É sem dúvida importante que as intenções da escola figurem preto no branco numplano de estudos minucioso ou sejam reafirmadas, de forma mais vaga, no domínio da educação moral, religiosa ou cívica. Mas não podemos falar de um currículo verdadeiramente escondido, se se tratar apenas de um currículo moral eufemístico ou idealizado. A noção de currículo escondido, no seu sentido restrito, refere-se às condições e às rotinas da vida escolar que regularmente geram aprendizagens desconhecidas, estranhas àquelas que a Escola conhece e declara querer favorecer.Jackson [1968], no seu livro Life in Classrooms, identificou o currículo escondido com as rotinas quotidianas que, no funcionamento da turma e do estabelecimento escolar, fazem com que os alunos aprendam, gerações após gerações, a viver num ambiente superpovoado, a ser constantemente julgados por professores ou por colegas ou ainda a aprenderem a obedecer àqueles que detêm o poder. Eggleton [1977], inspirando-se em Jackson, identifica sete tipos de aprendizagens que favorecem regularmente o funcionamento da escola sem que para tanto figurem nos objectivos oficiais do ensino. Tentemos resumi-los esquematicamente.Na escola: 1. aprende-se a "viver na multidão", definida aqui como uma concentração de indivíduos num espaço relativamente exíguo, o que implica, nomeadamente, uma muito fraca intimidade, e a necessidade de viver constantemente sob o olhar dos outros; o aluno aprende, pois, também a isolar-se, a ignorar ou a tolerar as interrupções, a diferir a satisfação de desejos pessoais ou a renunciar a eles: desejo de falar com o professor, ou com outros colegas, desejo de se movimentar, de começar ou de interromper uma actividade, de obter ajuda ou utilizar um recurso raro;2. paralelamente aprende-se a matar o tempo, a esperar, a acostumar-se ao aborrecimento e à passividade como uma componente inevitável da vida escolar. Numa palavra, aprende-se a paciência e o desinvestimento que ela pressupõe: suporta-se a espera, porque se adquire o costume de deixar de formular, na aula, projectos cuja realização não permite qualquer prolongamento de prazos;3. aprende-se a ser-se submetido à avaliação do outro; não apenas à do professor mas também à dos colegas de turma. Cada um de nós é evidentemente submetido ao juízo do outro, muito antes de ir à escola ou fora dela; mas a escola é dos lugares em que estamos mais expostos, sem nos podermos esconder facilmente. O aluno aprende, pois, a ser avaliado da forma que melhor serve os seus interesses e melhor protege a sua tranquilidade;4. aprende-se também, através da avaliação ou de outras formas de reforço, a satisfazer as expectativas do professor e dos colegas, para lhes obter a estima, os elogios ou qualquer outra forma de recompensa;5. aprende-se a viver numa sociedade hierarquizada e estratificada, logo, a viver como normais e legítimas a desigual distribuição do poder e a existência de indivíduos ou grupos de estatutos diferentes;6. aprende-se, em combinação com os outros alunos, a controlar ou, pelo menos, a influenciar, o ritmo de trabalho escolar e de progressão no programa, através de diversas estratégias de diversão: fazer novas perguntas, mostrar que não se compreendeu, que não se encontrou o material;7. aprende-se, por fim, a funcionar em grupo restrito, a partilhar e a utilizar, nesse grupo, os valores e os códigos de comunicação. Estes sete pontos resumem a lista de Eggleston [1977, pp. 110-113]. que não é, sem dúvida, exaustiva. Importaria, por exemplo, acrescentar a esta lista a aprendizagem: - de uma relação com o tempo através dos horários e das pausas no tempo escolar, a experiência das esperas, das expectativas, do rendimento obtido. dos ritmos impostos pelos outros, da antecipação, da regularidade:- de uma relação entre o espaço privado e público, através da interiorização das distâncias que se têm de manter na interacção pessoal, das fronteiras invisíveis a respeitar [Hall, 1971];- de uma relação com as regras e os saberes. Mesmo acrescentado, o inventário permanece bastante heteróclito, justapondo aprendizagens diversas cujo alcance é muito desigual, tanto durante a escolaridade como depois dela. Uma análise mais rigorosa do currículo escondido e das aprendizagens que ele produz está ainda por fazer, e não a podemos iniciar aqui. Sugerimos apenas que seria oportuno distinguir, com os cambiantes requeridos, no currículo real: por um lado, a dimensão que contribui para levar a interiorizar representações, crenças, gostos, ideologias, modelos conscientes e, por outro, a dimensão que leva a uma transformação do habitus como sistema de esquemas de percepção, de pensamento, de avaliação e de acção.Philippe Perrenoud, obra citada infra
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
A formação de um "habitus" e do senso comum
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June 12 2010, 4:24pm | Comments »
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João Marques passando os olhos por... terrear.blogspot.com
Mamã, quero ser velho!
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A Crónica de hoje de Miguel Santos Guerra. A merecer, como sempre, interpelação.Al terminar hace unos días la conferencia de apertura del V Encuentro Nacional de Orientación en Sevilla se me acercó una de las asistentes y, con ojos llenos de tristeza, me habló de la experiencia de un hijo suyo de diez años que le había dicho:- Mamá, quiero ser viejo.- ¿Por qué, hijo?, le preguntó ella, sorprendida y preocupada.- Porque no quiero ir a la escuela.La mamá, orientadora de profesión y, por consiguiente, persona muy vinculada a la escuela, vivió aquella confidencia con una profunda desolación. Que un niño de diez años quiera ser un viejo es algo anormal. Y que la causa sea el rechazo de la escuela es algo preocupante.Si los profesionales de la educación atribuimos la cusa de esa desafección a que el niño tiene escasa motivación, nulo interés, poca capacidad, insuficiente valía, mala relación con los demás, excesiva pereza, conducta indeseable o sobreprotección familiar, será imposible mejorar lo que hacemos. Si nos excusamos en el hecho de que otros sí que quieren ir a la escuela y, por consiguiente, esa es una demostración de nuestro buen hacer, conseguiremos instalarnos en la rutina y dejaremos que algunos o muchos niños y niñas sigan fracasando.Porque los niños y las niñas no sólo tienen derecho a la escolarización. A lo que de verdad tienen derecho es a tener éxito en la escolarización. Y ya sé que una parte depende de los niños y de las niñas. De su esfuerzo, de su aplicación, de su constancia.Nosotros debemos preguntarnos por qué ese niño quiere ser viejo para no ir a la escuela. Y si nos lo preguntamos quizá descubramos que el niño se aburre, no se siente querido, se ve comparado y descalificado, estudia cosas que no le interesan, se siente acosado… Y ese descubrimiento nos tiene que hacer reaccionar para mejorar aquello que le hace ver la escuela como un lugar indeseado.Las personas están diseñadas para aprender. El ser humano tiene una curiosidad innata. Tenemos que preguntarnos por qué no quieren aprender o, como en este caso, por qué no quieren ir al lugar donde se aprende. Decía Winston Churchill: “Me encanta aprender, pero me horroriza que me enseñen”.No me sorprendió la angustia de la madre. Tiene que ser horrible percibir esa reacción en un hijo que no quiere ir a una institución en la que tú crees, a la que tú amas y por la que tú trabajas.Que nadie entienda esta reflexión como una descalificación a quienes trabajan en las escuelas sino como una invitación a la reflexión, al compromiso, a la cooperación.En el año 2003 publicó la Editorial Gedisa un hermoso libro titulado “Por qué tengo que ir a la escuela”. El libro lleva como subtítulo “Cartas a Tobías”. Explicaré por qué.Una familia está despidiendo en la estación a un familiar, reconocido pedagogo alemán llamado Harmunt Von Hentig. El niño, que se llama Tobías, se muestra revoltoso y agitado, se tira al suelo para ver los frenos del tren, no para quieto un momento. La madre, un tanto irritada, le dice:- Ya está bien. Ganas tengo de que empiece la escuela.El niño se pone de pie y formula esta pregunta a los padres:- ¿Por qué tengo que ir a la escuela?El tren está arrancando, de modo que el tío, que ha escuchado la pregunta, le dice al sobrino, mientras agita la mano en son de despedida:- Yo te voy a contestar a esa pregunta.El tren se va, la madre sigue reconviniendo al niño mientras regresan a casa. Y el tío le envía a su nieto Tobías 26 cartas en las que le explica cuáles son los motivos por los que tiene que ir a la escuela. Se trata de relatos breves y sugerentes que empiezan explicando por qué en la experiencia de su tío fue importante acudir a la escuela. Todas van dirigidas a Tobías. Y todas las firma su tío Harmunt. “Mis cartas os pueden ser útiles –le dice en la primera de ellas-, sobre todo si las leéis todos juntos. Se lo propondré a tus padres. Pero son tus cartas; cuando hayas leído la segunda o la tercera carta, decide tú cómo quieres hacerlo”.Este libro, que puede ser leído por padres, profesores y alumnos, es una invitación a reflexionar sobre el sentido de la escuela y sobre la forma en que la escuela puede convertirse en una institución creativa que verdaderamente ayude a responder a la curiosidad innata de los seres humanos por aprender.La escuela no está ahí como caída del cielo. Hacemos la escuela entre todos. Se lo dice Von Hentig a su sobrino. Puede ser que la escuela a la que vas –viene a decir- tenga cosas que no te gusten, pero tú puedes contribuir a cambiarlas, a mejorarlas. Hacemos la esuela cada día con nuestro trabajo, nuestras actitudes y nuestras relaciones con los demás. No es producto que3 venga manufacturado y que no podamos tocar sino que es, en buena medida, lo que nosotros queramos que sea.La exclamación del niño nos pone a todos y a todas contra las cuerdas. ¿Por qué este niño, que está empezando a vivir, quiere hacerse de repente un viejo? ¿Cómo puede dejarnos indiferentes su rechazo, sin preguntarnos qué pasa con su terrible experiencia, con su dolor cotidiano? Porque, aunque él no quiera, tiene que ir a la escuela cada día, de modo que una tarea apasionante como aprender se puede convertir en una condena a trabajos forzados.¿Cómo no estimularnos para hacer de la escuela un lugar soñado de aprendizajes relevantes y de encuentros enriquecedores? ¿Cómo no comprometernos en hacer una escuela donde todos y cada uno de los alumnos y de las alumnas puedan encontrarse con quienes van a guiarlos amorosa y exigentemente hacia cotas elevadas de saber y de felicidad? Ya sé que estudiar es a veces arduo y difícil, pero no es igual para hacerlo tener una disposición emocional positiva hacia al aprendizaje que desear tener canas para quedarse en casa viendo la televisión.
March 20 2010, 6:42am | Comments »
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