Excerto da crónica de Miguel Santos Guerra. Onde se fala da autoridade e do regresso dos estrados para a outorgar.Sé que muchos profesores y profesoras están viviendo momentos difíciles en las aulas. Hay, por parte de algunos alumnos y alumnas, buenas dosis de chulería, displicencia, caradura, insolencia, agresión y pasotismo. La familia, que es un pilar insustituible del edificio educativo, mira para otra parte o se enfrenta abiertamente con quien pretende imponer una autoridad sin la cual no hay aprendizaje. La inspección es proclive a respaldar las quejas de algunos padres que protestan airadamente. No es fácil. Hay que hacer algo. Pero no precisamente lo que propone doña Esperanza.La palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer. Creo que tiene autoridad aquella persona que ayuda a los demás a desarrollarse. Quien aplasta, oprime, castiga, silencia y humilla, sólo tiene poder.Los profesores deben tener autoridad. Y esa autoridad dimana del respeto que merece la tarea que se realiza. Dice Rosario Ortega en un reciente artículo titulado “Autoridad docente y tarimas” que “la tarea de enseñar requiere el reconocimiento del valor de lo enseñado y ese reconocimiento lo otorga, de forma voluntaria y feliz el que cuando está aprendiendo siente, en el día a día, que lo que aprende es valioso, interesante y le hace crecer y ser mejor. La tarea de la educación requiere el reconocimiento mutuo –profesor/alumno- de que lo que se tiene en común es algo importante y valioso, personal y socialmente, algo que merece la pena ser protegido”.La autoridad se gana, se conquista con aquello que se hace, con aquello que se siente, con aquello que se es. Deberíamos hacer más hincapié, para fortalecer la autoridad, en cuidar el marco de relaciones interpersonales entre los docentes, potenciar la tarea de equipo (y no encogerse de hombros ante los problemas de los compañeros y de las compañeras), mejorar nuestro autoconcepto, aprender a dialogar, ser un ejemplo vivo de convivencia, amar la profesión y a los alumnos y alumnas, diseñar de manera original y creativa las clases, tener metodologías motivadoras, hacer una evaluación encaminada al aprendizaje, crear un clima de exigencia, respeto y confianza.La familia desempeña un papel fundamental. Tiene que colaborar de forma sincera y comprometida en la tarea de la escuela, participar en la elaboración y el desarrollo del proyecto educativo, dialogar con el profesorado, respaldar sus justas decisiones, exigir a sus hijos e hijas el debido respeto a quien tiene el deber y el derecho de educar. Sin la familia, es imposible.Y la sociedad tiene que tratar dignamente a los profesores porque realizan una función esencial para la mejora de las personas y de las sociedades. ”La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe”, dice Herbert Wells.Los docentes no deben ser víctimas de los alumnos. La educabilidad se rompe cuando esto sucede. Nadie tiene que ser víctima de nadie. Pero los profesores no deben ser autoridades públicas investidas de ese poder por la ley como si no tuvieran por sí mismos. Los docentes tienen que ser la encarnación misma de la autoridad moral y del espíritu cívico en una sociedad democrática Tienen que ser capaces de dar la respuesta educativa que necesita la sociedad. Sólo así serán autoridad.Texto integral
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Da Autoridade e dos Estrados
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