Dice la profesora inglesa Joan Dean que, si los profesores compartiésemos las experiencias positivas que vivimos, encontraríamos una fuente inagotable de energía y de optimismo. No lo hacemos por un falso pudor, por pereza o por creer que lo que hacemos no tiene la misma importancia que las iniciativas que otros llevan a cabo. ¿Cuántas experiencias creativas, hermosas y emocionantes llevan a cabo los docentes en los diversos ámbitos de intervención del sistema educativo? ¿E, incluso, fuera del mismo? ¿Por qué no difundirlas y combatir así ese fondo de pesimismo que es tan nocivo y, por otra parte, tan antagónico con la esencia de la educación? Me han enviado un maravilloso documento pedagógico que quiero compartir con mis lectores y lectoras. Se trata de la iniciativa que hace varios años, diez aproximadamente, está llevando a la práctica un maestro colombiano llamado Humberto Luis Soriano Borges en La Gloria, Departamento de Magdalena (República de Colombia). Se trata de una biblioteca ambulante que se mueve a lomos de un burro y de una burra. La burra se llama Alfa y el burro se llama Beto. “Biblioburro” llama a su biblioteca andante este joven maestro. Él dice que hay niños y niñas que viven apartados de cualquier tipo de libros, ya que sus familias se encuentran diseminadas por los valles y perdidas en pequeñas aldeas de montaña. No llega allí ningún tipo de vehículo y ellos no tienen posibilidades de acudir a los centros de población en los que hay bibliotecas. Los fines de semana, el maestro Soriano, carga de libros las alforjas de Alfa y Beto y va con esos humildes tesoros al encuentro de los niños y de las niñas que los reciben con entusiasmo. El dice que pretende cultivar su imaginación, que pretende poner un poco de color en sus vidas grises. Él dice, que esos niños y niñas “atravesados por la violencia”, necesitan asomarse a las maravillas que encierran los libros. Es emocionante ver las caras de los niños y de las niñas leyendo los libros y haciendo ejercicios diversos después de la lectura. Es emocionante escuchar las opiniones que los padres y las madres de esos niños manifiestan respecto a la iniciativa del maestro.. - Espectacular, dice una niña entusiasmada refiriéndose al encuentro con Alfa y Beto. - Como los niños no pueden acudir a las bibliotecas, el maestro les trae la biblioteca a los niños, señala una mamá agradecida. Mi admiración por este maestro que no se somete a su horario ni está pendiente del reloj para medir su jornada. Él acude a visitar a los niños y a las niñas que, alborozados, celebran la llegada de la biblioteca. Me admira también que no se trate de una experiencia de un día o de dos, ocasional, pasajera, sino de un proyecto prolongado en el tiempo, que se ha hecho parte de la vida de esas personas a las que Paulo Freire calificaba de “los desheredados de la tierra”. Me pregunto por qué no hace el gobierno la tarea que este humilde maestro realiza en sus horas de descanso. ¿Por qué abandona el gobierno a esas criaturas que necesitan acceder a los bienes de la cultura en mayor medida que otras que tienen a mano muchos medios y recursos? ¿Por qué las ignora y las deja abandonadas a su suerte? Tiene que ser este soñador y sacrificado maestro el que realiza estas labores de rescate. Él tiene que brindar su preocupación, su sensibilidad, su tiempo y su dinero para suplir las carencias del Ministerio de Educación del país. Uno llega a pensar si no es verdad aquella antigua sospecha que muchos albergaban respecto al poder: ¿no le interesará que los ciudadanos y ciudadanos sean ignorantes? De esa manera no pondrán en solfa su actitud y sus políticas. De esa manera no pretenderán desalojarles del poder. Cuando contemplaba, emocionado, las imágenes a las que remito al lector o lectora (escriban en cualquier buscador la palabra biblioburro), pensaba en la desafección que muchos de nuestros escolares muestrean hacia los libros y hacia la lectura. ¿Qué nos pasa? Creo que la sobreabundancia nos ha saciado y ya no mostramos aprecio a bienes de los que otros carecen y que valoran en muy alto grado. Es muy significativo ver cómo reciben los niños y las niñas de estas aldeas al maestro y a sus burros y comparar esa actitud con el rechazo que algunos de nuestros escolares tienen hacia la lectura. He contado en alguna ocasión la anécdota que el fallecido y querido Eduardo Haro Tecglen transcribió en su entonces habitual columna de El País. Contaba que, estando haciendo una mudanza, un joven levantaba sudoroso en su casa una pesada caja de libros. Eduardo le dice: - Siento que tengas que hacer un esfuerzo tan grande. Los libros pesan y, además, la caja es excesivamente grande. Y el chico le dice: - No se preocupe por mí, Don Eduardo. Lo mío no es nada. Lo malo es lo suyo que tiene que leerlos. ¿Por qué este rechazo, por qué esta aversión, por qué esta actitud negativa hacia la lectura. Es preciso pensar qué estrategias didácticas utilizamos en las casas y en las escuelas. Y pensar si otros estímulos están conquistando las parcelas de curiosidad innata que tiene el ser humano. Es preciso pensar también si nuestra actitud hacia la lectura arrastra hacia los libros o aleja de ellos a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Porque no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Los niños y las niñas actúan como nosotros somos, no tanto como nosotros les decimos que tienen que actuar. Una persona que no ama los libros no puede contagiar el deseo de leer. El maestro colombiano de nuestra historia es una apasionado de la lectura, es un verdadero ejemplo de amor a los libros. Por eso contagia su actitud, por eso transmite tan eficazmente su emoción.
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El maestro del biblioburro
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/10/23/el-maestro-del-biblioburro/
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October 22 2010, 11:00pm | Comments »
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Ensaio sobre o optimismo em tempo sombrio
http://terrear.blogspot.com/2010/10/ensaio-sobre-o-optimismo-em-tempo.html
October 10 2010, 10:46am | Comments »
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Fábula del tonto
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/09/25/fabula-del-tonto/
¿Quién es tonto y quién es listo? ¿Qué es ser inteligente? Binet, que creó el primer test para medir la inteligencia definió así esta capacidad humana: “inteligencia es lo que mide mi test”. Ya hace tiempo que se sabe que ser inteligente no es tener la capacidad de almacenar muchos conocimientos abstractos o de memorizar los textos más largos y complejos. Ya hace mucho que se descubrió que hay inteligencias múltiples, que la inteligencia puede desarrollarse, que depende del contexto y que tiene que ver con la forma de vida. ¿Es inteligente la persona que no sabe relacionarse, que vive desgraciadamente, que no sabe aceptarse a sí mima, aunque haya alcanzado el máximo nivel académico en la mejor Universidad del mundo? Es inteligente aquella persona que sabe vivir dignamente y que es capaz de situarse de forma razonable en el mundo. Fracasa la inteligencia, dice José Antonio Marina en su preciso libro “La inteligencia fracasada”, cuando nos convertimos en seres desgraciados. Repito: ¿quién es tonto y quién es inteligente? Una querida amiga me envía un aleccionador relato sobre la cuestión. Se titula “Fábula del tonto”. Dice así: Se cuenta que en una lugar del interior un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 50 céntimos y otra más pequeña, pero de 1 peso. Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Le dejaban llevarse la moneda de 50 céntimos mientras le miraban burlonamente. Un día alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: - Lo sé, señor, no soy tan tonto, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el juego se acabará y no volveré a ganar mi moneda. Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero de ella se pueden extraer varias conclusiones. Quien parece tonto, no siempre lo es. Los verdaderos tontos de esta historia son los que quieren aparecer como inteligentes. Una ambición desmedida puede acabar cortando la fuente de ingresos. Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan buena opinión de nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensen los demás de nosotros sino lo que pensamos de nosotros mismos. Y, sobre todo, el verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente. Como decía, esta fábula es aleccionadora, como suelen serlo las fábulas. Y centra la atención en lo que es inteligencia y estupidez. Cuestión de gran interés que tendría que plantear casi obsesivamente la educación. ¿Cómo desarrollar la inteligencia? ¿Cómo no caer en la estupidez? Quien se amarga la existencia de manera creciente y profunda, ¿es una persona inteligente? ¿Por qué consideramos inteligentes a las personas que escriben libros o saben muchas cosas, si no fuesen capaces de entender la vida, de comprender al prójimo y de aceptarse a sí mimas? Hay quien se considera inteligente porque sabe engañar, porque sabe explotar a los otros, porque es capaz de vivir sin dar golpe, porque es capaz de hacer dinero fácilmente, porque se aprovecha de todo y de todos… Hay quien considera tonto a quien ayuda, a quien paga sus impuestos, a quien cumple las leyes, a quien respeta al prójimo, a quien trabaja, a quien se esfuerza… Cuando pensamos así, nos instalamos en una gran equivocación. Se suele pensar que es inteligente el pícaro, el descarado, el aprovechado. Alguna vez he contado que un anciano que acudió a las oficinas del censo en la ciudad argentina de Santiago del Estero fue preguntado por el funcionario de turno: - ¿Cuántos hijos tiene usted? - Cinco, respondió. - ¿Todos vivos?, inquirió el funcionario. - No. Dos trabajan, contestó con plena convicción el anciano. La contestación dejó meridianamente claro cuál era su visión de la inteligencia. Ser inteligente es vivir del cuento, ser inteligente es vivir sin dar golpe, ser inteligente es vivir a costa de los demás. El fracaso de la inteligencia es la desgracia, es la infelicidad, es la maldad. El fin más importante de la educación debería ser enseñar a ser felices. “La inteligencia fracasa, dice Marina en el libro citado, cuando se equivoca en la elección de marco. El marco de superior jerarquía para el individuo es su felicidad. Es un fracaso de la inteligencia aquello que lo aparte o le impida conseguir la felicidad”. Está visto que hay quien sitúa el marco en otras esferas: en el dinero, en el poder, en la fama, en el alcohol, en la droga. Está claro que no constituyen en sí mismos un verdadero y sostenible marco de felicidad. Lo que digo para los individuos lo aplico también a las sociedades. ¿Cuándo nos comportamos de manera inteligente como ciudadanos y ciudadanas? Cuando contribuimos a crear y a mantener una comunidad justa, solidaria, compasiva y, en definitiva, feliz. Si cada vez fuésemos más prósperos y más infelices habría que pensar si no estaríamos instalados en la estupidez. Vuelvo de nuevo al libro de Marina: “Son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad privada y pública, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es el dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia”. Son enemigos de la inteligencia el pesimismo, la pereza, el fanatismo, el desamor, el odio, la injusticia, las diversas adicciones, la sumisión, la cobardía, el fatalismo, la rutina que conduce al conformismo… Esos poderosos enemigos acaban derrotando a la inteligencia. Pero pienso que hemos de mantener el optimismo respecto a la capacidad (individual y colectiva) que tiene el ser humano de aprender, de mejorar, de construir una sociedad mejor. El optimismo es la gran condición que nos pone en el camino de la inteligencia.
September 24 2010, 11:00pm | Comments »
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Nunca sueltan a su presa
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/09/11/nunca-sueltan-a-su-presa/
Dice Emilio Lledó que “enseñar no es sólo una forma de ganarse la vida sino que es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros”. Comparto plenamente su opinión. Estoy convencido de que muchas personas han salvado la vida gracias a buenos maestros y maestras. Quizás gracias a uno sólo. “Nadie olvida a un buen maestro”, reza el título de un libro de Raúl Cremades. Yo pienso que se trata de un título muy acertado y muy preciso. Si cada uno mira hacia sí mismo podrá encontrarse, probablemente, con algunos maestros o maestras de ese tipo. De esos que no han pasado en balde por la vida de los alumnos y de las alumnas. De esos que han dejado huella. Recuerdo haber leído en el estupendo libro “Mal de escuela” (tan bien escrito y tan bien traducido), de Daniel Pennac, que a él le salvaron tres profesores. Dice de ellos que tenían una característica común. Y la describe con una expresión contundente: “nunca soltaban a su presa”. Qué hermosas palabras, qué extraordinaria realidad. Dice Daniel Pennac que él era un zoquete en la escuela y que su libro no es un libro sobre la escuela sino sobre los zoquetes en la escuela. El fue librado del fracaso hasta convertirse en un famoso novelista traducido a muchos idiomas y un acreditado profesor de literatura en secundaria durante más de veinticinco años. ¿Cómo son, a mi juicio, esos profesores y profesoras que “nunca sueltan a su presa”? Son profesionales comprometidos con su tarea, a quienes les importan las personas, que tienen pasión por lo que hacen. Dice Sthendal que “hay que desempeñar el oficio con pasión”. Viven la tarea como un reto, como una aventura, con un nivel de compromiso que va más allá del cumplimiento de los mínimos. No son mercenarios que realizan una tarea por un sueldo sino personas que empeñan su vida en compromiso con los demás. Para enseñar, para invitar, para dialogar, para amar. Son profesionales perseverantes. No se gana a una persona, no se la salva de una catástrofe vital, no se la ayuda a desarrollar o recuperar su autoconcepto, no se consigue encarrilarla, con una sola conversación, con un gesto mágico, con una intervención milagrosa. El éxito suele ser fruto de la paciencia, de un conjunto concatenado de pequeños éxitos y de grandes fracasos. El desaliento no tiene cabida en su corazón a pesar de todas las evidencias en contra. Siempre gana en ellos la esperanza, la fe en el otro. Son profesionales optimistas. Tienen dificultades, tienen problemas, claro que sí. El que sean optimistas no quiere decir que sean ingenuos y, mucho menos, imbéciles. Creen con Phillipe Meirieu que “la educabilidad se rompe en el momento que pensamos que el otro no puede aprender y que nosotros no podemos ayudarle a conseguirlo”. Saben que sin optimismo podemos ser buenos adiestradores pero no buenos educadores. Son profesionales creativos. Se las ingenian para llegar al otro, para mostrar interés por él sin avasallarle, para dialogar sin que se cierre herméticamente por la torpeza o la insensibilidad. Saben que cada persona es única, irrepetible, irreemplazable, dinámica y llena de valores. Saben que lo que hay que hacer con cada persona no aparece en un manual. Por eso, a veces, buscan formas de intervención nunca vistas, nunca ensayadas, que sólo valen para esa persona, para ese momento de esa persona. Son profesionales pacientes. La paciencia exige muchas veces tranquilidad, porque la reacción primera es desesperarse y abandonar. Cuando ven que una y otra vez se rechaza por el interesado la mano tendida la tentación es retirar para siempre la mano. Ellos y ellas nunca se cruzan de brazos. Y, por supuesto, nunca golpean. Son profesionales amorosos. El mismo Pennac dice que hay una palabra en esta profesión que a veces no se puede pronunciar en algunas instituciones pero que es fundamental para hacer con éxito la tarea: el amor. Aconsejo a mis pacientes lectores y lectoras el estupendo libro de José María Toro titulado “Educar con “co-razón”. No basta el amor, ya lo sé. El amor está lleno de trampas, pero estos profesionales las saben sortear de manera clara y eficiente. Son profesionales competentes. Personas con un elevado nivel de saber profesional. Salva el afecto, pero un afecto asentado en el quehacer experto, en el dominio de las destrezas de la profesión. De la misma manera que un cirujano no puede realizar bien una operación si no domina las destrezas profesionales de su oficio, por mucho que ame a su paciente, el profesor no puede tener éxito si no es competente en las habilidades de su oficio. Se aprende a ser un profesional de este tipo. No se nace sabiendo, se nace con capacidad de aprender. Se aprende en los libros, en la experiencia, en la vida. Se aprende en el trato con los demás. Cuando alguno de mis alumnos se presenta a las oposiciones con el fin convertirse en un profesor para toda la vida yo le digo que me gustaría poder felicitarle porque las ha ganado pero que, sobre todo, me gustaría poder felicitar a sus futuros alumnos y alumnas porque el profesor que van a tener será uno de estos profesores o profesoras que “nunca sueltan a su presa”. Empieza un nuevo curso. Se abren las puertas de los centros y se abren las puertas de la mente y de los corazones de las personas que van a compartir una experiencia educativa. Ojalá se puedan alegrar las familias y los alumnos por la calidad del profesorado que va a dirigir la singular aventura de un aprendizaje compartido. Ojalá se puedan alegrar los profesores y profesoras del entusiasmo y de la capacidad de esfuerzo de su alumnado. Porque el verbo aprender como el verbo amar no se pueden conjugar en imperativo.
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September 10 2010, 11:00pm | Comments »
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El verdulero de San Rafael
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/06/05/el-verdulero-de-san-rafael/
Horacio Muros vive, trabaja y educa en la ciudad de San Rafael, provincia de Mendoza (Argentina). Es ingeniero de formación y educador de cuerpo y alma. Dirige, es decir, hace crecer una escuela que se esfuerza cada día en aprender, no sólo en enseñar. Como es un excelente educador va por la vida con los ojos bien abiertos para ver dónde se dan lecciones de las que se pueda aprender. Está claro que las personas inteligentes aprenden siempre. Me cuenta mi querido amigo Horacio que un verdulero al que visita con frecuencia para las compras domésticas tiene instalada en su puesto de verduras una pizarra de 2 metros por 1.50 en la que cada día escribe una sentencia. De esta forma ha convertido el mercado en un aula desde la que imparte a quien quiera recibirlas algunas lecciones de optimismo, de esperanza y de buena educación. Me imagino al pedagógico verdulero buscando cada noche, en su memoria, en los libros o en los archivos de la vida, un pensamiento ejemplar que contenga algún mensaje saludable para sus clientes y para el público en general. Me lo imagino escribiendo, con aplicación y buena letra, la frase elegida, no sé si con arreglo a la fecha o, sencillamente, sin ningún referencia al calendario. Lo cierto es que todos los días las personas que se acercan a su verdulería se pueden llevar unas zanahorias, unos tomates, unas lechugas o unos puerros acompañados de un pensamiento que pretende hacer mejores a quienes estén en disposición de intentarlo. Él hace su parte, que es elegir, escribir y exponer la sabia sentencia. Queda en los demás el leerla, el memorizarla y el llevarla a la práctica de sus vidas. El tamaño de la pizarra hace que se entere todo el vecindario e, incluso, los conductores que pasan por la calle en la que está instalado su puesto de venta. Podría utilizar la pizarra para exponer el precio de los pepinos, pero no, a él le importan también otras cosas de mayor calado. Qué hermosa lección para los niños y las niñas a quienes dañan los ojos tantos grafitis agresivos y groseros y a quienes machacan los oídos tantas frases estúpidas y cargadas de maldad. Pasar por el puesto de este ilustrado vendedor de frutas y verduras es como ir a una clase de filosofía. Citaré algunas sentencias que Horacio recuerda, ya que me dice que no se ha tomado la precaución de escribirlas todas y estudiar si tienen algún hilo conductor o alguna estructura lógica: “¿Y si tengo yo la culpa?”, “Por orgullo perdí muchas cosas”, “Mas vale te con pan que leche en discordia”, “Qué lindo día hace hoy”, “Hoy puede ser un gran día”… Estoy convencido de que a muchos de los lectores de la pizarra del verdulero les habrá hecho pensar alguna frase, otra les habrá hecho sonreír, quizá alguna otra les habrá llevado a una buena acción. Se trata, como verá el lector o la lectora, de frases cortas que ofrecen un mensaje positivo. En medio de un clima de negatividad en el que las consignas nos cargan de pesimismo y desaliento, de egoísmo y zafiedad, de competitividad y eficientismo, de avaricia y de relativismo moral…, es bueno que un ciudadano de a pie, que no es ni un profesor, ni sacerdote, ni un filósofo… nos recuerde que la vida merece la pena ser vivida y que está en nuestras manos aportar un granito de arena para que así sea. No sé si utiliza esta estrategia como un reclamo comercial o si, sencilla y llanamente, quiere ofrecer a sus conciudadanos un pequeño aliciente para pasar mejor el día. Es sabido que no sólo se vive de pan. El alimento gratuito que ofrece el verdulero mendocino es un magnífico sustento del optimismo y de la bondad. El caso del verdulero me lleva a reflexionar sobre la cantidad tremenda de mensajes que nos invade cada día. Y a pensar en la naturaleza de sus contenidos. Muchos de esos mensajes van calando en la memoria y en la conciencia de las personas y creando un estado de opinión que acaba configurando la actitud y el comportamiento: “Tú a lo tuyo”, “Sálvese el que pueda”, “Por la caridad entró la peste”, “Vale todo”, “Al que Dios se la da, San Pedro se la bendice”, “Piensa mal y acertarás”, “Esto es un asco”, “La vida es como el palo de un gallinero, corta y llena de mierda”… Me dirá alguno o alguna: lo que hace falta es cambiar las estructuras económicas y políticas, lo que es preciso para mejorar la vida es una revolución de carácter social que ponga patas arriba el mundo. No me voy a oponer a estas tesis ambiciosas. Pero veo más factible, más rápido y más eficaz el paso que puede dar cada uno transformando y mejorando la pequeña parcela en la que se desenvuelve su vida. Por otra parte, no son incompatibles ambas estrategias.. Se puede luchar por la transformación social y conseguir ser mejores personas cada día y ayudar a que otros lo sean. Vivimos en tiempos críticos. Es necesario avanzar a través de dificultades de diverso tipo. Luis Rojas Marcos acaba de publicar un interesante libro titulado “Superar la adversidad”. Para hacerlo, explica, es necesaria la fuerza del optimismo, el sentimiento positivo de la vida. Dice textualmente: “El estilo optimista de juzgar los avatares de la vida nos ayuda a minimizar el impacto de las desgracias, al tiempo que nos protege del derrotismo y de la indefensión”. No sé si algún día le llegará este artículo al verdulero de San Rafael. Es probable. Porque estoy seguro de que mi amigo Horacio será un buen cartero. En ese caso, quiero que reciba mi más sincera felicitación por su iniciativa. Sin recibir un sueldo se ha convertido en un educador de calle, en un maestro que vende peras, manzanas y sandías mientras hace brotar una sonrisa y buen deseo en las personas que leen la frase de su pizarra.
June 4 2010, 11:00pm | Comments »
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El verdulero de San Rafael
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/06/04/el-verdulero-de-san-rafael/
Horacio Muros vive, trabaja y educa en la ciudad de San Rafael, provincia de Mendoza (Argentina). Es ingeniero de formación y educador de cuerpo y alma. Dirige, es decir, hace crecer una escuela que se esfuerza cada día en aprender, no sólo en enseñar. Como es un excelente educador va por la vida con los ojos bien abiertos para ver dónde se dan lecciones de las que se pueda aprender. Está claro que las personas inteligentes aprenden siempre. Me cuenta mi querido amigo Horacio que un verdulero al que visita con frecuencia para las compras domésticas tiene instalada en su puesto de verduras una pizarra de 2 metros por 1.50 en la que cada día escribe una sentencia. De esta forma ha convertido el mercado en un aula desde la que imparte a quien quiera recibirlas algunas lecciones de optimismo, de esperanza y de buena educación. Me imagino al pedagógico verdulero buscando cada noche, en su memoria, en los libros o en los archivos de la vida, un pensamiento ejemplar que contenga algún mensaje saludable para sus clientes y para el público en general. Me lo imagino escribiendo, con aplicación y buena letra, la frase elegida, no sé si con arreglo a la fecha o, sencillamente, sin ningún referencia al calendario. Lo cierto es que todos los días las personas que se acercan a su verdulería se pueden llevar unas zanahorias, unos tomates, unas lechugas o unos puerros acompañados de un pensamiento que pretende hacer mejores a quienes estén en disposición de intentarlo. Él hace su parte, que es elegir, escribir y exponer la sabia sentencia. Queda en los demás el leerla, el memorizarla y el llevarla a la práctica de sus vidas. El tamaño de la pizarra hace que se entere todo el vecindario e, incluso, los conductores que pasan por la calle en la que está instalado su puesto de venta. Podría utilizar la pizarra para exponer el precio de los pepinos, pero no, a él le importan también otras cosas de mayor calado. Qué hermosa lección para los niños y las niñas a quienes dañan los ojos tantos grafitis agresivos y groseros y a quienes machacan los oídos tantas frases estúpidas y cargadas de maldad. Pasar por el puesto de este ilustrado vendedor de frutas y verduras es como ir a una clase de filosofía. Citaré algunas sentencias que Horacio recuerda, ya que me dice que no se ha tomado la precaución de escribirlas todas y estudiar si tienen algún hilo conductor o alguna estructura lógica: “¿Y si tengo yo la culpa?”, “Por orgullo perdí muchas cosas”, “Mas vale te con pan que leche en discordia”, “Qué lindo día hace hoy”, “Hoy puede ser un gran día”… Estoy convencido de que a muchos de los lectores de la pizarra del verdulero les habrá hecho pensar alguna frase, otra les habrá hecho sonreír, quizá alguna otra les habrá llevado a una buena acción. Se trata, como verá el lector o la lectora, de frases cortas que ofrecen un mensaje positivo. En medio de un clima de negatividad en el que las consignas nos cargan de pesimismo y desaliento, de egoísmo y zafiedad, de competitividad y eficientismo, de avaricia y de relativismo moral…, es bueno que un ciudadano de a pie, que no es ni un profesor, ni sacerdote, ni un filósofo… nos recuerde que la vida merece la pena ser vivida y que está en nuestras manos aportar un granito de arena para que así sea. No sé si utiliza esta estrategia como un reclamo comercial o si, sencilla y llanamente, quiere ofrecer a sus conciudadanos un pequeño aliciente para pasar mejor el día. Es sabido que no sólo se vive de pan. El alimento gratuito que ofrece el verdulero mendocino es un magnífico sustento del optimismo y de la bondad. El caso del verdulero me lleva a reflexionar sobre la cantidad tremenda de mensajes que nos invade cada día. Y a pensar en la naturaleza de sus contenidos. Muchos de esos mensajes van calando en la memoria y en la conciencia de las personas y creando un estado de opinión que acaba configurando la actitud y el comportamiento: “Tú a lo tuyo”, “Sálvese el que pueda”, “Por la caridad entró la peste”, “Vale todo”, “Al que Dios se la da, San Pedro se la bendice”, “Piensa mal y acertarás”, “Esto es un asco”, “La vida es como el palo de un gallinero, corta y llena de mierda”… Me dirá alguno o alguna: lo que hace falta es cambiar las estructuras económicas y políticas, lo que es preciso para mejorar la vida es una revolución de carácter social que ponga patas arriba el mundo. No me voy a oponer a estas tesis ambiciosas. Pero veo más factible, más rápido y más eficaz el paso que puede dar cada uno transformando y mejorando la pequeña parcela en la que se desenvuelve su vida. Por otra parte, no son incompatibles ambas estrategias.. Se puede luchar por la transformación social y conseguir ser mejores personas cada día y ayudar a que otros lo sean. Vivimos en tiempos críticos. Es necesario avanzar a través de dificultades de diverso tipo. Luis Rojas Marcos acaba de publicar un interesante libro titulado “Superar la adversidad”. Para hacerlo, explica, es necesaria la fuerza del optimismo, el sentimiento positivo de la vida. Dice textualmente: “El estilo optimista de juzgar los avatares de la vida nos ayuda a minimizar el impacto de las desgracias, al tiempo que nos protege del derrotismo y de la indefensión”. No sé si algún día le llegará este artículo al verdulero de San Rafael. Es probable. Porque estoy seguro de que mi amigo Horacio será un buen cartero. En ese caso, quiero que reciba mi más sincera felicitación por su iniciativa. Sin recibir un sueldo se ha convertido en un educador de calle, en un maestro que vende peras, manzanas y sandías mientras hace brotar una sonrisa y buen deseo en las personas que leen la frase de su pizarra.
June 4 2010, 3:04am | Comments »
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
Implicação, visão, iluminação
http://terrear.blogspot.com/2010/05/implicacao-visao-iluminacao.html
Mais um excerto de "A Arte da Possibilidade":Engajamento é a prática deste capítulo. Engajamento não significa forçar, bajular, trapacear, barganhar, pressionar ou acuar alguém para fazer alguma coisa do seu jeito. Engajamento é a arte e a prática de gerar centelhas de possibilidade para os outros.Na Idade Média, quando acender um fogo do nada era um trabalho árduo, as pessoas normalmente carregavam uma caixa de metal contendo cinzas ardentes, mantendo-as acessas durante todo o dia com pequenas porções de gravetos. Isto significa que alguém poderia acender um fogo facilmente onde quer que fosse, porque ele sempre carregava uma chama.E nosso universo é repleto de chamas. Temos ao alcance de nossas mãos a infinita capacidade de acender a chama da possibilidade. Paixão, em vez de medo, é uma força propulsora. Abundância, em vez de escassez, é o contexto. O fato de Walter Zander acender uma pequena chama em seu jovem filho fez com que Ben acordasse Rostropovich para a possibilidade. O maestro levou isto adiante e envolveu Ben em uma aventura de alto risco, que, por sinal, foi magnífica, com o próprio Dutilleux, o compositor, presente ao festival de Évian. Assim, a prática do engajamento diz respeito a dar-se como possibilidade para outros, e estar pronto, por seu turno, para pegar as centelhas que provêm deles. Diz respeito a tocar junto como parceiros em um campo de luzes. E os passos para esta prática são:1.Imagine que as pessoas são um convite para o engajamento.2.Esteja pronto para participar, disposto a ficar comovido e inspirado.3.Apresente aquilo que irá acendê-lo.4.Não tenha dúvida de que os outros estão ávidos para pegar as centelhas. Um "não" pode em geral abafar nosso fogo no mundo da espiral descendente. Isto pode parecer uma permanente e implacável barreira que se nos apresenta com escolhas limitadas: atacar, manipular nosso caminho ao redor ou curvar-se vencido. Em outras palavras, um "não" pode parecer uma porta se fechando, em vez de um simples exemplo de o jeito como as coisas são. Ainda, considerando o "não" de forma menos pessoal, e a nós próprios com menor seriedade, provavelmente ouviremos algo mais. Talvez ouçamos alguém dizendo:"Não vejo nenhuma possibilidade aqui, assim penso que manterei minha costumeira forma de fazer as coisas." Deveríamos ouvir na palavra "não" um convite para o engajamento.A PARÁBOLA DO POSTO DE GASOLINAROZ: Em uma manhã de abril, retirei o pó de minha bicicleta, acumulado durante o inverno, e pedalei até o Museu de Belas-Artes, um caminho que me levaria pelo rio Charles e ao longo de caminhos floridos da Fenway. Achando difícil seguir pela ponte da Universidade de Boston, parei e verifiquei meus pneus e vi que o da frente estava quase vazio. Mas eu estava com sorte, logo adiante, junto à saída da ponte, havia um posto de gasolina cuja bomba de ar brilhava convidativamente na estrada. Mas nem tão fácil assim: precisava de duas moedas de 25 centavos de dólar para fazê-la funcionar, e eu tinha somente uma nota de dez dólares dobrada no bolso de minha calça.Dois grandalhões estavam atendendo, um nas bombas de gasolina, e o outro parado, disponível. Aproximei-me deles, com minha nota de dez dólares estendida. "Vocês têm troco para a bomba de ar?" Perguntei-lhes. Eles sacudiram a cabeça: "Não." Era domingo e o caixa estava vazio, explicaram. Mostrei-lhes que meu pneu estava vazio e que a bomba de ar não funcionaria sem as duas moedas de 25 centavos. Novamente sacudiram a cabeça, olhando disfarçadamente, com suas mãos nos bolsos, e arrastando seus pés como dois ursos lerdos.Três pessoas patéticas, uma nota de dez dólares sem valor, uma bomba de ar disponível, uma bicicleta que não podia andar e a grande arte fora de alcance. "Que desperdício!" Pensei. "Que irritante, que pena!", argumentava enquanto me retirava derrotada. Mas nada mudou - a bomba de ar continuava disponível, o pneu vazio, a nota de dez dólares que não valia o papel em que fora impressa e ainda restávamos nós, três figuras patéticas ... Com este último pensamento minha perspectiva se iluminou e percebi uma mudança. Vislumbrei, num instante, as pessoas que realmente eu percebia estarem me bloqueando, com o evasivo barulho de moedas em seus bolsos, compartilharem meu sofrimento. Éramos três pessoas patéticas.Então uma alteração molecular abrilhantou o dia."Vocês podem me dar as duas moedas?" Perguntei-lhes, animadamente, de forma íntima, com todo meu envolvimento.O homem à minha frente levantou os olhos lentamente como se estivesse confrontado um enigma ancestral. O espectador ganhou vida. "Sim!" Disse-me, buscando por seu bolso, "Eu posso lhe dar as moedas", e estendeu sua mão.Subitamente, milagrosamente, estava tudo dando certo: as moedas, a bomba de ar, a bicicleta e nossa parceria. O outro homem ainda estava confuso. "Você sabe o caminho de volta para o Museu de Belas-Artes?" Perguntei-lhe. Ele sorriu. As orientações brotaram em quantidade. Como em um caleidoscópio que muda pedaços idênticos de vidro em diferentes formas, a cena alterou-se diante de nossos olhos, da falência para a abundância com apenas uma pequena cutucada na estrutura. Inicialmente estávamos nos relacionando com o pressuposto de que o dinheiro era escasso, que as trocas deveriam ser justas e que os limites dessa propriedade eram impenetráveis. Esta perspectiva nos aprisionou em uma condição de fracasso. A partir daí eu deveria tê-los bajulado e persuadido a me darem as moedas: "Olha, se emprestem duas moedas pelo amor de Deus, e devolverei o dinheiro quando voltar do museu", e me livraria do aborrecimento. Mas isso dificilmente teria abrilhantado a manhã de alguém.Nem mesmo a minha. Persuasão é em geral usada para obter o que você quer, quer seja ou não à custa de alguém. A persuasão trabalha melhor quando os interesses da outra pessoa casam com os seus, ou quando a transação, de alguma forma, beneficia a todos. Podemos chamar isto de "interesses alinhados". Mas neste caso não havia nada interessante para os dois homens, pelo menos a partir do mundo mensurável, exceto que eu fosse embora.A prática do engajamento, por outro lado, diz respeito a gerar possibilidade e acender a chama em outros. Não diz respeito às moedas. A repentina percepção de que estávamos todos presos, em um limite de escassez, incapazes de agir eficazmente em torno de um assunto que, por um valor não maior do que cinqüenta centavos, me permitiria entrar em um universo de possibilidades - o único lugar a partir do qual você pode engajar outras pessoas. Isso pode parecer algo simples, mas quantas vezes ficamos presos atrás de um motorista que entrou no guichê de troco rápido por engano, e ficamos lá buzinando e fumegando? Por que não sair do carro e jogar duas moedas no coletor do pedágio?A exigência do plano "Você pode me dar duas moedas?" conduziu a um vibrante mundo novo, no qual pedir, dar, receber são todos atos simples e generosos. A possibilidade tem a sua própria música, seu próprio gesto, seu próprio brilho e os participantes pegam as centelhas. Como podemos ajudar e sermos felizes por termos os meios entre nós para fazermos tudo acontecer?
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May 13 2010, 4:37pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
Da Paciência
http://terrear.blogspot.com/2010/04/da-paciencia.html
Se convidarem as pessoas para dizerem o que lhes vier à cabeça sobre a paciência, obterão respostas do tipo: «Uma mulher resignada, um boi, uma pessoa de idade que deixa passar o tempo». Por outro lado, a impaciência: «Um jovem activo, um chefe que dá ordens de forma arrogante, uma mulher bela e caprichosa». Há portanto muita gente que considera a paciência e a impaciência duas qualidades inatas, como a cor dos olhos ou o comprimento do nariz. Alguns vangloriam-se até da impaciência do marido ou da mulher. «Não consegue estar quieta um momento, não suporta demoras», dizem, como se fosse uma demonstração de vivacidade intelectual ou força de carácter.Estou, no entanto, convencido que a paciência é uma virtude fundamental. E, para começar, não é realmente inata. A paciência aprende-se, constrói-se com o exercício pertinaz da vontade. A criança é impaciente. Quando tem fome, chora, se a mãe não está, fica desesperada. O adolescente é impaciente, para ele é um castigo estar fechado umas horas na escola. Mas também a criança, também o jovem, se quiserem conseguir alguma coisa num desporto, do futebol à pesca, têm de começar por disciplinar os seus impulsos. Têm de aprender a estar quietos, atentos, e depois explodir quando for o momento, nem antes, nem depois. Têm de repetir pacientemente centenas de vezes o mesmo gesto para o aperfeiçoarem.Francesco Alberoni, O optimismo
April 19 2010, 5:17pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
Uma Pedagogia do Optimismo
http://terrear.blogspot.com/2010/01/uma-pedagogia-do-optimismo.html
(...)Hablo de fuentes de optimismo que nacen de la forma de pensar, sentir y actuar de los profesionales de la educación. Sé que, desde fuera, existen formas de alimentar el compromiso. Los políticos pueden preocuparse más y mejor por las condiciones en las que trabajan los profesores y las profesoras. Las familias pueden apoyar, alentar y colaborar más activamente con ellos. Los alumnos y alumnas pueden mostrar un interés que haría la tarea más ilusionante. Hay profesores que han quemado a los mejores alumnos. No es menos cierto que algunos alumnos han quemado las ilusiones de los mejores profesores y profesoras. También habrá que reconocer que algunos profesionales han acabado, lamentablemente, con el entusiasmo de los colegas más comprometidos.No es fácil esta tarea vivida desde la decepción y el pesimismo. Además, el masoquista, cando tiene poder, se suele convertir en un sádico. Resulta penoso ver a profesores acudir a los Centros los lunes por la mañana con la actitud de aquel condenado a muerte que iba un lunes camino del patíbulo diciendo: "Mal empieza la semana".Dice José Antonio Marina que "el pesimismo goza de un prestigio intelectual que no merece, porque vivimos gracias a optimistas que creyeron, como Condorcet, en "la perfectibilidad ilimitada de la especie" o, dicho en términos más humildes, en que las cosas podían ser mejores". La esterilidad de la pedagogía del lamento, de la maldición y de la desesperanza lleva al progresivo deterioro emocional y a la relación frustrante. Actuar con la autoestima destruida, asentar la práctica sobre profecías destructivas es abonarse al fracaso permanente. De ahí esta invitación al optimismo. La tarea de la educación tiene hoy dificultades pero merece la pena.Me gustan las personas que, a pesar de las adversidades, viven con alegría y optimismo su trabajo y su vida. Cuentan que el escritor francés Edmond Rostand el día que cumplió su ochenta aniversario se miró en el espejo y dijo: -Los espejos ya no son lo que eran.Se equivocaba, claro está. ¿No se equivoca de una forma más triste y más dramática una persona que, al cumplir veinte años, mientras se mira por la mañana en el espejo dice "soy un pellejo inservible"? De equivocarnos, es más saludable que nos equivoquemos como el escritor francés. Feliz curso.Miguel Santos GuerraNo início de dois 'cursos' também desejo aos meus alunos: Feliz curso. E que a chama do alento e da exigência acenda a chama de um optimismo crítico.
January 28 2010, 3:26pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
O Tesouro de Penabranca
http://terrear.blogspot.com/2010/01/o-tesouro-de-penabranca.html
Miguel A. Santos GuerraLa actitud que tenemos ante nosotros, ante los demás y ante lo que sucede en el mundo es una parte importante de la realidad. Porque lo que esperamos, lo que soñamos y lo que deseamos está en la raíz misma de lo que vamos a ser y a conseguir. Una postura desesperanzada es el mejor aval de la derrota. Una visión pesimista de la realidad es la parte oscura de la misma. Por contra, una actitud optimista hace que nos veamos mejor, que nos sintamos más felices y que alcancemos más fácilmente aquello que pretendemos.Álvaro Cunqueiro, escritor y poeta gallego, fallecido en 1981, calificado de neotrovador, cuenta en su libro
Tesoros y otras magias´ la siguiente historia, cargada de hondos y hermosos significados. "Esta es la historia, dice, en la que hombre, que sabía que había un tesoro en un lugar llamado Penabranca y no encontrando el sitio, compró una fanega de monte y en la escritura le puso Penabranca, y le pedía a todos que le llamasen Penabranca al lugar y, pasados algunos años y cuando ya lo de Penabranca estaba en todos y nadie le llamaba de otra forma, fue allí y encontró un tesoro. El tesoro de Penabranca que él sabía que había en Penabranca".Es así, aunque parezca mentira. El tesoro está allí donde soñamos que está. Allí donde queremos que esté. El argumento se hace creíble cuando lo invertimos. Si en un lugar hay un tesoro y no creemos que esté allí, no lo buscaremos y no lo encontraremos. Es como si no estuviera.Aplicaré la historia al quehacer de los educadores en las escuelas. Si pensamos que en nuestro trabajo, en nuestra institución educativa, en nuestros alumnos está escondido un tesoro, allí lo buscaremos y, con seguridad, lo encontraremos. Porque buscarlo es una parte importante del tesoro. Así lo explica el llamadoefecto Pigmalión en la escuela´. Pigmalión, según la mitología, modeló una estatua de una mujer perfecta, llamada Galatea. Se enamoró de ella y, a ruegos de Pigmalión, la diosa Venus le dio vida a la estatua haciéndola realidad viva. Se denominaefecto Pigmalión´ al hecho de que generalmente las expectativas que tenemos sobre las personas, cosas o situaciones tienden a realizarse.Hago estas consideraciones ante la avalancha de pesimismo que niega a la escuela su potencialidad educativa, ante el aluvión de críticas que reciben los docentes y, sobre todo, ante el desánimo de algunos profesionales de la educación que se atormentan y acobardan por las indiscutibles dificultades existentes.Tan equivocado es pensar que todo puede hacerse desde la escuela (que todo depende de ella), como que en la escuela no se puede conseguir nada verdaderamente relevante para los individuos y para los pueblos. Tan engañoso es pensar que los alumnos lo aprenden todo en la escuela como que en ella no aprenden nada importante.El protagonista de la historia de Alvaro Cunqueiro opera con la lógica de los optimistas. Al creer que puede existir la felicidad hacen que la felicidad exista, al pensar que el tesoro puede estar allí, consiguen que acabe apareciendo.Luis Rojas Marcos escribió hace unos años un libro tituladoLa fuerza del optimismo´. Dice el famoso psiquiatra sevillano que durante siglos se ha investigado mucho sobre la enfermedad física y mental, pero poco sobre aquellas fuerzas, sobre aquellos elementos, que nos hacen mejores y más felices. Uno de ellas es el optimismo.Alice Calaprice, en su libroLas citas de Einstein´ (1966) reproduce este significativo diálogo:- Havelock Ellis: El lugar donde más florece el optimismo es en los asilos de lunáticos.- Albert Einstein: Pues yo preferiría ser un optimista loco que un pesimista cuerdo.Susan C. Vaughan, en su obraMedio vacía, medio llena´ (2000) dice : "El optimismo es como una profecía que se cumple por sí misma. Las personas optimistas presagian que alcanzarán lo que desean, perseveran, y la gente responde bien a su entusiasmo. Esa actitud les da ventaja en el campo de la salud, del amor, del trabajo y del juego, lo que a su vez revalida su predicción optimista". Se han realizado numerosas investigaciones sobre la influencia de una actitud optimista en la salud y su restablecimiento cuando ésta se ha perdido. El psicólogo experimental Christofer Peterson estudió la relación entre optimismo y longevidad en más de mil hombres y mujeres durante ochenta años. Los resultados, publicados en 1988, revelaron que los pesimistas prematuramente con más frecuencia que los optimistas, incluyendo accidentes y muertes violentas. No es de extrañar que las personas con mayor nivel de pesimismo estén más propensas al suicidio. Así lo probó la psicólogo estadounidense Lyn Abranson en ensayos publicados entre 1998 y 2000. Lo decía Séneca en su Hipolitus, en el año 50 antes de Cristo: "El anhelo de curarnos constituye la mitad de nuestra salud".Lo mismo sucede en las relaciones, en el trabajo, en el amor, en el deporte, en la política, en los negocios y, en definitiva, en la vida. Numerosos estudios revisados hace poco por el profesor de Psicología Edward C. Chang sugieren que para disfrutar y tener éxito en el trabajo, además de aptitud y motivación para desempeñar la tarea se requiere un nivel razonable de optimismo. La disposición optimista ayuda a confiar en la propia competencia, a poner empeño en la labor, a no rendirse ante las dificultades y a conservar una apariencia de seguridad. Cada persona argumenta a su manera, desde su lógica. Hay quien sólo ve los agujeros en el queso. Claro que los tiene. Otros no se fijan tanto en ellos y disfrutan más del queso. Creo que son más inteligentes. Como Thomas Friedman que justificaba de esta ingeniosa forma su optimismo: "Yo soy optimista por naturaleza porque soy bajo de estatura. La gente baja tiende a ser optimista porque puede ver la parte de la botella que está llena y no llega a ver la parte vacía". Otros estarían atormentados por no medir un palmo más.Publicado emLa Opinion de Málaga, 11 de Novembro de 2006- Tags:
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January 14 2010, 5:25pm | Comments »
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