actitud hacia la lectura arrastra hacia los libros o aleja de ellos a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Porque no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Los niños y las niñas actúan como nosotros somos, no tanto como nosotros les decimos que tienen que actuar. Una persona que no ama los libros no puede contagiar el deseo de leer. El maestro colombiano de nuestra historia es una apasionado de la lectura, es un verdadero ejemplo de amor a los libros. Por eso contagia su actitud, por eso transmite tan eficazmente su emoción.
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October 22 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
¡A jugar a la calle!
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Acabo de leer la interesante novela “Aurora boreal” de Äsa Larsson. No haré ninguna glosa sobre ella. Solamente voy a remitirme a un breve pasaje que me llamó la atención por su interés pedagógico. Uno de los magníficos personajes de la novela, llamado Siving, le dice a la abogada Rebecka Martinsson: “Aunque hoy en día parece que algunos críos no saben jugar fuera de casa por culpa de las películas y todos esos juegos de la consola. ¿Te acuerdas de Manfred, el que vive al otro lado del río,? Me contó que fueron a verle sus nietos este verano. Al final los tuvo que obligar a salir para que salieran fuera. “ En verano solo se puede estar dentro de caqsa si llueve a cántaros”, les dijo. Y los niños salieron. Pero no tenían ni idea de cómo jugar. Se quedaron allí en el jardín, totalmente apáticos. Al cabo de un rato Manfred vio que se había puesto en círculo cogidos de la mano. Cuando salió y lesa preguntó qué hacían, le dijeron que estaban pidiendo a Dios que se pusiera a llover a cántaros”. Significativa anécdota. Un grupo de niños le pide a Dios que llueva a cántaros para poder estar en casa y no salir a jugar a la calle. ¿Qué pasa hoy en día con el juego de los niños y de las niñas? ¿Qué pasa con sus formas de vivirlo y practicarlo? En primer lugar, los juegos están diseñados, programados y organizados por otros. En segundo lugar son juegos que se pueden practicar en solitario, en tercer lugar, que hay que practicarlos sentados en un sillón y en cuarto lugar que son enormemente caros. Dice Bruner: “estoy firmemente convencido de que un juego más elaborado, más rico y más prolongado da lugar a que crezcan seres humanos más completos”. Desde ese presupuesto, que comparto íntegramente, nos queda a los adultos de hoy preguntarnos lo que sucede con el juego de nuestros niños y de nuestras niñas. No me reprocharán mis críticos en esta ocasión que utilice ambos géneros, ya que hay peculiaridades muy interesantes en el juego de unos y de otras. Y hay repercusiones importantes diferenciales para unos y para otras. Recuerdo los juegos de mi infancia en Grajal de Campos, un pequeño pueblo de la provincia de León. Todo el día en la calle. Todo el día en la libertad, en la relación y en la plena creatividad. Bastaba un aro y su guía, unas tabas, unas piedras que servían de portería… Todo gratis, claro. Todo en grupo. Todo inventado. Con una camiseta vieja y una cuerda se podía hacer un improvisado balón. Sabido es que el pedagogo italiano Francesco Tonucci trabaja con niños y niñas cómo ha de ser la configuración de las ciudades Con buen criterio dice que si una ciudad está hecha a la medida de los niños y de las niñas, todo el mundo puede vivir en ella seguro: enfermos, ancianos, discapacitados. Si, por el contrario, una ciudad se construye teniendo como prototipo al conductor, varón, apresurado y violento, hay personas que no tienen cabida en ella. En cierta ocasión me contó que, cuando le preguntó a un niño cómo quería que fuese su ciudad, éste le contestó con aplomo representando los intereses de su colegas: - Queremos jugar gratis. Para que un niño pueda jugar hoy hace falta mucho dinero en cualquier ciudad. Es necesario pagar para entrar en los parques acuáticos, en los parques de atracciones, en las salas de cine… Es necesario pagar para jugar una partida de futbolín, o para conducir un cochecito eléctrico; hace falta pagar para subirse a una cama elástica o a un castillo hinchable… Todo se ha convertido en negocio. Hasta el juego de los niños y de las niñas, juego que necesitan como el aire para respirar. Es decir que les cobramos por respirar. Les cobramos por ser niños. Les cobramos por vivir. ¿Qué sucede con los niños cuyos padres no tienen dinero? Pues que deben adaptarse a una permanente frustración. Pueden ver y no tocar. Pueden envidiar cómo otros disfrutan sin que ellos puedan hacerlo. Jugar es caro en una sociedad mercantilista como la nuestra. Además, las ocupaciones crecientes que les imponemos dejan un tiempo escaso para el juego. Los “deberes” de los colegios, con frecuencia desmesurados, comienzan muy pronto como exigencia de una escuela encaminada al logro más que a la felicidad. Cada profesor demanda unas tareas sin tener en cuenta lo que piden sus colegas. La suma de todos los trabajos ocupa un tiempo que no deja lugar al juego y al descanso. Las familias, por motivos diversos (interés por los aprendizajes, dificultad para atenderlos, comparación con lo que hacen otras familias, compensación de viejas frustraciones…) se empeñan en que, a una edad temprana, los niños y las niñas realicen una serie de aprendizajes añadidos a los que brinda la institución escolar. Aprenden piano, ballet, canto, baile, judo, macramé…Son actividades que les gustan, decimos. Pero lo cierto es que les gustaría más estar jugando libremente. Resulta dramático pensar en ese grupo de niños cogidos de la mano pidiendo a Dios que se ponga a llover a cántaros para poder entrar en la casa y dedicarse a juegos sedentarios, individualistas y diseñados por otros. ¿Qué nos está pasando? ¿No serían más felices nuestros niños y niñas si tuviesen más tiempo para jugar en la calle, juntos y a juegos que ellos mismos se inventasen? Parece que sólo son efectivos y valiosos los aprendizajes formales Escuchemos a Bruner: “El juego proporciona una excelente oportunidad para ensayar combinaciones de conductas que nunca serían intentadas bajo condiciones de presión funcional”. El tiempo de juego no es tiempo perdido, sino plenamente aprovechado. No les robemos el tiempo de juego. No les encerremos en jaulas, aunque sean de oro.
September 17 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
El Arca de Noé
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/09/04/el-arca-de-noe-3/
Me cuenta mi migo Horacio Muros, fuente inagotable de sugerencias didácticas, que en la provincia de San Juan (Argentina) hay una escuela que tiene por nombre “El Arca de Noé”. Me ha parecido una magnífica denominación para representar el papel de una institución que navega en medio de un diluvio de mensajes neoliberales y en un mar proceloso y convulso en el que fácilmente podría naufragar la humanidad. El nombre de las escuelas tiene que ver habitualmente con algún personaje célebre o con algún acontecimiento relevante de la historia de un pueblo. Pero, pocas veces, reflejan el imaginario social y la construcción de representaciones simbólicas. Pocas veces hacen referencia al papel que la institución desempeña en la sociedad, a su significado para la vida de los docentes, de los escolares y de los ciudadanos en general. “El Arca de Noé”: qué nombre más hermoso para una escuela. Esa humilde escuela (todas las escuelas son humildes) recibe a los alumnos y alumnas de contextos desfavorecidos y en ella se refugian de la ignorancia y de la inmadurez hasta que pasen los cuarenta días del diluvio. Se trata de un diluvio de concepciones, de actitudes y de comportamientos que amenazan la permanencia del Arca sobre las aguas agitadas. Individualismo exacerbado, competitividad extrema, relativismo moral, eficientismo, olvido de los desfavorecidos, privatización de bienes y servicios, hipertrofia de la imagen, imperio de las leyes del mercado, capitalismo salvaje, reificación del conocimiento… Sólo se salvarán quienes estén dentro del Arca. Protegidos del avance las aguas. Aunque el Arca sea frágil (o precisamente porque es frágil) podrá mantenerse a flote. Hay niños y niñas que sólo en la escuela podrán refugiarse de la ignorancia y de la abalancha de contravalores de una sociedad que se asemeja a una selva en la que sólo puede sobrevivir el más fuerte. Hay niños y niñas cuyos entornos familiares y sociales están tan depauperados que poco pueden hacer las familias para sacarles de la ignorancia y de la miseria. Para ellos la escuela es un salvífico “Arca de Noé”. Incluso los niños y niñas de familias cultas y económicamente desahogadas van a encontrar en la escuela esa tabla de salvación que les haga sentirse iguales a los otros y responsables de la superación de las desigualdades. Al salir del Arca habrá que emprender una tarea conjunta de reconstrucción de la sociedad. Una sociedad que se asiente sobre la solidaridad, la justicia, la libertad, el respeto a la dignidad de las personas. Se trata de vivir en el Arca no para reinstaurar la selva sino para poner en práctica los principios de la convivencia que se han aprendido dentro de ella. La escuela, sobre esas aguas agitadas, mantiene el equilibrio inestable esperando el sol y el anuncio del ramo de olivo en el pico de la paloma de la paz. En “El Arca de Noé” se produce una mezcolanza insuperable de etnias, de credos, de culturas, de edades, de sexos, de inteligencias, de expectativas…. Todos tienen un lugar en ese Arca que se ha convertido actualmente, en palabras de Phillip Roth, en la gran “mezcladora social”. Juntos aprenden, juntos conviven, juntos se relacionan, juntos miran el futuro desde la misma incertidumbre y desde parecida confianza. Mientras están en ese refugio contra la ignorancia y las perversiones, están protegidos de la destrucción. Hay quien pensará que le estoy dando demasiada importancia a la escuela. Pero incluso los defensores y practicantes de la Home School tendrán que reconocer que no pueden sustituir de manera plena e indefinida a la escuela institucional. Pasados unos años tienen que incorporar a sus hijos e hijas al sistema educativo. En El Arca de Noé están también los profesores y profesoras. Ellos y ellas se salvan o se hunden con todos los que están cobijados bajo su techo. Ellos se salvan de la vulgaridad, del individualismo, de la superficialidad, del egoísmo y de la ignorancia porque tienen que realizar una función excelsa en el seno de un equipo. Noé y su familia también se salvaron del diluvio. Aprender a convivir en el Arca es una empresa tan complicada como importante. Cada uno es diferente. Cada uno tiene su régimen de comida y sus condiciones peculiares de vida. El que todos se salven depende de que cada uno lo haga posible. El que casa uno se salve depende de que todos lo hagan posible. Los constructores del Arca tienen que hacerla sólida y firme, con buenos materiales porque las dificultades que tiene que superar son muy grandes: vientos de disputa ideológica, lluvia de críticas injustas, tempestades de demandas crecientes, olas de avatares legislativos, escollos de dificultades imprevistas… No se puede hacer frente a grandes problemas con una estructura frágil y unas pobres condiciones . Salvarse en el Arca de Noé no tiene que ver sólo con el egoísmo de la sobrevivencia, tiene que ver con la posterior vida en común. Se ha sorteado el peligro de la destrucción toda con el fin de construir una sociedad mejor. Me gustan los profesores, los alumnos, las familias y los ciudadanos que valoran la escuela, que la aman. No me gustan las bromas como la que circula por la red bajo el título “demolition call” en la que una niña inglesa llama a una empresa de derribos pidiendo que destruyan la escuela asegurándose de que los profesores se encuentran dentro de ella. Destruir el Arca de Noé sería un desastre para todos los que en ella pueden salvarse, en definitiva, para toda la humanidad.
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September 3 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
El Arca de Noé
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/09/04/el-arca-de-noe-2/
Me cuenta mi migo Horacio Muros, fuente inagotable de sugerencias didácticas, que en la provincia de San Juan (Argentina) hay una escuela que tiene por nombre “El Arca de Noé”. Me ha parecido una magnífica denominación para representar el papel de una institución que navega en medio de un diluvio de mensajes neoliberales y en un mar proceloso y convulso en el que fácilmente podría naufragar la humanidad. El nombre de las escuelas tiene que ver habitualmente con algún personaje célebre o con algún acontecimiento relevante de la historia de un pueblo. Pero, pocas veces, reflejan el imaginario social y la construcción de representaciones simbólicas. Pocas veces hacen referencia al papel que la institución desempeña en la sociedad, a su significado para la vida de los docentes, de los escolares y de los ciudadanos en general. “El Arca de Noé”: qué nombre más hermoso para una escuela. Esa humilde escuela (todas las escuelas son humildes) recibe a los alumnos y alumnas de contextos desfavorecidos y en ella se refugian de la ignorancia y de la inmadurez hasta que pasen los cuarenta días del diluvio. Se trata de un diluvio de concepciones, de actitudes y de comportamientos que amenazan la permanencia del Arca sobre las aguas agitadas. Individualismo exacerbado, competitividad extrema, relativismo moral, eficientismo, olvido de los desfavorecidos, privatización de bienes y servicios, hipertrofia de la imagen, imperio de las leyes del mercado, capitalismo salvaje, reificación del conocimiento… Sólo se salvarán quienes estén dentro del Arca. Protegidos del avance las aguas. Aunque el Arca sea frágil (o precisamente porque es frágil) podrá mantenerse a flote. Hay niños y niñas que sólo en la escuela podrán refugiarse de la ignorancia y de la abalancha de contravalores de una sociedad que se asemeja a una selva en la que sólo puede sobrevivir el más fuerte. Hay niños y niñas cuyos entornos familiares y sociales están tan depauperados que poco pueden hacer las familias para sacarles de la ignorancia y de la miseria. Para ellos la escuela es un salvífico “Arca de Noé”. Incluso los niños y niñas de familias cultas y económicamente desahogadas van a encontrar en la escuela esa tabla de salvación que les haga sentirse iguales a los otros y responsables de la superación de las desigualdades. Al salir del Arca habrá que emprender una tarea conjunta de reconstrucción de la sociedad. Una sociedad que se asiente sobre la solidaridad, la justicia, la libertad, el respeto a la dignidad de las personas. Se trata de vivir en el Arca no para reinstaurar la selva sino para poner en práctica los principios de la convivencia que se han aprendido dentro de ella. La escuela, sobre esas aguas agitadas, mantiene el equilibrio inestable esperando el sol y el anuncio del ramo de olivo en el pico de la paloma de la paz. En “El Arca de Noé” se produce una mezcolanza insuperable de etnias, de credos, de culturas, de edades, de sexos, de inteligencias, de expectativas…. Todos tienen un lugar en ese Arca que se ha convertido actualmente, en palabras de Phillip Roth, en la gran “mezcladora social”. Juntos aprenden, juntos conviven, juntos se relacionan, juntos miran el futuro desde la misma incertidumbre y desde parecida confianza. Mientras están en ese refugio contra la ignorancia y las perversiones, están protegidos de la destrucción. Hay quien pensará que le estoy dando demasiada importancia a la escuela. Pero incluso los defensores y practicantes de la Home School tendrán que reconocer que no pueden sustituir de manera plena e indefinida a la escuela institucional. Pasados unos años tienen que incorporar a sus hijos e hijas al sistema educativo. En El Arca de Noé están también los profesores y profesoras. Ellos y ellas se salvan o se hunden con todos los que están cobijados bajo su techo. Ellos se salvan de la vulgaridad, del individualismo, de la superficialidad, del egoísmo y de la ignorancia porque tienen que realizar una función excelsa en el seno de un equipo. Noé y su familia también se salvaron del diluvio. Aprender a convivir en el Arca es una empresa tan complicada como importante. Cada uno es diferente. Cada uno tiene su régimen de comida y sus condiciones peculiares de vida. El que todos se salven depende de que cada uno lo haga posible. El que casa uno se salve depende de que todos lo hagan posible. Los constructores del Arca tienen que hacerla sólida y firme, con buenos materiales porque las dificultades que tiene que superar son muy grandes: vientos de disputa ideológica, lluvia de críticas injustas, tempestades de demandas crecientes, olas de avatares legislativos, escollos de dificultades imprevistas… No se puede hacer frente a grandes problemas con una estructura frágil y unas pobres condiciones . Salvarse en el Arca de Noé no tiene que ver sólo con el egoísmo de la sobrevivencia, tiene que ver con la posterior vida en común. Se ha sorteado el peligro de la destrucción toda con el fin de construir una sociedad mejor. Me gustan los profesores, los alumnos, las familias y los ciudadanos que valoran la escuela, que la aman. No me gustan las bromas como la que circula por la red bajo el título “demolition call” en la que una niña inglesa llama a una empresa de derribos pidiendo que destruyan la escuela asegurándose de que los profesores se encuentran dentro de ella. Destruir el Arca de Noé sería un desastre para todos los que en ella pueden salvarse, en definitiva, para toda la humanidad.
September 3 2010, 5:42pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
Los desaprensivos
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/08/28/los-desaprensivos/
Una persona desaprensiva, dice el diccionario de la RAE, es aquella que actúa sin atenerse a las reglas o sin miramiento hacia los demás. Hay gente que va por la vida con una desenvoltura tremenda. Piensan en sí mismos y funcionan como si su ombligo fuera el centro del universo. Todo se les debe y ellos nunca se ven obligados a corresponder. Entienden que los demás han nacido para estar a su servicio. Así se comportan. No es que pidan, es que exigen. Sus parejas, sus amigos, sus colegas e, incluso, los extraños, están ahí para rendirles pleitesía. Me hacía pensar en ellos una historia que me han contado hace unos días. Un borracho llama a las tres de la mañana a un domicilio particular. Se levanta somnoliento el dueño de la casa, alarmado por lo intempestivo de la hora y por lo insistente de la llamada. Abre la puerta y se encuentra con un individuo que, con no muy buenas maneras le dice: - ¿Quiere usted empujarme? La respuesta no se hace esperar: - Déjeme en paz. ¿Cómo se le ocurre molestarme a estas horas? Me levanto a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Busque a otra persona que le ayude. Cierra la puerta de inmediato y se va a la cama con la intención de aprovechar las pocas horas que le quedan de descanso. Pero no puede conciliar el sueño. Le remuerde la conciencia. ¿Y si le pasa algo? ¿Y si por mi culpa tiene un accidente con el coche? ¿Y si no encuentra a nadie que le ayude? Se levanta, se viste y baja a la calle. No ve a nadie. Levanta un poco la voz para preguntar: - ¿Está por ahí la persona que necesita ayuda? ¿Todavía necesita que alguien le empuje? - Un poco más allá surge la voz del borracho diciendo, en medio de la noche, a grito limpio: - Sí, aquí, en el columpio. Es el colmo de la caradura, de la tomadura de pelo, de la desfachatez. Levántese, que necesito que alguien me haga cobrar impulso en el columpio. Desconsideración, caradura, desfachatez. Desaprensión. ¿No conocen el lector o la lectora a personas de este tipo? Podríamos encontrar ejemplos en todos ámbitos de la vida. En el ámbito laboral todo el mundo conoce a personas que tienen como ley suprema la del mínimo esfuerzo. Los demás tienen que hacer lo suyo, tienen que responsabilizarse de aquello que les compete. Claro que a la hora de cobrar son los primeros que ponen la mano. Son también los que más protestan cuando en el reparto les corresponde una carga como la de los demás. Ellos se consideran caso aparte. Se consideran acreedores de privilegios y prebendas. Por una sencilla razón: por ser quienes son. En el ámbito familiar se distinguen por la actitud de servicio que le reclaman a los demás. Ellos están para ser servidos, no para servir. Dejan la ropa tirada por todas partes, se sientan a la mesa cuando ya está puesta y la comida servida, se levantan de la mesa sin recoger ni un plato, nunca se preguntan cuánto se paga por la luz o por el agua. La casa es su Hotel y los gastos no saben a cargo de quién corren. En el ámbito ciudadano los ejemplos se multiplican. No hace falta pensar mucho para encontrarse con actitudes y comportamientos de personas desaprensivas. El conductor del coche que se para en medio de la calle y entabla una conversación con un amigo o conocido sin importarle lo más mínimo los bocinazos de los impacientes conductores que esperan el final de su parsimoniosa conversación. Al terminar no sólo no pide disculpas sino que hace un corte de mangas a quienes le han increpado por su cara dura. El que llega a un fila y pretende colarse, sin importarle las miradas desaprobatorias o las frases disuasorias de quien han llegado antes que él. El que tira una lata de refresco con toda la desconsideración del mundo, sin importarle las advertencias de quien le dice que eso no se debe hacer, que alguien deberá recogerla. El que aparca tranquilamente en una zona reservada para minusválidos haciendo caso omiso de las señales que claramente indican la prohibición. ¿Qué solución tienen estas personas? Porque el problema fundamental en el que se asienta su comportamiento es que lo que les suceda a los demás les importa un comino. Lo que les dicen los demás les trae al pairo y ni se plantean las consecuencias que tengan sus actuaciones. El que venga detrás, que arree. Hace poco vi una colilla que estaba empezando a quemar la hierba seca que había a su alrededor. Y me dije: ¿Qué habrá pensado quien la ha tirado al suelo estando encendida? ¿O ni siquiera ha pensado? ¿O ha pensado que si provoca el incendio él se encontrará lejos de allí? La solución a esas formas incívicas y egoístas es una auténtica educación asentada en valores. Una educación que enseñe a convivir, que enseñe responsabilidad, que ponga límites y que recuerde de forma eficaz que no sólo tenemos derechos sino que éstos tienen sus correlativas obligaciones y deberes. No podemos vivir en una sociedad justa si cada uno va a lo suyo, si se impone la ley del más fuerte, es decir la ley de la selva. O si ignoramos que tenemos unas obligaciones que cumplir como ciudadanos y ciudadanas responsables. No basta imponer sanciones porque si todo se cifra en la sanción las personas pueden optar por saltarse la ley o burlarse del prójimo cuando no sean sorprendidos por quien vigila o sanciona. La base de la convivencia es el respeto, no el temor. Es el reconocimiento de la dignidad de las personas, no el temor a los castigos. Y la educación no se desarrolla sólo en la familia, ni sólo en la escuela. La educación es una responsabilidad de toda la sociedad. Es bueno recordar, una vez más, el sabio proverbio africano: Hace falta un pueblo entero para educar a un niño o a una niña.
August 27 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
Mujeres en construcción
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/08/21/mujeres-en-construccion/
He visto un documental conmovedor sobre un grupo de mujeres que han sufrido los horrores del terrorismo. Está dirigido por Begoña Atin y Montse Ibáñez. Tenían que ser mujeres también. Sólo desde su sensibilidad se puede entrar con ese tacto y con esa profundidad en el corazón de quien sufre. El documental lleva el significativo título que he querido utilizar para encabezar estas líneas. Es un buen título. Porque estas mujeres, cuya vida fue destruida de forma súbita, injusta y cruel, están reconstruyendo sus historias personales sobre los escombros psicológicos en los que se convirtieron. Hace falta coraje. Hace falta constancia. Hace falta mucho esfuerzo para salir a flote de un inmenso mar de lágrimas. Quiero comenzar felicitando a quienes han tenido esta hermosa iniciativa de rescatar del silencio el dolor insondable de estas mujeres. Porque un atentado terrorista tiene sólo presencia en los medios unos días. Y, a veces, ni eso. Una escueta noticia a la que ya estamos habituados y que sólo nos ocupa unos momentos de atención. Pero la vida de quien ha perdido al marido, al padre, al hermano, al hijo…sigue, desde ese momento, inmersa en el dolor, en la angustia, en el miedo y en la rabia. ¿Cómo se sale de ese pozo oscuro, profundo, asfixiante en el que la sinrazón ha arrojado a esas heroicas mujeres? El documental, técnicamente impecable en cuanto al montaje, la planificación, las angulaciones, los movimientos de cámara, la música, los tiempos y el guión, nos mete de lleno, desde las primeras imágenes, en ese mundo terrible de las secuelas de los atentados para aquellas personas que reciben la noticia, que la asumen y que tienen que seguir viviendo, con ese indescriptible dolor, con esa terrible y definitiva ausencia. El documental deja claro quiénes son las protagonistas: esas mujeres que luchan, que amasan con sufrimiento la superación, que ofrecen sus testimonios doloridos y serenos, que lloran a veces cuando hablan. Los protagonistas de este interesante documental no son los asesinos de ETA, ni los políticos que combaten el terrorismo de una forma u otra, ni los técnicos que filman, ni las directoras que elaboran y desarrollan el guión técnico… Las protagonistas son estas mujeres que han sufrido el golpe brutal de un atentado y que, durante años –día a día, noche a noche- van reconstruyendo sus vidas con un inmenso dolor en el corazón. Me he imaginado durante el documental, cómo podría contemplar esas imágenes tan contundentes los asesinos que han matado, que están pensando en matar o quienes apoyan y alientan a los que matan. Y me he preguntado por los caminos que recorre el ser humano para llegar a un grado de envilecimiento y de locura semejantes. Me ha sorprendido que no aparezca un sentimiento que, desde que apreté el botón del play me asaltaba sin cesar. ¿Por qué estas muertes? ¿Por qué y para qué estos atentados? Cuando una enfermedad, un accidente o incluso un suicidio, nos arrebatan a un ser querido, nos cuesta un triunfo superar la ausencia. A la muerte, como al sol, no se les puede mirar de frente. Pero cuando esa muerte ha sido el fruto de una decisión deliberada, planificada y ejecutada a sangre fría por un semejante sobre una víctima inocente, imagino que el dolor y la desesperación es aún mayor. Las mujeres, de diversas edades y condiciones, van desgranando sus ideas y sentimientos de una manera que parece espontánea y que sin duda es sincera. Esas imágenes tienen detrás un intenso trabajo, una idea directriz y una planificación exigente. Explorar el mundo de los sentimientos es tan importante como difícil. Porque estamos más acostumbrados a decir lo que pensamos que a expresar lo que sentimos. Una de las manifestantes dice que lo más horrible es que haya niños y niñas afectados por esa brutalidad incomprensible. ¿Cómo se le puede arrebatar a un niño o a una niña a su padre para siempre? ¿Qué maldita causa merece un tributo de tal magnitud? Una de las primeras reacciones que varias manifestantes expresan, al recibir la noticia que cambiará sus vidas, es la de incredulidad: “no me lo podía creer”, “no puede ser”, “no me cabía en la cabeza”, “mi vida no me importaba”, “esto es una pesadilla y cuando despierte habrá pasado”… Es lógico. Cuesta recuperarse de ese mazazo, de ese golpe brutal que detiene súbitamente la vida. Y luego viene esa desgana por vivir, esa falta de energía para encontrar sentido a las cosas, esa difícil para hacerle frente a la vida: “estaba acobardada”, “nos paralizó por completo”, “no quise seguir adelante”, “el sofá es mi vida”, “casi no hablábamos”, “todo se vuelve oscuro”, “vives de forma mecánica”, “te falta aire”… Cuántas lágrimas. Cuánto dolor. Cuánta ausencia. Al ver las imágenes puedes entender cómo esas personas han visto marcadas sus vidas por la tragedia. Hay un antes y un después del atentado. Hay una vida plena antes y una vida en construcción después. Los materiales están hechos de sufrimientos y la argamasa está hecha de lágrimas. Y algunas veces de terapias, de antidepresivos, de somníferos. Y vas viendo cómo lentamente, esforzadamente van edificando la vida: “ya puedo acercarme al centro”, “te caes de bruces y te levantas”, “tienes que seguir”… Lo dice magníficamente Victoria Campo recitando un poema con el que se cierra el documental: “Puedes llorar/ porque se ha ido/ o puedes reír porque ha vivido”. Con estas líneas quiero rendir un sencillo y humilde homenaje a estas mujeres que han recibido el zarpazo irracional del terrorismo y que se esfuerzan con paciencia y coraje ilimitados en reconstruir las vidas que les fueron arrebatadas. Gracias por vuestro ejemplo. Y suerte sin límites. La que un día se os negó tan cruelmente.
August 20 2010, 11:00pm | Comments »