Aprender es arriesgarse a errar. El que nunca se equivoca es el que no hace nada. Lo decía lapidariamente Théodore de Banville: “Los que no hacen nada nunca yerran”. No hay mayor equivocación que pretender evitar cualquier equivocación. El temor a equivocarse puede resultar paralizante. Si quienes estudian un nuevo idioma sólo repiten las estructuras sintácticas que ya dominan, no aprenderán nada nuevo. Los que se arriesgan a utilizar nuevas estructuras, es probable que se equivoquen. Esa equivocación es una señal de progreso. Quien aprende a conducir, meterá alguna vez mal las marchas, pero podrá aprovechar ese error para hacerlo luego bien.
Hace ya más de cincuenta años decía Gaston Bachelard que “se conoce en contra de un conocimiento, destruyendo conocimientos mal hechos, superando lo que en la mente hace de obstáculo”. Viene a decir que no hay verdad sin error rectificado.
Leí hace tiempo un pequeño libro de Jean Pierre Astolfi titulado “El error, un medio para enseñar”. Dice el autor que si analizamos el error podemos comprender qué obstáculos existen para el aprendizaje. Por eso, el profesor puede decir a los alumnos: “Vuestros errores me interesan”. El error es un indicador de procesos. Los errores no son fallos condenables sino ocasiones para identificar los obstáculos.
Voy a poner un ejemplo, entre los miles que se producen cada día en las aulas. A un niño le pregunta el profesor:
- ¿Por qué fueron expulsados los judíos de la península?
El niño contesta:
- Porque no quisieron dejarse hacer fotos.
El profesor, sorprendido, requiere una explicación arrugando el entrecejo:
- Lo dice mi libro, asegura el niño con tranquilidad y con aplomo.
- ¿Qué es lo que dice tu libro? No puede ser. Lee de nuevo con atención. Lee despacio.
El niño lee: “Los judíos fueron expulsados de España porque no quisieron (titubea, titubea) retractarse”.
El profesor descubre a través del error que el niño confunde dos conceptos muy distintos: retratarse y retractarse. Puede explicar sus diferencias. Puede hacer referencia a la aparición de la técnica fotográfica y situar ambos hechos en su justa cronología. Puede ayudarle a leer con atención.
Hay que explorar en el contenido del error, en su naturaleza. No basta detectarlo. Si un niño se equivoca en una suma y no sabemos si la equivocación obedece a que no sabe distinguir unidades, decenas y centenas, a que lo sabe pero desconoce el mecanismo de “llevarse”, si sabe ambas cosas pero se equivoca en la suma…, no podremos encauzar debidamente la enseñanza.
Es preciso ponerse de acuerdo en lo que vamos a considerar un error, descubrirlo y analizarlo con precisión. Y luego ver cómo y por qué se produce. Finalmente, hay que aprender del error.
A un alumno le preguntan cuáles son los fines de la misa. Con el mayor aplomo contesta:
- Podéis ir en paz. Demos gracias a Dios.
¿No tiene el niño algo de razón? En el error hay, a veces, partes de verdad. De otra verdad. Resulta pernicioso el culto a la respuesta única, que es la que tiene en la cabeza aquel que pregunta. Sobre todo, cuando posee el conocimiento hegemónico y cuando tiene el poder de evaluar, el poder de sancionar
No es suficiente cometer un error para se produzca el aprendizaje. No, si no se reconoce, si no se sabe por qué se produce y cómo se puede corregir. Hay quien se obstina en los errores cometidos, quien no los reconoce. En ese caso, será difícil aprender del error. Eso le sucede a quien se considera en posesión de la verdad, a quien piensa que hay verdades indiscutibles, a quien cree que los errores sólo están en la mente y en el comportamiento de los demás.
Umberto Eco habla de la fertilidad del error, de las posibilidades educativas de las equivocaciones y de los fallos. Las famosas y abundantes antologías del disparate de los alumnos (sólo conozco una referida al profesorado y titulada “Voy a pasar lista cronológicamente”) permiten descubrir algunos problemas del aprendizaje. Reflexionar sobre ellos es un instrumento para la enseñanza y para el aprendizaje de los profesores.
La teoría que planteo vale para la enseñanza y vale también para la vida. Suelo decir que es magnífico el arte de convertir dos signos menos en un signo más. Algunos dominan, lamentablemente, el arte contrario. De un signo más (algo bueno que les sucede), producen dos motivos de desaliento.
Lo pernicioso del error no es haberlo cometido sino obstinarse en él, aferrarse a él como si la rectificación fuese humillante. Lo pernicioso del error es despreciarse por haberlo cometido. Hay quien no se perdona haber incurrido en un error. Es inadmisible para su autoestima. Esa es la gran equivocación.
Los errores propician, si somos inteligentes, dos tipos de beneficios: el primero, al que he hecho referencia, es que podemos aprender. El segundo, es que nos hace personas humildes. Nos equivocamos, somos falibles.
José Luis Pinillos, a quien muchos conocerán por sus escritos, me decía un buen día tomando café en un bar de la Complutense:
- El día que me convencí, de verdad-de verdad, de que no era Dios, se me solucionaron muchos problemas. Porque cuando creía que lo era, no me permitía tener fallos, no aceptaba cometer errores, no soportaba ningún rechazo…
Me han invitado a participar en un Congreso médico (se celebrará en marzo en la ciudad de Marbella) que se va a dedicar a analizar los desastres de la medicina, los errores que cometen los profesionales de la salud. Para ver cómo se puede aprender de ellos: Me parece una hermosa y fecunda idea. Creo que bien podríamos utilizarla en educación. ¿Por qué fracasó aquel programa que parecía tan bien concebido? ¿Por qué fue tan desastroso un determinado proyecto? ¿Qué hizo inútil aquella Reforma?
Detectar los errores, analizarlos, reconocerlos, asumirlos y tratar de aprender de ellos es un camino excelente para la mejora de las personas, de los profesionales, de las instituciones y de la sociedad.
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La fertilidad del error
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2011/01/29/la-fertilidad-del-error/
January 28 2011, 10:00pm | Comments »
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Letanía de la Navidad
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/12/24/letania-de-la-navidad/
Las Navidades son fechas cargadas de significados religiosos para los creyentes. Y encierran también un poderoso caudal de referentes culturales para quienes no lo son.. Los recuerdos de la infancia que se avivan en los corazones, los villancicos que resuenan en los centros comerciales, en las calles y en las casas, las luces que adornan el centro de las ciudades, la añoranza de los seres queridos que ya no están, el cruce de felicitaciones, el intercambio de regalos…Si hay un adjetivo que se repite una y otra vez al lado de la fiesta de Navidad es “entrañable”. Pero esta impronta cultural funciona, a veces, como un cuchillo que hiere y hace sufrir. Hoy me quiero ocupar de quienes sufren en Navidad. Por paradójico que parezca, hay mucho sufrimiento en Navidad. Un sufrimiento que se esconde detrás de las luces, que se calla detrás de las canciones y que no se muestra en los escaparates. Voy a traer a estas a líneas una dolorosa letanía de personas afligidas, de personas que sufren no digo en Navidad sino por ser Navidad. Pienso en las personas que en el último año han perdido a un ser querido. Cuántas veces oímos expresiones como estas en estas fechas: “son las primeras Navidades sin…”, “es el primer año que falta…”, “hace sólo unas semanas que murió…”. Es el síndrome de la silla vacía en las cenas de Nochebuena y Nochevieja. Es el dolor de la ausencia. Pienso también en las personas que, en ese festín comercial, en ese derroche de cosas, en este frenesí de compras y ventas, no tienen para comprar a los hijos e hijas ni un abrigo, ni un juguete, ni un adorno, ni una figurita del Belén. Miran con ojos no sé si deslumbrados o entristecidos o rabiosos ese desfile de anuncios, de paquetes, de llamativos escaparates. Y, delante de ese desfile, ven un cartel con un texto contundente: “Nada es para ti”. O lo que es más doloroso: “Nada es para tus hijos”. Es probable que esta cruel realidad le haya sobrevenido a familias que han sido víctimas de esta crisis persistente. Antes podían tener cosas, pero ahora no. Y se preguntan por qué. Pienso en quienes se sienten agredidos por esa invasión de creencia a la que no pueden escapar. Cuando se coloca una frase en un autobús con el pensamiento “Probablemente Dios no existe”, algunos creyentes protestan irritados por la falta de respeto, por la agresión, por la persecución de sus ideas y valores. Pero los ateos no pueden abrir la boca para protestar por la invasión de villancicos, de campanas, de panderetas, de belenes, de figuritas y de mensajes papales… Pienso en todos y en todas las personas solitarias que no tienen con quien compartir una comida, un café, una conversación. En estas fechas se agudiza el sentido de la relación con los demás, se estrechan los lazos familiares, se multiplican las reuniones, se organizan comidas navideñas. Pero hay quien no tiene a nadie para mantener una conversación. Andan por las calles como perros vagabundos en medio de toda esta orgía de cosas y sentimientos. Pienso en todos aquellos y aquellas a quienes estas fiestas les hacen sentir incómodos, tristes, irritados, ya que desatienden ese mandato universal de felicidad que no pueden cumplir. Sienten que en las Navidades hay que ser felices por obligación y ellos o ellas no pueden obedecer ese invisible pero poderoso mandato.. Pienso en quienes están en situación de privación. Privación de libertad (presos en las cárceles), de salud (enfermos en los hospitales), de vivienda (mendigos que duermen en las calles), de dinero (personas que no tienen para comer o para cobijarse o calentarse…), de paz (personas en conflictos bélicos…), de amor (personas que acaban de ser engañadas, abandonadas, maltratadas por sus parejas…). Pienso en quienes tienen que trabajar en las noches tradicionalmente consideradas familiares o en quienes, por diversos motivos, se encuentra a kilómetros de los seres queridos. Y en aquellos que en las inevitables reuniones familiares sienten el rechazo, el desprecio, la humillación, la agresión emocional de alguno de los asistentes: la nuera que no soporta a la suegra (o viciversa), el hermano que desde hace años no se habla con un cuñado, el padre que no ha sido capaz de recuperar el afecto de un hijo, el nuevo esposo que es rechazado por los hijos de su exmujer… Pienso en quien acaban de recibir un diagnóstico fatal que le asegura que ya no estará en las próximas Navidades con aquellas personas a las que ahora tanto quiere, en quien tiene que asimilar la brutal noticia de la desaparición de un hijo o de una hija en un accidente de coche en plenas fiestas… Pienso en los ancianos y ancianas que han sido recluidos en Residencias contra su voluntad por aquellos a quienes generosamente han dado todo durante muchos años, incluida la vida. Hoy se sienten un engorro, un estorbo, una carga insoportable. La compasión es la simpatía con el dolor ajeno. Dicen José Antonio Marina y Marisa López Penas en su libro “Diccionario de los sentimientos”: “El amor a los pobres, a los desvalidos, a los que sufren, a los enfermos no supone complacencia en su existencia, ni deslumbramiento ante su aparecer, sino un afán de aliviar su desdicha”. No digo con esta letanía que haya que suprimir las Navidades. No digo que estas sean unas fiestas que castigan a los dolientes. Sólo quiero recordar a quienes no van a tener la fortuna de sentirse felices en estas fiestas. E invitar a pensar en las causas de tanta desigualdad. Sé que estas líneas no llevarán felicidad a quien no la tiene, pero podrán activar la compasión de aquellas personas con sensibilidad y buen corazón. Si, además, instan a compartir la felicidad que alguien disfruta con alguien que no la tiene, bienvenidas sean. Ojalá sirvan para mover a la acción y no sólo al pensamiento y a la emoción. Ojalá sirvan, al menos, para que un abrazo a alguien que sufre sea más sentido y más firme. A pesar de todo, felices fiestas.
December 23 2010, 10:00pm | Comments »
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No te rindas
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/27/no-te-rindas/
Antesdeayer celebramos el Día Internacional contra la Violencia de género. El 25 de noviembre fue declarado día Internacional contra la Violencia hacia la mujer en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981. En este encuentro las mujeres denunciaron la violencia de género en el ámbito doméstico y la violación y el acoso sexual en la sociedad, incluyendo la tortura y los abusos sufridos por prisioneras políticas. Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Sus cadáveres destrozados aparecieron en el fondo de un precipicio. Para el movimiento popular y feminista de República Dominicana estas mujeres han simbolizado la lucha y la resistencia. Imprescindible conmemoración. Porque sigue existiendo en el mundo una cruel violencia, desde la cuna hasta la tumba, para muchas niñas y muchas mujeres. Y esto no es un ensayo general, esto es la vida. En lo que va de año, ya son 65 las mujeres que han sido asesinadas en España a manos de sus parejas. ¡Qué horror! ¡Qué horror también el dolor de muchas mujeres muertas en vida, su silencio, su miedo, sus lágrimas, su angustia, su desesperación. ¿Dónde están las que van a morir? ¿Dónde están las que serán enterradas antes de que termine el presente año? ¿Qué estamos haciendo con ellas? Porque la lista de víctimas no tiene todavía punto final. No lo tiene porque las fuentes del sexismo siguen manando desde lo más profundo de una sociedad androcéntrica. Porque el sexismo sigue ejerciendo su influencia sobre las concepciones, las actitudes y los comportamientos de las personas y de las instituciones. ¿Cómo se puede acabar con esta lacra, con este terrorismo que actúa unas veces de manera brutal y otras de manera sutil? Hemos avanzado, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Hay que cegar esas fuentes que tienen miles de caños, miles de grietas por las que se cuela el agua envenenada. Hay que limpiar el lenguaje de la discriminación sexista. Lo que no se nombra no existe. Alguna vez he puesto este sencillo ejemplo en la clase. Un padre viaja en moto con su hijo. El chico va detrás del padre, acompañando sus inclinaciones y sus giros. Llueve con fuerza. La carretera está resbaladiza. De pronto, la moto derrapa y se sale de la carretera. El padre muere en el acto. El chico queda gravemente herido. Llega una ambulancia que, con la mayor urgencia, lleva al chico al Hospital más próximo. El equipo de urgencia decide que hay que operar inmediatamente. Cuando la ambulancia llega al quirófano y el cirujano jefe ve a quién se dispone a operar, exclama: - ¡Dios mío, si es mi hijo! Les pregunté a continuación cómo se explica esta historia. Alguien dijo que el cirujano jefe era el padre biológico y que quien llevaba al chico en la moto era el actual esposo de su madre. Hubo más explicaciones. La más pintoresca fue la de alguien que dijo que quien viajaba en la moto era un padre cura con su hijo espiritual. Después de darle muchas vueltas alguien dio con la clave: - El cirujano jefe era su madre. En efecto, era la madre del accidentado. Pero, como, al decir cirujano, la mujer desaparece, no caemos en la cuenta de que quien opera es la madre. Por otra parte, estamos acostumbrados a que haya más cirujanos que cirujanas y más jefes que jefas. Hay que denunciar una vez más el sexismo de muchas religiones, que sitúan a la mujer en un segundo plano de la vida y de la historia, que impiden su acceso al poder, que las cubren de unos velos que sus jefes no llevan. Hay que gritar contra la discriminación en el trabajo, contra la exclusión laboral, contra los sueldos recortados por el hecho de ser mujer, contra el acoso sexual, contra las bajas expectativas. Todavía existe una cruel discriminación en el ámbito laboral. Me contaba ayer mismo una alumna que en unos grandes almacenes de Málaga en los que solicitó trabajo, le habían exigido unas pruebas de orina para detectar un posible embarazo. Hay que liberar medios y presupuestos para luchar contra la discriminación. ¿Qué dicen quienes se han burlado del Ministerio de Igualdad y no han descansado hasta que ha sido borrado del mapa? Un Ministerio inútil, han dicho. Su presupuesto les parecía exagerado, sus iniciativas ridículas, sus pretensiones intrascendentes, su titular bisoña. Y, sobre todo, hay que conseguir con la educación (en la familia, en la escuela, en los medios, en la sociedad…) una formación en la igualdad. En la igualdad de derechos, en la igualdad de oportunidades. Tengo en mis manos un hermoso folleto editado por el Instituto Andaluz de la Mujer, titulado “Trátame bien…”. Un interesante folleto de Fernando Gálligo Estévez que es autor del sugerente libro “SOS…Mi chico me pega pero yo le quiero”. Estupenda iniciativa. Para terminar quiero dirigirme a las mujeres. Porque no hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido (en este caso, la oprimida) mete en su cabeza los esquemas del opresor. Y lo haré con unas hermosas palabras de Mario Benedetti, tomadas de un poema que se titula “No te rindas”. “No te rindas, por favor, no cedas/ aunque el frío queme/ aunque el miedo muerda/ aunque el sol se ponga y se calle el viento/ aun hay fuego en tu alma/ aún hay vida en tus sueños/ porque cada día es un comienzo nuevo/ porque esta es la hora y el mejor momento/ porque no estás sola, porque yo te quiero”.
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November 26 2010, 10:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
Chefes Tóxicos em Educação
http://terrear.blogspot.com/2010/11/chefes-toxicos-em-educacao.html
A crónica de ontem de Miguel Santos Guerra sobre as lideranças (melhor dito, as chefias) tóxicas. Tema bem actual e pertinente e que aqui já temos glosado. La autoridad, para ser tal, tiene que estar al servicio de la comunidad. Hablo de autoridad, no de poder. La palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer. De modo que tiene autoridad aquella persona que ayuda a que los demás se desarrollen, que ayuda a crecer. Quien aplasta, humilla, engaña, silencia, castiga y, en definitiva y destruye, no tiene autoridad, sino poder.Leí hace tiempo un libro de Iñaki Piñuel, cuyo título sirvió de anzuelo para mi curiosidad: “Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas”. A juicio del autor, hay jefes (y jefas, digo yo) que no sólo no ayudan, ni estimulan, ni coordinan, ni alientan a los súbditos sino que los envenenan, destruyen, engañan, manipulan, humillan y “carbonizan”.La toxina es un veneno producido por los organismos vivos. Se entiende que el veneno, en este caso, es de naturaleza psicológica. Los efectos que produce en las víctimas el veneno que le inoculan los jefes (o jefas) perversos son de diversa naturaleza e intensidad: destrucción del autoconcepto, condena al ostracismo, anulación de estímulos, angustia, silencio, impotencia, rabia, desmoralización…. El jefe tóxico se siente superior, se cree superior. Los más acomplejados tienen que mostrar más claramente esa pretendida superioridad.Qué decir del jefe tóxico varón cuando tiene bajo sus órdenes a una mujer eficaz siendo él un inútil. La única forma que tiene de sentirse importante es anularla. No soporta que una mujer diligente, guapa y feminista (todas deberían serlo) le esté recordando a cada minuto su nimiedad, su incompetencia, su inutilidad. Si la puede eliminar, la elimina. Si la puede humillar, la humilla. Si la puede arrinconar, la arrincona. Porque es un miserable y un cobarde. La luz que desprende una mujer brillante deja al descubierto la basura que cubre al jefe misógino.Lo más triste es que haya mujeres que asuman tan rápidamente los esquemas mentales del mando machista autoritario. Qué triste. Habría que esperar de ellas un estilo de dirección más sensible, más inteligente, más honesto.Los jefecillos tóxicos suelen ser serviles con quienes tienen por encima en el escalafón. Son duros con las espigas y blandos con las espuelas. Una vez en el poder se vuelven cínicos, tramposos, déspotas, crueles. Existe para mí un criterio decisivo para valorar la actuación de un jefe: ¿a quién desea tener contentos, a los de arriba o a los de abajo? Si es adulador con quienes mandan y cruel con aquellos a quienes tiene debajo, yo creo que es un jefe tóxico.Los jefes tóxicos suelen actuar de forma casi natural en organizaciones tóxicas y aprenden fácilmente de otros jefes tóxicos a los que han visto actuar o de los cuales han sido víctimas. Los jefes tóxicos agresivos suelen ser tolerados y tratados con mucha tolerancia atribuyendo su actuación al hecho de ser “personas con carácter” o sencillamente con la explicación de que “son así” o de que “hay que aceptarlas como son”.Claro que, ante un jefe tóxico, la mejor forma de reaccionar es la inteligencia y el desdén. Los jefes tóxicos deben ser derrocados por el sentido común de quien los nombra o por la actitud democrática de quienes los padecen. En este sentido me preocupa la pasividad y la capacidad de aguante de algunos subordinados. Uno se pregunta si es que no se enteran o si es que les da igual todo. ¿Por qué se callan? ¿Por qué miran para otra parte? ¿Por qué se distancian de los críticos como si fueran estos los culpables?Estos emisores de toxinas son dañinos en cualquier organización pero en escenarios educativos son todavía más nefastos, porque rompen el núcleo esencial de la educación que es el cultivo de la dignidad de la persona.Mi pregunta es si la acción de los directores y directoras de las escuelas se dirige a finalidades educativas o si se enmaraña en el ejercicio de la burocracia, del control, del autoritarismo y de las intrigas. Tengo noticia de algunos casos preocupantes. Casos en los que la dirección es la fuerza que paraliza el cambio y la mejora, el punto negro de la institución. Quien dirige y, por consiguiente, debería esforzarse para que haya transparencia, participación, entusiasmo y compromiso, es el principal agente del descontento, de la arbitrariedad y de la injusticia.Me preocupa más todavía que, elevados por el profesorado los problemas de la dirección a las autoridades competentes, éstas miren para otra parte o den la razón de forma indiscriminada a quien ejerce el poder. Como si haciendo así las cosas se reforzase la autoridad. No. La autoridad no se gana así. La autoridad se gana con el trabajo, con el ejemplo, con la coherencia, con el diálogo, con la humildad.La estructura jerárquica del sistema educativo ganará en eficacia en todos sus niveles si entiende que quien está arriba debe ayudar a quien está debajo y no a la inversa. Se fortalecerán los ejes de la educación si quien manda pone todas sus fuerzas al servicio de la comunidad y no a la inversa. Si quien ejerce la autoridad se siente servidor y no amo.Alguna vez he hablado de las funciones ricas y de las funciones pobres de la dirección. Creo que podríamos ponernos fácilmente de acuerdo en definir que las tareas de representación, de burocracia, de control… son pedagógicamente más pobres que las dedicadas a cohesionar al equipo, a impulsar un buen proyecto, a coordinar los esfuerzos, a generar entusiasmo… ¿A cuáles de ellas se dedica más tiempo?El coche no avanzará si quien ha de ser el acelerador (del compromiso, de la honradez y de la mejora) se convierte en el freno que detiene o que disminuye el empuje. El ambiente no mejorará si quien tiene la responsabilidad de purificarlo y enriquecerlo es quien más toxinas desprende. Fonte
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November 14 2010, 11:23am | Comments »
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Jefes tóxicos en educación
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/11/13/jefes-toxicos-en-educacion/
La autoridad, para ser tal, tiene que estar al servicio de la comunidad. Hablo de autoridad, no de poder. La palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer. De modo que tiene autoridad aquella persona que ayuda a que los demás se desarrollen, que ayuda a crecer. Quien aplasta, humilla, engaña, silencia, castiga y, en definitiva y destruye, no tiene autoridad, sino poder. Leí hace tiempo un libro de Iñaki Piñuel, cuyo título sirvió de anzuelo para mi curiosidad: “Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas”. A juicio del autor, hay jefes (y jefas, digo yo) que no sólo no ayudan, ni estimulan, ni coordinan, ni alientan a los súbditos sino que los envenenan, destruyen, engañan, manipulan, humillan y “carbonizan”. La toxina es un veneno producido por los organismos vivos. Se entiende que el veneno, en este caso, es de naturaleza psicológica. Los efectos que produce en las víctimas el veneno que le inoculan los jefes (o jefas) perversos son de diversa naturaleza e intensidad: destrucción del autoconcepto, condena al ostracismo, anulación de estímulos, angustia, silencio, impotencia, rabia, desmoralización…. El jefe tóxico se siente superior, se cree superior. Los más acomplejados tienen que mostrar más claramente esa pretendida superioridad. Qué decir del jefe tóxico varón cuando tiene bajo sus órdenes a una mujer eficaz siendo él un inútil. La única forma que tiene de sentirse importante es anularla. No soporta que una mujer diligente, guapa y feminista (todas deberían serlo) le esté recordando a cada minuto su nimiedad, su incompetencia, su inutilidad. Si la puede eliminar, la elimina. Si la puede humillar, la humilla. Si la puede arrinconar, la arrincona. Porque es un miserable y un cobarde. La luz que desprende una mujer brillante deja al descubierto la basura que cubre al jefe misógino. Lo más triste es que haya mujeres que asuman tan rápidamente los esquemas mentales del mando machista autoritario. Qué triste. Habría que esperar de ellas un estilo de dirección más sensible, más inteligente, más honesto. Los jefecillos tóxicos suelen ser serviles con quienes tienen por encima en el escalafón. Son duros con las espigas y blandos con las espuelas. Una vez en el poder se vuelven cínicos, tramposos, déspotas, crueles. Existe para mí un criterio decisivo para valorar la actuación de un jefe: ¿a quién desea tener contentos, a los de arriba o a los de abajo? Si es adulador con quienes mandan y cruel con aquellos a quienes tiene debajo, yo creo que es un jefe tóxico. Los jefes tóxicos suelen actuar de forma casi natural en organizaciones tóxicas y aprenden fácilmente de otros jefes tóxicos a los que han visto actuar o de los cuales han sido víctimas. Los jefes tóxicos agresivos suelen ser tolerados y tratados con mucha tolerancia atribuyendo su actuación al hecho de ser “personas con carácter” o sencillamente con la explicación de que “son así” o de que “hay que aceptarlas como son”. Claro que, ante un jefe tóxico, la mejor forma de reaccionar es la inteligencia y el desdén. Los jefes tóxicos deben ser derrocados por el sentido común de quien los nombra o por la actitud democrática de quienes los padecen. En este sentido me preocupa la pasividad y la capacidad de aguante de algunos subordinados. Uno se pregunta si es que no se enteran o si es que les da igual todo. ¿Por qué se callan? ¿Por qué miran para otra parte? ¿Por qué se distancian de los críticos como si fueran estos los culpables? Estos emisores de toxinas son dañinos en cualquier organización pero en escenarios educativos son todavía más nefastos, porque rompen el núcleo esencial de la educación que es el cultivo de la dignidad de la persona. Mi pregunta es si la acción de los directores y directoras de las escuelas se dirige a finalidades educativas o si se enmaraña en el ejercicio de la burocracia, del control, del autoritarismo y de las intrigas. Tengo noticia de algunos casos preocupantes. Casos en los que la dirección es la fuerza que paraliza el cambio y la mejora, el punto negro de la institución. Quien dirige y, por consiguiente, debería esforzarse para que haya transparencia, participación, entusiasmo y compromiso, es el principal agente del descontento, de la arbitrariedad y de la injusticia. Me preocupa más todavía que, elevados por el profesorado los problemas de la dirección a las autoridades competentes, éstas miren para otra parte o den la razón de forma indiscriminada a quien ejerce el poder. Como si haciendo así las cosas se reforzase la autoridad. No. La autoridad no se gana así. La autoridad se gana con el trabajo, con el ejemplo, con la coherencia, con el diálogo, con la humildad. La estructura jerárquica del sistema educativo ganará en eficacia en todos sus niveles si entiende que quien está arriba debe ayudar a quien está debajo y no a la inversa. Se fortalecerán los ejes de la educación si quien manda pone todas sus fuerzas al servicio de la comunidad y no a la inversa. Si quien ejerce la autoridad se siente servidor y no amo. Alguna vez he hablado de las funciones ricas y de las funciones pobres de la dirección. Creo que podríamos ponernos fácilmente de acuerdo en definir que las tareas de representación, de burocracia, de control… son pedagógicamente más pobres que las dedicadas a cohesionar al equipo, a impulsar un buen proyecto, a coordinar los esfuerzos, a generar entusiasmo… ¿A cuáles de ellas se dedica más tiempo? El coche no avanzará si quien ha de ser el acelerador (del compromiso, de la honradez y de la mejora) se convierte en el freno que detiene o que disminuye el empuje. El ambiente no mejorará si quien tiene la responsabilidad de purificarlo y enriquecerlo es quien más toxinas desprende.
November 12 2010, 10:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
El maestro del biblioburro
http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2010/10/23/el-maestro-del-biblioburro/
Dice la profesora inglesa Joan Dean que, si los profesores compartiésemos las experiencias positivas que vivimos, encontraríamos una fuente inagotable de energía y de optimismo. No lo hacemos por un falso pudor, por pereza o por creer que lo que hacemos no tiene la misma importancia que las iniciativas que otros llevan a cabo. ¿Cuántas experiencias creativas, hermosas y emocionantes llevan a cabo los docentes en los diversos ámbitos de intervención del sistema educativo? ¿E, incluso, fuera del mismo? ¿Por qué no difundirlas y combatir así ese fondo de pesimismo que es tan nocivo y, por otra parte, tan antagónico con la esencia de la educación? Me han enviado un maravilloso documento pedagógico que quiero compartir con mis lectores y lectoras. Se trata de la iniciativa que hace varios años, diez aproximadamente, está llevando a la práctica un maestro colombiano llamado Humberto Luis Soriano Borges en La Gloria, Departamento de Magdalena (República de Colombia). Se trata de una biblioteca ambulante que se mueve a lomos de un burro y de una burra. La burra se llama Alfa y el burro se llama Beto. “Biblioburro” llama a su biblioteca andante este joven maestro. Él dice que hay niños y niñas que viven apartados de cualquier tipo de libros, ya que sus familias se encuentran diseminadas por los valles y perdidas en pequeñas aldeas de montaña. No llega allí ningún tipo de vehículo y ellos no tienen posibilidades de acudir a los centros de población en los que hay bibliotecas. Los fines de semana, el maestro Soriano, carga de libros las alforjas de Alfa y Beto y va con esos humildes tesoros al encuentro de los niños y de las niñas que los reciben con entusiasmo. El dice que pretende cultivar su imaginación, que pretende poner un poco de color en sus vidas grises. Él dice, que esos niños y niñas “atravesados por la violencia”, necesitan asomarse a las maravillas que encierran los libros. Es emocionante ver las caras de los niños y de las niñas leyendo los libros y haciendo ejercicios diversos después de la lectura. Es emocionante escuchar las opiniones que los padres y las madres de esos niños manifiestan respecto a la iniciativa del maestro.. - Espectacular, dice una niña entusiasmada refiriéndose al encuentro con Alfa y Beto. - Como los niños no pueden acudir a las bibliotecas, el maestro les trae la biblioteca a los niños, señala una mamá agradecida. Mi admiración por este maestro que no se somete a su horario ni está pendiente del reloj para medir su jornada. Él acude a visitar a los niños y a las niñas que, alborozados, celebran la llegada de la biblioteca. Me admira también que no se trate de una experiencia de un día o de dos, ocasional, pasajera, sino de un proyecto prolongado en el tiempo, que se ha hecho parte de la vida de esas personas a las que Paulo Freire calificaba de “los desheredados de la tierra”. Me pregunto por qué no hace el gobierno la tarea que este humilde maestro realiza en sus horas de descanso. ¿Por qué abandona el gobierno a esas criaturas que necesitan acceder a los bienes de la cultura en mayor medida que otras que tienen a mano muchos medios y recursos? ¿Por qué las ignora y las deja abandonadas a su suerte? Tiene que ser este soñador y sacrificado maestro el que realiza estas labores de rescate. Él tiene que brindar su preocupación, su sensibilidad, su tiempo y su dinero para suplir las carencias del Ministerio de Educación del país. Uno llega a pensar si no es verdad aquella antigua sospecha que muchos albergaban respecto al poder: ¿no le interesará que los ciudadanos y ciudadanos sean ignorantes? De esa manera no pondrán en solfa su actitud y sus políticas. De esa manera no pretenderán desalojarles del poder. Cuando contemplaba, emocionado, las imágenes a las que remito al lector o lectora (escriban en cualquier buscador la palabra biblioburro), pensaba en la desafección que muchos de nuestros escolares muestrean hacia los libros y hacia la lectura. ¿Qué nos pasa? Creo que la sobreabundancia nos ha saciado y ya no mostramos aprecio a bienes de los que otros carecen y que valoran en muy alto grado. Es muy significativo ver cómo reciben los niños y las niñas de estas aldeas al maestro y a sus burros y comparar esa actitud con el rechazo que algunos de nuestros escolares tienen hacia la lectura. He contado en alguna ocasión la anécdota que el fallecido y querido Eduardo Haro Tecglen transcribió en su entonces habitual columna de El País. Contaba que, estando haciendo una mudanza, un joven levantaba sudoroso en su casa una pesada caja de libros. Eduardo le dice: - Siento que tengas que hacer un esfuerzo tan grande. Los libros pesan y, además, la caja es excesivamente grande. Y el chico le dice: - No se preocupe por mí, Don Eduardo. Lo mío no es nada. Lo malo es lo suyo que tiene que leerlos. ¿Por qué este rechazo, por qué esta aversión, por qué esta actitud negativa hacia la lectura. Es preciso pensar qué estrategias didácticas utilizamos en las casas y en las escuelas. Y pensar si otros estímulos están conquistando las parcelas de curiosidad innata que tiene el ser humano. Es preciso pensar también si nuestra actitud hacia la lectura arrastra hacia los libros o aleja de ellos a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Porque no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Los niños y las niñas actúan como nosotros somos, no tanto como nosotros les decimos que tienen que actuar. Una persona que no ama los libros no puede contagiar el deseo de leer. El maestro colombiano de nuestra historia es una apasionado de la lectura, es un verdadero ejemplo de amor a los libros. Por eso contagia su actitud, por eso transmite tan eficazmente su emoción.
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October 22 2010, 11:00pm | Comments »
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Salgan de la cama de la gente
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/10/09/salgan-de-la-cama-de-la-gente/
Me sorprende, tanto como me indigna, la intromisión del episcopado en el gobierno y la vida de todos los ciudadanos y ciudadanas de la sociedad civil. No es de recibo que la Iglesia pretenda decidir lo que debemos hacer los demás. Y esto sucede de manera muy especial en todo lo que concierne a la sexualidad. Me pregunto por qué tanto interés por estas cuestiones y creo que se debe a que todas las personas tienen sexualidad. Y, claro, controlando la sexualidad se controla a todas las personas. No todas tienen poder, ni dinero, ni fama, ni títulos académicos. Pero todas tienen sexualidad. Y ahí está la Iglesia diciendo lo que hay que hacer respecto al uso de anticonceptivos, al aborto, a la homosexualidad, a la masturbación, a las relaciones prematrimoniales, a la píldora del día después, al divorcio, a la fecundación in vitro (es reciente la cruzada contra la concesión del Nobel de Medicina a Robert Edwars)… ¿Le decimos los demás a la jerarquía eclesiástica qué es lo que tiene que hacer con el celibato, con la castidad o con la opción sexual? También pensamos, también tenemos criterios, también tenemos conciencia y responsabilidad sobre esas cuestiones. ¿Sería razonable que pretendiésemos imponérselas? ¿No sería más coherente, más honesto, más justo, que los obispos se dedicasen a pensar en lo que sucede con el comportamiento sexual de sus clérigos, especialmente en lo relacionado con la pedofilia? Acabo de leer en El País (día 6 de octubre) que el señor Camps, Presidente de la Comunidad Valenciana, ha exigido la suspensión temporal de todos los cursos de educación sexual que imparten los técnicos de la Consejería de Sanidad en los colegios, a instancia del Arzobispo Carlos Osoro. La razón que aduce monseñor Osoro es que los contenidos de los programas tienen “una visión muy reduccionista del ser humano”. ¿Qué significa reduccionista? Pues muy sencillo, que carece de las claves que considera valiosas Monseñor Osoro. ¿Y si otros no estamos de acuerdo con esas claves? ¿Y si queremos que sea reduccionista esa visión? Cuando se carece de algo, es decisivo decidir si ese “algo” es deseable. Alguien que no tiene una visión transcendente o religiosa de la vida, carece de algo, sí. ¿Qué sucede si así lo desea? Cuando alguien no tiene una joroba carece de algo. Pero parece muy lógico que no desee tenerla. La Consejería envió el 12 de julio una circular a los centros de salud sexual y reproductiva en la que notifica la “suspensión temporal de la planificación de las intervenciones de los Programas de Intervención en Educación Sexual (PIES)” que se ofrecen a los alumnos de 3º de ESO (14 y 15 años). Pero no son esos los únicos cursos de sexualidad que imparten los sexólogos o enfermeras de la sanidad valenciana y que se han parado. Desde hace muchos años se vienen impartiendo cursos de educación afectivo sexual a alumnos de 5º de Primaria, 3º y 4º de ESO y 1º y 2º de Bachillerato (además de los PIES). Todos estos programas formativos también han sido congelados. Los materiales cuentan con el respaldo de sociedades científicas como la Academia Española de Especialistas en Sexología, la Fundación Española contra la Contracepción o la principal entidad de médicos de familia Semfyc. Los programas de educación sexual, según informa El País, están siendo rediseñados. “El Arzobispado de Valencia encargó hace meses al Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares, próximo al Opus Dei, el diseño de unos cursos alternativos para poder ofrecérselos a los colegios. Fuentes de la institución religiosa indican que los materiales se están ultimando pero que aún no existen acuerdos con la Generalitat para impartirlos”, señala el periódico. Lo que más me sorprende es que los ciudadanos y ciudadanas no reaccionen de forma crítica, incluso violenta, ante estos atropellos. Sólo se levantan algunas voces, como la de Marga Sanz, coordinadora de Esquerra Unida, que acusó a Camps de “gestionar la educación, la sanidad y los servicios a golpe de rosario”. ¿Cómo pueden votar los ciudadanos a un gobernante que se pliega de esta manera tan sumisa y tan injusta a la voluntad no de quien le ha votado sino de quien se inmiscuye descaradamente en lo que no le concierne? Las familias a quienes les gusta la visión del Arzobispo tienen sus parroquias y sus catequesis para cultivarla. A mí me parecerá estupendo y respetable. Cada vez que, en una sociedad democrática como la nuestra, en un estado aconfesional, suceden hechos de este tipo, me llevo las manos a la cabeza y, seguidamente, al ordenador. Porque me indigna que la Iglesia pretenda gobernar la vida de los ciudadanos, de los creyentes y de los no creyentes, de los católicos y de los budistas, de los judíos y de los musulmanes. ¿No tienen sus iglesias y sus catequesis para explicar su credo y su moral a sus fieles? ¿Por qué tienen que imponer uno y otra a toda la ciudadanía? ¿Somos tan tontos (y tan tontas) que necesitamos la tutela moral del episcopado? ¿Somos tan malos (y tan malas) que precisamos que alguien nos vigile, nos oriente y nos pastoree? Por favor, dejen que la sociedad civil decida por sí misma. Déjennos condenarnos si queremos. Yo mismo he sentido esa invasión de la jerarquía hace unos meses en Argentina ya que una Editorial, por presiones del episcopado y del Opus Dei, censuró un libro mío titulado “Pasión por la escuela. Cartas a la comunidad educativa” porque contenía una “Carta abierta a un profesor homosexual”. Una carta nacida de la compasión hacia un ser humano que todavía sufre discriminación, desprecio y burla. Dice el obispo díscolo francés Jacques Gaillot: “El Vaticano tiene que salir de la cama de la gente”. Lo suscribo. Yo también me dirijo con él a los obispos para decirles lo que ya anticipé en el título del artículo: Salgan de la cama de la gente.
October 8 2010, 11:00pm | Comments »
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¿Educación a la carta?
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/10/02/%C2%BFeducacion-a-la-carta/
Atraído por el título, he leído el desconcertante libro de Nikolái Lilin, ”Educación siberiana”. El adjetivo que acompaña a la palabra educación me lleva a plantear una cuestión de fondo: ¿hay tantos tipos de educación como adjetivos se deseen utilizar? Así habría, según los gustos, educación francesa, educación tibetana, educación judía, educación colombiana, educación militar, educación opusdeista, educación catalana, educación católica, educación criminal, educación budista, educación hitleriana, educación etarra…. ¿Hasta dónde? ¿Quién o quiénes eligen el adjetivo y su correspondiente contenido intelectual, cultural, ético, político…? ¿Los educandos? ¿Los educadores? ¿Las instituciones? ¿El gobierno de turno? ¿La familia? De esta forma cada colectivo tendría las claves de esa educación que consistiría en transmitir las bases de la cultura, sin ponerse a pensar si son buenas o malas, saludables o insanas, justas o injustas… Se definiría la educación de forma interna, sin tener en cuenta los patrones de una ética universal. El individuo tendría que asimilar los contenidos de esa educación sin rechistar e, incluso, sentirse orgulloso de hacer suyas esas normas. ¿No sería esto adiestramiento? ¿No sería indoctrinación? Es decir que el educando no tendría la facultad de poner en tela de juicio esas reglas, de rechazarlas o de quebrantarlas a su albedrío. No tendría libertad. El libro al que hago referencia, aunque es una novela, está basado en la experiencia personal del autor. Es, de alguna manera, una curiosa autobiografía. Describe la vida, costumbres y valores de diferentes comunidades, sobre todo la de los urcas, una insólita comunidad de bandidos siberianos que fueron deportados por Stalin desde Siberia a la Transnitria, una franja en tierra de nadie entre Moldavia y Ucrania. (en 1990 declaró su independencia, pero ningún Estado la reconoce). En Bender (Transnitria) nace el autor de la obra, en el seno de una familia que no reconoce más autoridad que la de sus ancianos, obligando a sus miembros a respetar un estricto código de conducta que les define como “criminales honrados”. Después de ser reclutado a la fuerza por el ejército ruso y de pasar una temporada como soldado en Chechenia, se trasladó a Italia. Desde 2003 vive en el norte de este país, donde se gana la vida como tatuador profesional, especializado en mantener viva la tradición de los tatuajes siberianos. (Especialmente llamativo es el capítulo del libro dedicado a los tatuajes, que lleva por título “Cuando la piel habla”). En la obra se describe minuciosamente la vida y costumbres de los urcas. A cada paso aparecen armas, peleas, asesinatos, cárceles y acciones violentas sin cuento ni cuenta… Choca una y otra vez encontrarse con expresiones como “criminales honestos”, “bandidos buenos”, “reglas de juego criminales”… Y todo mezclado con un sentimiento religioso un tanto mágico que introduce invocaciones a Dios y a Jesucristo de manera constante. Ver la palabra educación presidiendo este entramado de tropelías, de agresiones, de golpes, de navajazos y de muertes sin sentido, me ha dejado de una pieza. ¿Puede llamarse a ese fenómeno de inculturación, un proceso educativo? Creo que no porque la educación exige la capacidad de poner en tela de juicio la cultura. No todo es bueno en ella, no todo es admisible. La transmisión o la asimilación indiscriminada de reglas, normas y costumbres no es, a mi juicio, educación sino adiestramiento. La educación incluye una dimensión crítica. Y, además, un inexcusable componente ético. ¿Cómo se puede justificar el robo, el asalto, el asesinato, el ajuste de cuentas sin otro criterio que las normas internas de la tribu? Es probable que el lector o lectora comparta mi preocupación si transcribo algunos párrafos literales. “Nuestros mayores nos educaban bien. Para empezar, nos enseñaban a respetar a todos los seres vivos, categoría en la que no entraban los policías, las personas relacionadas con el gobierno, los banqueros, los usureros y todos aquellos que ostentaban poder económico y explotaban a la gente sencilla” (pág. 115). “Dos años antes un amigo nuestro, Mitia, alias Giulic, que en jerga significa pequeño criminal, había matado de un navajazo a un georgiano que lo ofendió por hablar en su idioma ante él” (pág. 272). “Los criminales dignos se presentan, se saludan y se desean lo mejor incluso cuando van a matarse” (pág. 281) “Bueno, tranquilo hasta cierto punto, porque una vez había matado a martillazos a un chaval del Centro que había querido rebajarlo ante una chica con la que Guiguit mantuvo primero una relación de amor y luego de amistad” (pág. 294). “Su madre, la tía Svetlana, era jefa de una pequeña banda de ladrones que se dedicaba a hacer turnéi, esto es, a robar de ciudad en ciudad. Asaltaban casas de ricos y políticos locales, pero sobre todo de los llamados empresarios ocultos, productores y comerciantes ilegales asociados con los directores de las grandes fábricas” (pág. 295). Dentro de la filosofía de los urcas aparecen con frecuencia valores como la lealtad, la humildad, la generosidad. Prohíben las drogas, la violación y el desprecio hacia los débiles, delitos que castigan con la muerte. Pero sólo de puertas adentro. Matar policías, por ejemplo, es un meritísimo ejercicio cultural. Se habla de alguna “autoridad” que tenía a gala haber matado más de catorce mil. El periodista Roberto Saviano dice en el diario La República que “para leer este libro hay que estar dispuesto a olvidar las definiciones de bien y de mal tal como las conocemos…”. Y yo me pregunto: ¿cómo podemos olvidarnos de la ética cuando hablamos de educación, cómo podemos dejar a un lado los valores? ¿Qué educación es ésta? ¿Puede existir educación a la carta?
October 1 2010, 11:00pm | Comments »
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Fábula del tonto
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/09/25/fabula-del-tonto/
¿Quién es tonto y quién es listo? ¿Qué es ser inteligente? Binet, que creó el primer test para medir la inteligencia definió así esta capacidad humana: “inteligencia es lo que mide mi test”. Ya hace tiempo que se sabe que ser inteligente no es tener la capacidad de almacenar muchos conocimientos abstractos o de memorizar los textos más largos y complejos. Ya hace mucho que se descubrió que hay inteligencias múltiples, que la inteligencia puede desarrollarse, que depende del contexto y que tiene que ver con la forma de vida. ¿Es inteligente la persona que no sabe relacionarse, que vive desgraciadamente, que no sabe aceptarse a sí mima, aunque haya alcanzado el máximo nivel académico en la mejor Universidad del mundo? Es inteligente aquella persona que sabe vivir dignamente y que es capaz de situarse de forma razonable en el mundo. Fracasa la inteligencia, dice José Antonio Marina en su preciso libro “La inteligencia fracasada”, cuando nos convertimos en seres desgraciados. Repito: ¿quién es tonto y quién es inteligente? Una querida amiga me envía un aleccionador relato sobre la cuestión. Se titula “Fábula del tonto”. Dice así: Se cuenta que en una lugar del interior un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 50 céntimos y otra más pequeña, pero de 1 peso. Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Le dejaban llevarse la moneda de 50 céntimos mientras le miraban burlonamente. Un día alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: - Lo sé, señor, no soy tan tonto, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el juego se acabará y no volveré a ganar mi moneda. Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero de ella se pueden extraer varias conclusiones. Quien parece tonto, no siempre lo es. Los verdaderos tontos de esta historia son los que quieren aparecer como inteligentes. Una ambición desmedida puede acabar cortando la fuente de ingresos. Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan buena opinión de nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensen los demás de nosotros sino lo que pensamos de nosotros mismos. Y, sobre todo, el verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente. Como decía, esta fábula es aleccionadora, como suelen serlo las fábulas. Y centra la atención en lo que es inteligencia y estupidez. Cuestión de gran interés que tendría que plantear casi obsesivamente la educación. ¿Cómo desarrollar la inteligencia? ¿Cómo no caer en la estupidez? Quien se amarga la existencia de manera creciente y profunda, ¿es una persona inteligente? ¿Por qué consideramos inteligentes a las personas que escriben libros o saben muchas cosas, si no fuesen capaces de entender la vida, de comprender al prójimo y de aceptarse a sí mimas? Hay quien se considera inteligente porque sabe engañar, porque sabe explotar a los otros, porque es capaz de vivir sin dar golpe, porque es capaz de hacer dinero fácilmente, porque se aprovecha de todo y de todos… Hay quien considera tonto a quien ayuda, a quien paga sus impuestos, a quien cumple las leyes, a quien respeta al prójimo, a quien trabaja, a quien se esfuerza… Cuando pensamos así, nos instalamos en una gran equivocación. Se suele pensar que es inteligente el pícaro, el descarado, el aprovechado. Alguna vez he contado que un anciano que acudió a las oficinas del censo en la ciudad argentina de Santiago del Estero fue preguntado por el funcionario de turno: - ¿Cuántos hijos tiene usted? - Cinco, respondió. - ¿Todos vivos?, inquirió el funcionario. - No. Dos trabajan, contestó con plena convicción el anciano. La contestación dejó meridianamente claro cuál era su visión de la inteligencia. Ser inteligente es vivir del cuento, ser inteligente es vivir sin dar golpe, ser inteligente es vivir a costa de los demás. El fracaso de la inteligencia es la desgracia, es la infelicidad, es la maldad. El fin más importante de la educación debería ser enseñar a ser felices. “La inteligencia fracasa, dice Marina en el libro citado, cuando se equivoca en la elección de marco. El marco de superior jerarquía para el individuo es su felicidad. Es un fracaso de la inteligencia aquello que lo aparte o le impida conseguir la felicidad”. Está visto que hay quien sitúa el marco en otras esferas: en el dinero, en el poder, en la fama, en el alcohol, en la droga. Está claro que no constituyen en sí mismos un verdadero y sostenible marco de felicidad. Lo que digo para los individuos lo aplico también a las sociedades. ¿Cuándo nos comportamos de manera inteligente como ciudadanos y ciudadanas? Cuando contribuimos a crear y a mantener una comunidad justa, solidaria, compasiva y, en definitiva, feliz. Si cada vez fuésemos más prósperos y más infelices habría que pensar si no estaríamos instalados en la estupidez. Vuelvo de nuevo al libro de Marina: “Son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad privada y pública, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es el dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia”. Son enemigos de la inteligencia el pesimismo, la pereza, el fanatismo, el desamor, el odio, la injusticia, las diversas adicciones, la sumisión, la cobardía, el fatalismo, la rutina que conduce al conformismo… Esos poderosos enemigos acaban derrotando a la inteligencia. Pero pienso que hemos de mantener el optimismo respecto a la capacidad (individual y colectiva) que tiene el ser humano de aprender, de mejorar, de construir una sociedad mejor. El optimismo es la gran condición que nos pone en el camino de la inteligencia.
September 24 2010, 11:00pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... blog.laopiniondemalaga.es
¡A jugar a la calle!
http://blogs.laopiniondemalaga.es/eladarve/2010/09/18/%C2%A1a-jugar-a-la-calle/
Acabo de leer la interesante novela “Aurora boreal” de Äsa Larsson. No haré ninguna glosa sobre ella. Solamente voy a remitirme a un breve pasaje que me llamó la atención por su interés pedagógico. Uno de los magníficos personajes de la novela, llamado Siving, le dice a la abogada Rebecka Martinsson: “Aunque hoy en día parece que algunos críos no saben jugar fuera de casa por culpa de las películas y todos esos juegos de la consola. ¿Te acuerdas de Manfred, el que vive al otro lado del río,? Me contó que fueron a verle sus nietos este verano. Al final los tuvo que obligar a salir para que salieran fuera. “ En verano solo se puede estar dentro de caqsa si llueve a cántaros”, les dijo. Y los niños salieron. Pero no tenían ni idea de cómo jugar. Se quedaron allí en el jardín, totalmente apáticos. Al cabo de un rato Manfred vio que se había puesto en círculo cogidos de la mano. Cuando salió y lesa preguntó qué hacían, le dijeron que estaban pidiendo a Dios que se pusiera a llover a cántaros”. Significativa anécdota. Un grupo de niños le pide a Dios que llueva a cántaros para poder estar en casa y no salir a jugar a la calle. ¿Qué pasa hoy en día con el juego de los niños y de las niñas? ¿Qué pasa con sus formas de vivirlo y practicarlo? En primer lugar, los juegos están diseñados, programados y organizados por otros. En segundo lugar son juegos que se pueden practicar en solitario, en tercer lugar, que hay que practicarlos sentados en un sillón y en cuarto lugar que son enormemente caros. Dice Bruner: “estoy firmemente convencido de que un juego más elaborado, más rico y más prolongado da lugar a que crezcan seres humanos más completos”. Desde ese presupuesto, que comparto íntegramente, nos queda a los adultos de hoy preguntarnos lo que sucede con el juego de nuestros niños y de nuestras niñas. No me reprocharán mis críticos en esta ocasión que utilice ambos géneros, ya que hay peculiaridades muy interesantes en el juego de unos y de otras. Y hay repercusiones importantes diferenciales para unos y para otras. Recuerdo los juegos de mi infancia en Grajal de Campos, un pequeño pueblo de la provincia de León. Todo el día en la calle. Todo el día en la libertad, en la relación y en la plena creatividad. Bastaba un aro y su guía, unas tabas, unas piedras que servían de portería… Todo gratis, claro. Todo en grupo. Todo inventado. Con una camiseta vieja y una cuerda se podía hacer un improvisado balón. Sabido es que el pedagogo italiano Francesco Tonucci trabaja con niños y niñas cómo ha de ser la configuración de las ciudades Con buen criterio dice que si una ciudad está hecha a la medida de los niños y de las niñas, todo el mundo puede vivir en ella seguro: enfermos, ancianos, discapacitados. Si, por el contrario, una ciudad se construye teniendo como prototipo al conductor, varón, apresurado y violento, hay personas que no tienen cabida en ella. En cierta ocasión me contó que, cuando le preguntó a un niño cómo quería que fuese su ciudad, éste le contestó con aplomo representando los intereses de su colegas: - Queremos jugar gratis. Para que un niño pueda jugar hoy hace falta mucho dinero en cualquier ciudad. Es necesario pagar para entrar en los parques acuáticos, en los parques de atracciones, en las salas de cine… Es necesario pagar para jugar una partida de futbolín, o para conducir un cochecito eléctrico; hace falta pagar para subirse a una cama elástica o a un castillo hinchable… Todo se ha convertido en negocio. Hasta el juego de los niños y de las niñas, juego que necesitan como el aire para respirar. Es decir que les cobramos por respirar. Les cobramos por ser niños. Les cobramos por vivir. ¿Qué sucede con los niños cuyos padres no tienen dinero? Pues que deben adaptarse a una permanente frustración. Pueden ver y no tocar. Pueden envidiar cómo otros disfrutan sin que ellos puedan hacerlo. Jugar es caro en una sociedad mercantilista como la nuestra. Además, las ocupaciones crecientes que les imponemos dejan un tiempo escaso para el juego. Los “deberes” de los colegios, con frecuencia desmesurados, comienzan muy pronto como exigencia de una escuela encaminada al logro más que a la felicidad. Cada profesor demanda unas tareas sin tener en cuenta lo que piden sus colegas. La suma de todos los trabajos ocupa un tiempo que no deja lugar al juego y al descanso. Las familias, por motivos diversos (interés por los aprendizajes, dificultad para atenderlos, comparación con lo que hacen otras familias, compensación de viejas frustraciones…) se empeñan en que, a una edad temprana, los niños y las niñas realicen una serie de aprendizajes añadidos a los que brinda la institución escolar. Aprenden piano, ballet, canto, baile, judo, macramé…Son actividades que les gustan, decimos. Pero lo cierto es que les gustaría más estar jugando libremente. Resulta dramático pensar en ese grupo de niños cogidos de la mano pidiendo a Dios que se ponga a llover a cántaros para poder entrar en la casa y dedicarse a juegos sedentarios, individualistas y diseñados por otros. ¿Qué nos está pasando? ¿No serían más felices nuestros niños y niñas si tuviesen más tiempo para jugar en la calle, juntos y a juegos que ellos mismos se inventasen? Parece que sólo son efectivos y valiosos los aprendizajes formales Escuchemos a Bruner: “El juego proporciona una excelente oportunidad para ensayar combinaciones de conductas que nunca serían intentadas bajo condiciones de presión funcional”. El tiempo de juego no es tiempo perdido, sino plenamente aprovechado. No les robemos el tiempo de juego. No les encerremos en jaulas, aunque sean de oro.
September 17 2010, 11:00pm | Comments »
